domingo, 24 de abril de 2011

Resultados electorales 1.2

Gracias por sus comentarios en la publicación de “Resultados Electorales”.

Es muy triste ver la situación política de nuestro Perú.  Es muy triste leer que muchos piensan que sólo pueden elegir entre el cáncer o el sida para la segunda vuelta electoral.  Muchos no tenemos claro por que candidato vamos a votar o que haremos con nuestro voto, pero veo que muchos lo tienen más claro.

Hay personas que tienen su voto claro.  Quieren votar por el cambio completo, desde la raíz, con la esperanza de que con una nueva cara e ideología en el gobierno las cosas serán diferentes (sí que lo serán) y que también serán mejores.  Pienso que hay ideologías que son utopías, que funcionan sólo en los libros y quizá en algunos estados donde finalmente no se tiene libertad.  Claramente ahora lo podemos ver.  Eso de todo es de todos y todos podemos coger lo del vecino porque todo tiene que ser equitativo para todos nos quita nuestra propia libertad, nuestro deseo de superación, nuestro deseo de competir porque finalmente no importa lo que hagamos, cobraremos el mismo sueldo que el vecino, tendremos la misma casa, comida, libertades y limitaciones.

La otra alternativa electoral, pues que decir, yo no la tengo clara.  ¿Será cierto que ahora tenga cierta autonomía?  ¿Será cierto que será la que gobierne al Perú? o, ¿será una pantalla para que otra persona gobierne?  Muchas preguntas y también que infunden miedo o temor a lo que se viene.

Es triste ver, como dice Tito, que la mejor opción sería viciar el voto, porque ningún candidato es nuestro ideal.
Por otro lado, como dice “La Digna del Ovalo Higuereta” los candidatos deberían ofrecernos planes reales para gobernar nuestro país.  No nos deberíamos quedar tranquilos con los candidatos que no responden correctamente, o evaden respuestas o sólo atacan al contrario.  ¡Queremos buenas propuestas, queremos ver como el Perú sigue mejorando!  Luego están las personas con determinada influencia social, por ser un Premio Nobel o simplemente por ser algún periodista o salir en la televisión.  Cada uno tiene un motivo personal, de convicción, de rechazo, de rabia para apoyar a uno e intentar destruir al otro.  Pero no nos guiemos de esos comentarios.  Tengamos nuestra mente alerta para evaluar lo que pensamos es la mejor alternativa para el Perú y los peruanos.
Como dice Fanny, debería de ser una fiesta nacional el hecho de participar en las elecciones, de ejercer nuestro derecho para elegir a nuestros gobernantes.  Enseñar a nuestros hijos con civismo que es un día importante.
Y según el último comentario, QUE VIVA EL PERÚ!

Para los que vivimos fuera, vemos Perú mucho mejor que antes.  En mi caso personal, yo vine a vivir a España a finales del 2005, pude regresar de visita en el 2008.  Los cambios que se veían eran impresionantes.  Era una alegría ver como muchas cosas habían mejorado.  Luego al escuchar comentarios de amigos y familiares, escuchando que ahora es más accesible comprarse un departamento o casa para vivir, que aunque todos trabajan como antes, ahora se tiene mayor poder adquisitivo, mejor calidad de vida.
Quizá desde dentro y teniendo siempre que convivir con el tráfico, sobrevivir a las obras y la falta de seguridad no perciben el crecimiento real de Perú.
Realmente espero que este crecimiento no se detenga, que continúe.

Que en la segunda vuelta gane, realmente el mejor y lo dicho, nos vemos el 5 de junio en la mesa de votación.

domingo, 17 de abril de 2011

Resultados electorales

El Domingo 10 de abril del 2011 se realizaron las elecciones Presidenciales, del Congreso de la República y de los representantes a la Comunidad Andina en Perú y para todos los peruanos.

Según la ley peruana votar es derecho y un deber.  Es el derecho y deber que tenemos todos los peruanos de elegir a nuestros gobernantes y de tomar parte en otras decisiones importantes para el país.  Este es un deber de carácter obligatorio.

Para estas elecciones me ha tocado ser presidenta de mi mesa de votación.  A pesar que eso significaba estar todo el domingo en el lugar de votación, con el stress y agotamiento propio de un día tan especial, me gustaba mucho la idea y esperaba ese día con mucha ilusión.  De toda experiencia siempre tenemos algo que aprender, conocer y disfrutar.
Una semana antes tuvimos un cursillo de formación.  Estuvo bastante bien.  Hay cosas que uno las sabe o asume como votante, pero para ser miembro de mesa era mejor tener las cosas claras.  Era una responsabilidad que realmente quería cumplir de la mejor manera posible.
Vi con mucha alegría que en Aragón hay muchos peruanos, somos casi unos 1500 inscritos.  De pronto te sientes un poco más cerca del Perú, de su gente, de sus costumbres, de su idiosincrasia.  Aunque como decía en la publicación anterior, con la distancia idealizas los recuerdos de las personas, de tu país porque les tienes cariño, pero al verlo otra vez a los ojos recuerdas que todos tenemos defectos y virtudes, claro.

La jornada electoral transcurrió bastante bien y tranquila, algunos momentos mejores, otros un poco aburridos y otros que te volvías un poco (más) loca.  No faltaron los miembros de mesa que no llegaron oportunamente, pero pretendían librarse de la multa.  Una, la miembro de mesa titular que faltaba, diciendo de malas maneras que no le interesaba pagar la multa “yo siempre pago multa” por no quedarse y cumplir con su deber cívico.  Y el otro suplente, que llegó a su hora (a la de él personal) pretendiendo con una sonrisa simpática que le diéramos los papeles para firmar, al mejor estilo “apurao” y para no tener problemas.  ¡No señores!  No aceptamos más al criollazo.  Todos estamos aquí por sorteo.  Ninguno hemos elegido la opción de ser miembro de mesa y de disfrutar o perder, según sea el caso, un domingo así.  Pero nos ha tocado y es lo que hay.  Además como decía una amiga G.A. “Para hacer patria hay que sufrir un poquito y si los niños ven que te quejas, aprenden y hay que enseñarles a que hay que hacer pequeños sacrificios en pro de la comunidad”.  Ella, G.A., no fue miembro de mesa, ella sí eligió pasar su domingo así.  Ella era personera o representante de un partido y tenía que estar todo el día hasta que se cierren todas las mesas que tenía a su cargo, controlando que las elecciones se realicen de manera justa.

Luego de ver pasar muchas caras, situaciones, experiencias, llegaron por fin las cuatro de la tarde.  Hora de cerrar las mesas de votación y empezar el conteo de votos y ver los resultados.  ¡Qué curiosidad!  ¡Qué nervios!
En mi mesa estábamos bastante bien organizados.  Teníamos todo muy preparado.  Rápidamente pusimos las reglas de los votos que consideraríamos como válidos y como nulos, según el cursillo que habíamos llevado y que se aplicaría a todos los candidatos de igual manera.  Es obvio, claro!

Pero de pronto aparece una mujer, apurada ella, diciéndonos que le tocaba votar en nuestra mesa y que había escuchado que era hasta las cinco de la tarde y que venía a votar.  “Ya es muy tarde señora, era sólo hasta las cuatro, la mesa está cerrada, esa información no es correcta”.  ¡Otra criollaza!

Nos tomó poco más de dos horas tener todo organizado, votos contados, actas llenas, rellenas, selladas y firmadas.  Todo listo para entregar al representante consular y poder irnos a casa, satisfechos.

Los resultados podríamos decir que bien.  En mi mesa no ganó el candidato por el que yo voté, pero bueno, podemos decir que estuvo bien.
Sin importar mucho los resultados, estaba claro que habría una segunda vuelta y que tendríamos que repetir mesa en unas semanas, aunque entendemos será más fácil con sólo dos candidatos.

En los días previos a las elecciones todos hemos estado bombardeados de propaganda electoral, a favor de… en contra de… Esta información no sólo venía directamente de los propios partidos políticos y candidatos, o quizá sí.  La propaganda venía a través del Facebook y demás redes sociales por las cuales recibíamos muchísima información y opiniones sobre los candidatos, planes de gobierno, alianzas, etc.  Muchas personas han opinado abiertamente por quien habría que votar y además por quien sería mejor no votar, dando claramente su opinión personal por uno u otro candidato.
Ahora y luego de saber quienes son los candidatos que pasaron a la segunda vuelta, considero que los resultados electorales son peor de lo que podrían ser.  Y no lo digo por los dos candidatos que han quedado aún en carrera.  Tengo que reconocer que estos resultados son un claro reflejo de la opinión de la mayoría de peruanos y como tal hay que respetarlo.  También que los peruanos olvidamos rápido a los antiguos gobernantes, pero si te convenció algún discurso, seguramente votaste por ese candidato y lo hemos visto en los resultados de esta primera vuelta.

En principio, tengo que reconocer que no creo en la política ni en los políticos.  Es verdad que muchos se hacen políticos para vivir de una manera diferente.  Tenemos que aceptar que muchos nos ofrecen lo que, como votantes queremos escuchar para ganar nuestro voto, pero una vez que ganan el puesto, sólo se mantienen ahí hasta las siguientes elecciones, disfrutando de lo que este trabajo les ofrece a ellos mismos y a su entorno.  Que no todos se hacen políticos por ideología real, por intentar trabajar por su país, por mejorar, por sacarlo adelante.  Hay excepciones importantes en esta opinión, pero es una opinión personal y general de la clase política.

A lo que iba referente a los resultados, electorales, es por los diferentes comentarios y artículos más basados en el racismo que otra cosa.  Es verdad que nuestra sociedad peruana tiene muy dentro el tema del racismo, el blanco contra el cholo, el cholo contra el chino, el chino contra el negro.  Finalmente unos contra otros.
Pero ahora que leo tantos comentarios, he recordado este defecto de mi sociedad.  Me da pena ver que mi país se esté dividiendo de esa manera y por este motivo.

Yo sigo sin saber por quien votar en la segunda vuelta.
Tengo mis opiniones personales en contra de los dos candidatos.  Ninguno de los dos, hasta ahora me logra convencer ni un poco como para ganar mi voto.  Pero esta decisión no tiene nada que ver por su raza, color.  Es algo que realmente no me importa.  El Perú es un país multiracial, de mestizos.  Muchos peruanos somos mestizos.  Muchos tenemos y disfrutamos de una segunda nacionalidad.  Pero ¿Por qué tendríamos que negar esta oportunidad en nuestra vida?  ¿Por qué la tendríamos que rechazar?  ¿Hacerlo diría de nosotros que somos mejores personas o mejores peruanos?  Yo me considero muy peruana, aunque no tenga un apellido autóctono o mi piel sea más clara que la mayoría.

Me parece que algún candidato quiere ganar votos de los peruanos “olvidados y marginados” por las clases capitalistas a base de recordarle que todos sus males y necesidades son porque los ricos son ricos y no comparten su riqueza con ellos.  Yo no me considero de la clase rica del Perú y tampoco de los peruanos olvidados.  Pero si soy consciente que para tener más de lo que tengo, tengo que formarme, estudiar y trabajar.  Tengo que agradecer las posibilidades que tuve para estudiar y formarme.  Es cierto, pero tampoco me pueden decir que soy mejor o peor persona por haber tenido esta oportunidad y haber llevado mi vida de una u otra manera.  En el Perú la educación es gratuita, es un derecho que tenemos según nuestra Constitución Política.  Es verdad que la calidad de educación puede (o es) mejor o peor según que colegio estudies, pero eso es así, en todas partes del mundo.  Si vas a un colegio público tienes un nivel de educación inferior que si vas a un colegio privado que te enseñan tres idiomas y más.
Por otro lado, para que existan y se creen puestos de trabajo alguien tiene que haber tenido una idea de negocio, tiene que haber invertido su dinero, ilusiones y haber arriesgado para hacer empresa, para que otras personas tengamos un puesto de trabajo.  Un empresario no puede tener empresa si no tiene las personas que trabajen y gestionen su negocio.  Es un círculo de dependencia, todos nos necesitamos para salir adelante.

No siempre el que tiene más dinero abusa.  Gente hay de todo en todas partes.  El que tiene y abusa del que no tiene.  Así como el que no tiene (tanto) y vive buscando que otros se lo den al mínimo esfuerzo posible.
También estamos los que trabajamos cada día por tener las cosas que deseamos y nos cuesta mucho esfuerzo a lo largo de la vida.

Para decidir por quien votaré, me importan más sus valores personales, familiares, sus antecedentes, su ideología política.  Tenemos que votar por un plan de gobierno adecuado para nuestro país.  Por el equipo político que no detendrá todo lo que el Perú y su gente vienen avanzando desde hace unos años.  No podemos detener ese progreso ni menos plantearnos un retroceso.  Pero lo más importante es que no podemos permitir que se divida (más) nuestro país por el color de piel.
Tengo claro que para ser buena persona no tengo que mirar la cara, ni los rasgos faciales ni nada.  Tengo que ver a la persona a los ojos, hablar con ella y conocerla.  Es la única manera que tengo para saber si puedo confiar o no en alguna persona.

No les sugeriré por quien votar o por quien no.  Sólo les puedo decir que piensen bien su voto.  Que sea un voto a consciencia por el bien del Perú, pero no basado en la raza del candidato, si no en su plan de gobierno, que esperamos luego lo cumpla.
Nos vemos otra vez el 5 de junio en la segunda vuelta, que repetiré con mucha ilusión.

domingo, 10 de abril de 2011

Sentimientos a la distancia

Hace unos años, al tomar la decisión de iniciar una nueva etapa en nuestra vida e ir fuera de Perú, analizamos muchas cosas.  Analizamos la situación en la que vivíamos, las posibilidades de mejora, los planes a futuro, posibilidades para los chicos y tantas otras cosas más.  Todos los puntos que analizamos y evaluamos para tomar esta decisión siempre estaban más relacionados a las alternativas de mejoras económicas, calidad de vida, más posibilidades para los chicos, etc.

Pero y ¿Sobre nuestros sentimientos?  ¿En que momento nos detuvimos a pensar como afectaría esta nueva vida a nuestros sentimientos y emociones?

Durante esta etapa he aprendido a valorar otras cosas de la vida, de las personas, de los sentimientos.

Mientras estás en tu mundo, con tu familia y amigos de siempre, en tu “burbuja” tus necesidades emocionales se pueden cubrir fácilmente.  Tienes tanta gente a tu alrededor, a quien llamar, buscar, compartir un buen rato, que a veces no lo valoras realmente.   Tienes la posibilidad de compartir con tu gente aquellos momentos felices, tristes, difíciles.  Simplemente vas compartiendo tus momentos, tu vida sin ser consciente que lo estás haciendo.

Cuando ya estás lejos, además de tantas nuevas experiencias y vivencias, tus sentimientos cambian.  Tus sentimientos se empiezan a desarrollar de manera diferente.  Como persona maduramos. No diré que maduré (o estoy madurando) más que si nos hubiéramos quedado en Perú, en casa, pero sí tengo que decir que mis sentimientos han madurado considerablemente.

Estamos de acuerdo que compartir los momentos felices y lo logros personales es muy fácil.  Ahora con los avances tecnológicos, con internet, con la posibilidad de hacer video llamadas, mandar fotos distancia y aprovechando todo lo que la tecnología nos ofrece, física se acorta.  Aunque un virtual podría está bien, nunca podrá superar a un buen abrazo personal, pero viendo lo que hay, nos sentimos cerca.
Tenemos que reconocer que compartir las alegrías, a pesar de la distancia física es más fácil.  Compartir un nacimiento, un matrimonio, una graduación, una meta alcanzada la podemos celebrar estemos donde estemos, compartiremos la felicidad, la alegría, igual con cierta pena de no poder estar “en persona”, pero felices por nuestra familia y amigos.  ¿Cuántas veces hemos levantado una copa de vino o una cerveza por algún logro de alguien al otro lado del mundo y hemos sentido un poco su felicidad?  Es un poco más fácil compartir las alegrías a la distancia.

También están los momentos tristes, difíciles, los problemas de las demás personas y los nuestros propios.
A la distancia, cuando escuchamos una mala noticia, tenemos a magnificarla.  Al no conocer los datos completos o ver las caras o escuchar todo de primera voz, empezamos a pensar que pasó, cómo así, cuándo, etc., etc.
Es difícil compartir una mala noticia desde lejos pues lo que quieres es tener a esa persona cerca para darle un abrazo y decirle que tu corazón está contigo, compartiendo, acompañando, consolando.  Pero físicamente no se puede.  Entonces la distancia física se ha más grande de lo que normalmente es.
Es duro tener que esperar noticias en silencio, por intentar no invadir su espacio, su privacidad, su intimidad.  Pero tú estás lejos y sólo quieras noticias para encontrar la paz, la tranquilidad.

Cuando los problemas o dificultades son nuestros, pasa igual.  Esperas quizá el hombro de alguna persona que está lejos o que piensas que sería la que te entendería, te daría el mejor consejo o te sacudiría hasta reaccionar, pero tampoco lo tenemos.  Aprendemos a arrugar el corazón y seguir adelante.
Esto de arrugar el corazón y seguir adelante nos cambia los sentimientos de dependencia, nos hace hacernos más fuertes para levantarnos cada día a pesar de los malos momentos.

Hace algún tiempo en una conversación de sobre mesa, hablábamos que al vivir lejos de la familia nuestros sentimientos se vuelven, de alguna manera más duros porque exiges a otros a la medida de como la vida te ha exigido a ti y te ha ido formando a la distancia.  Hemos aprendido a alcanzar metas por nosotros mismos, a llorar solos cuando toca y a veces a celebrar sin alguna persona que quisiéramos tener cerca, pero es lo que toca.  Es el camino que en algún momento decidimos tomar, la vida que quisimos tener.

Por otro lado y esto es de esas frases que alguna vez te dicen y se te quedan para siempre en la memoria como escuela de la vida: “Cuando estás lejos idealizas a las personas, te olvidas que tienen defectos, sólo recuerdas sus virtudes, las cosas buenas”.  Claro, estamos hablando de una persona con la que simpatizas.  Igual si fuese una con la que no simpatizas del todo, la frase sería al contrario, recordarías sólo los defectos y errores.
A veces que nos olvidamos que todos tenemos defectos, nuestras que nos hacen ser “así” como somos.  A la distancia, a veces nos equivocamos poniendo en altares creados de recuerdos idealizados a personas que hasta que no las volvemos a ver a la cara, no las reconocemos así como son en realidad.  Ni mejores ni peores… así como son.

Al estar en tu entorno habitual, en tu “burbuja” hay mucha gente con la que te llevas bien, mal o peor, la gente de tu vida.  Con las que te llevas bien es fácil seguir manteniendo una comunicación, relación.  Existen sentimientos curtidos con los años que muchas veces son muy fuertes y soportan los distanciamientos físicos, porque los corazones están unidos a pesar que no haya una comunicación diaria o frecuente, siempre están “interconectados”.  Aunque en algunas ocasiones y a pesar de no estar cerca, se crea, por unos, por otros o por terceros un distanciamiento emocional, que es más fuerte y peligroso que el distanciamiento físico, y hace que esta relación se enfríe.  Ya el tiempo dirá lo que tenga que decir.

Con las personas que no tienes una relación buena, que no necesariamente tiene que ser mala.  Ya veces ni te acuerdas porque no la tratas o que pasó su momento para estar así.  Simplemente se enfrió la relación (familiar, amical, etc.) y ahí quedó. 
A la distancia aprendes a valorar otras cosas, otras señales y empiezas a conocer y reconocer a muchas de las personas que tenías como satélites dando vueltas alrededor de tu vida.  Personas que se acercaban y alejaban e igualmente tú de ellas, pero que quizá no afectaban a tu vida diaria.
Entonces empiezas un nuevo filtro y te das cuenta, como siempre digo, quién es realmente tu gente y quien no lo es.  Que satélites puedes rescatar para la vida, para cada día, para una buena conversación y cuales otros los dejarás dando vueltas sin temor a que se alejen de ti.

A la distancia mis sentimientos ahora son diferentes.  Guardo muy buenos recuerdos de muchas personas.  Reconozco mejor quienes son mi gente de verdad y están cerca emocionalmente.  He recuperado viejas relaciones familiares y amicales que siempre estuvieron ahí, pero no las veía y mantengo  muy buenas amistades. 

miércoles, 30 de marzo de 2011

Plutón y los trámites

Como les había contado en alguna publicación anterior, a mi me gusta mucho, todo lo relacionado con la leída de cartas, cartas astrales, energía y demás.  Son cosas que no rigen mi vida, de ninguna manera, pero me da muchísima curiosidad ver como te pueden decir algo de tu pasado que sea verdad o que te puedan decir algo del futuro, que tú no controles, pero que finalmente pase. Es muy interesante.

Resulta que hace casi 10 años, cuando me hicieron e interpretaron mi primera (y única) carta astral, entre muchas cosas que me dijeron, me informaron que según mi constelación (y otros términos que ya no recuerdo claramente), Plutón estaba presente en el momento de mi nacimiento.
¿Plutón? Pensé yo, el último planeta del sistema planetario solar, que ya ahora mismo, dicen que ni es planeta.
Intentaba imaginar que relación o efecto podría tener Plutón en mi vida. ¿Qué me podía pasar si Plutón estuvo “ahí” en el momento exacto de mi nacimiento?   Me explicaron que aunque tenía “muy buena estrella”, durante mi vida sentiría constantemente la presencia de Plutón.  Lo sentiría en las cosas que decidiera hacer, me costaría mucho conseguirlas, habrían pequeñas cosas que se interpondrían siempre en el proceso, siempre con obstáculos e inconvenientes, pero que gracias a la “buena estrella” al final siempre saldría bien, con buenos resultados, aunque un poco agotada del stress y esfuerzo. 

Miré un poco hacia atrás intentando comprobar si podría ser verdad lo que me decía. Sí! era verdad.  Con el pasar del tiempo he tomado más en cuenta la existencia y presencia de Plutón y en mi vida.  Y tengo que dar razón a aquella interpretación de mi carta astral.

A modo de anécdota les contaré algunas de mis últimas experiencias con mi querido Plutón.  Ya al final, sacarán sus propias conclusiones.

En el año 2008, cuando viajamos a Perú, me di cuenta que tanto mi DNI como mi pasaporte peruano estaban caducados.  Claro! para sacar el pasaporte tenía que tener el DNI, y para conseguir el nuevo DNI necesitaba 3 ó 4 meses y ya sólo me quedaban 3 meses justos. Así que imposible.  Entonces pensé usar únicamente mi pasaporte italiano para realizar el viaje.  Cuando lo voy a revisar este también estaba caducado!  Que horror!!  En el Consulado Italiano en Zaragoza me dicen que no tarda más 30 a 45 días tener el nuevo pasaporte.
Como estábamos a casi 3 meses, perfecto! ¿Saben cuándo recibí el pasaporte?  Lo recibí 3 días antes de viajar, pagando además un servicio Express de envío desde el Consulado de Barcelona al de Zaragoza porque si no, no llegaba.  Ahí me enteré que el 2 de junio es la Fiesta de la República Italiana, y yo viajaba el 8 de junio.  Nunca lo olvidaré.

Sigamos con algo más actual.  Desde el año pasado llevamos varios meses de trámites en diferentes oficinas e instituciones, estamos renovando nuestros documentos de residencia, pasaportes y además la inscripción de Aitana, que es un trámite completamente nuevo para nosotros.
Al nacer, Jorge la inscribió, empadronó y todo lo que le dijeron se tenía que hacer sin perder ni un día.  Le informaron que, para obtener la nacionalidad española, que ya no se concede simplemente por nacimiento, tiene que estar empadronada un año y luego ya se le otorgaría.
En principio pensamos que si nació aquí y tenemos la idea de seguir viviendo en España sería conveniente que sea española.  De todas maneras queríamos que tenga la nacionalidad peruana.  Uno nunca sabe las vueltas que da la vida, el mundo y no es bueno anular posibilidades para el futuro.

Averiguamos los requisitos para su inscripción también en el Consulado Italiano.  Así que aún estando de baja maternal fuimos al Consulado Italiano con todo preparado para inscribirla.  La chica que atendía nos comentó que si la inscribíamos sin tener algún otro documento o nacionalidad era muy probable que la inscribieran con los dos apellidos de Jorge y de cualquier manera.  Es decir, según el gusto y criterio del funcionario a cargo.  Nos sugirió que primero la hagamos española o peruana y luego con su documento ya hagamos el trámite y así evitaríamos cualquier enredo posterior de nombres, apellidos o cosas así.   La explicación y sugerencia totalmente válida.  Esperamos entonces.

Como teníamos que esperar que pasara ese primer año de residencia y visto que la inscripción italiana dependería de cualquier otra, decidimos adelantar y solicitar su inscripción en el Consulado Peruano en Barcelona.  Nos preparamos, sacamos la cita con anticipación, preparamos los documentos y nos fuimos a Barcelona.
Contactamos al señor que nos tenía que atender, le entregamos los documentos y nos mira y dice “¿Están seguros que la quieren hacer peruana?  ¡Qué luego tendrán problemas para hacerla española!”  Al principio, no le hicimos mucho caso y seguimos con el trámite.  Recogió los papeles y se fue.  Al rato regresó y dice “Todavía no he hecho nada.  ¿Están seguros que la quieren hacer peruana sin tener aún la nacionalidad española?”  Tanto insistió e insistió que al final le pedimos nos explicara y nos comentó los posibles problemas que tendríamos y que nos convenía esperar hasta que tenga la nacionalidad española y luego regresar por la peruana, que finalmente no había ningún problema en solicitarla más tarde, hasta antes que cumpla 18 años.  Así fue, recogimos nuestros documentos, formularios, fotos, etc. y salimos del Consulado tal como llegamos.  Aprovechamos el viajecito a Barcelona para comer por ahí, pasear un poco y coger el camino de regreso a casa de 4 horas.

Dadas las explicaciones de ambos consulados, decidimos esperar que pasara el año, que le concedan la nacionalidad española y luego continuar con los demás trámites.

Un mes antes de que se cumpliera el año de residencia, busqué los requisitos para sacar los papeles españoles de Aitana e ir preparándolos con anticipación.  El único requisito a solicitar era un certificado de nacimiento que diga “emitido para trámite de DNI”.   Yo pensé, eso sí que es fácil, eso sí que podemos conseguir!  Mi alegría e idea de que todo estaba camino a resolverse duró poco.
Me fui a la oficina de los Registros Civiles y la funcionaria me dijo que no me darían un certificado para DNI, porque Aitana no era española.  Le dije que lo sabía pero que quería sacarle ya sus papeles para que sea española.  Me preguntó si ya tenía el año de residencia.  Le enseñé el empadronamiento demostrándole que ya faltaba menos de un mes para que se cumpliera y que estaba adelantando los documentos para el día que vaya a la policía a tramitar su DNI y pasaporte.  La funcionaria revisó todo y resolvió diciendo que no me darían el certificado porque no había hecho aún la solicitud de nacionalidad española para Aitana.  Además me comentó que sería más rápido esperar que le otorguen primero la nacionalidad a Jorge, que recién la había solicitado y que él la pidiera para Aitana, que hacer el trámite para ella misma.
Me explicó que era “un año de residencia legal”.  Es decir, que Aitana tenía que tener una tarjeta de residencia, como cualquier extranjero y al cumplir un año de residencia legal, recién podríamos solicitar su nacionalidad española, que tarda unos 2 años más aproximadamente.
Oh no! Habíamos esperamos casi un año, habíamos intentado inscribirla en los dos Consulados posibles y al final habíamos perdido un año!
Y no sé si se han dado cuenta, pero Aitana estaba a punto de cumplir un año, y hasta ese momento era “ciudadana del mundo”. No tenía documentos de ningún lado, de ningún país, estaba de ilegal en España, era una “sin pa” (sin papeles) a pesar de los intentos y esfuerzos en hacerla legal.

Al final y ya un poco desanimados con todos los trámites truncos, decidimos empezar otra vez por el Consulado Peruano.  Sacamos nuevamente la cita y nos fuimos a Barcelona.  Finalmente salimos felices con la partida de nacimiento y el justificante del pasaporte peruano, que sólo había que esperar un mes para recibirlo en casa.  Ya se veía, por fin, el inicio del camino a la legalidad.

Luego de poco más de un mes, recibimos el pasaporte peruano, solicitamos la residencia legal, pero al ser peruana y ser su primera solicitud, el trámite dura unos 5 meses en total.  La próxima semana debería estar ya, finalmente, su tarjeta de residencia lista para recogerla en la policía.

Paralelo, en noviembre nos fuimos al Vice-Consulado Italiano en Zaragoza.  Presentamos todos los requisitos y nos dijeron que en 45 a 60 días estaría la ciudadanía italiana lista y que podríamos solicitar su pasaporte italiano.  Ya han pasado unos 120 días, es decir unos 4 meses y aún no tiene la nacionalidad italiana concedida.  Cada vez que pregunto, la respuesta es “déjame revisar la última lista… (silencio o sólo ruido de ratón click click)… no! En esta lista no está.  Llámame otra vez en unos 15 o 20 días más para revisar la siguiente lista”.
A mediados de febrero recibí un mail del Consulado Italiano en Barcelona, al que corresponde el Vice-Consulado de Zaragoza, pidiéndome que enviara mi certificado de matrimonio.  Me llamó la atención porque al casarnos en 2005 presentamos todos los documentos para registrar el matrimonio en el Consulado Italiano en Lima.  Por suerte, tenía el resguardo de todo lo que había presentado en Lima para la inscripción y lo envié por mail.
Logré ponerme en contacto con el Vice-Consulado en Zaragoza, que sólo atienden 3 días a la semana 3 horas cada día y mientras atienden a alguna persona, no contestan el teléfono, para consultar sobre la inscripción de Aitana y por qué me habían pedido el certificado de matrimonio.  Me explicaron que era imprescindible estar casada conceder la nacionalidad italiana a mi hija.
Aunque la persona que atiende en el Vice-Consulado es amable, también es un poco seria y no me pude contener la risa, asumiendo que era una broma, esto de tener que estar casada para la nacionalidad a los hijos, si casada o no, es hija mía y punto. 
Le pregunté, como para continuar su broma, ¿Qué pasaría si no estuviera casada?  Ella cambió su tono, entre sorprendida y preocupada y me dice “Si no estás casada no le darán la ciudadanía italiana a tu hija”.  ¡¿Qué?!  ¿En qué tiempo estamos?  Insistí ya más sería, pues aunque yo estoy casada, estoy segura que hay mucha gente que no lo está, tiene hijos y quiere darle su nacionalidad a su hijo.  Me explicó que para poder inscribir a un hijo hay que estar casado, pero que si no estaría casada simplemente tendría que firmar una declaración jurada indicando que este hijo es fuera del matrimonio.  Me quedé de una pieza. 
Ahora, seguimos con paciencia esperando noticias de los trámites de Aitana.

Y ya lo más reciente, es que hemos tenido que renovar el pasaporte italiano de Alberto.  Así que otra vez al Vice-Consulado Italiano con todos los requisitos, fotos, todo en original más 3 fotocopias y un sobre “amarillo y pre-pagado” de Correos que sólo lo venden en una oficina de correos porque ya no se vende. Una vez ahí, la señora me pregunta “¿No habrás traído el documento de defunción del padre?”  Y yo con una sonrisa radiante le digo que sí, pero no porque me lo había pedido, sino porque al salir de casa, mi sexto sentido o buena estrella me hizo cogerlo pensando “no será que me lo piden”.  Luego ella me indicó que tenía que ir a un banco a pagar el derecho de pasaporte y ya que iba que aproveche en sacar las 3 fotocopias del certificado de defunción y de mis documentos (que tampoco había pedido).  Nos sugirió que vayamos al Corte Inglés que no cierra a la hora de comer.  Salimos corriendo con Alberto al banco, llovía.  Preguntamos donde podríamos sacar las fotocopias, pensando encontrar un sitio más cerca.  Nos indicaron un lugar, pasamos pero ya estaba cerrado.  Claro! ya casi eran las dos de la tarde, es normal.  Nos apuramos en ir al Corte Inglés y corriendo llegamos donde estaba la fotocopiadora, esperamos nuestro turno y el dependiente nos dice “¿Fotocopias? La máquina está malograda y todavía no la vienen a reparar.”  No lo podía creer, eran ya casi las dos de la tarde y además de no tener las fotocopias, estar húmedos de la lluvia, no llegaríamos a tiempo para entregar el justificante del pago al Consulado.  Fuimos corriendo, ya sudábamos y le expliqué a la señora lo que había pasado y que no habíamos podido sacar las copias.  Le insinué si ella podría sacarlas y nos calmó diciendo que no nos preocupáramos, que las mandemos por correo o cuando pasemos por ahí, las dejemos en un sobre en el buzón.  Revisó el expediente y dijo “Bueno, eso es todo, cuando reciba las fotocopias mando todo a Barcelona y ya te llegará el pasaporte nuevo en unos 2 meses o antes”.

Entonces, ¿qué piensan ahora sobre la presencia de Plutón en mi vida?

domingo, 20 de marzo de 2011

¿Por qué escribo?

Aunque ya han pasado un par de meses desde que empecé con el blog, cada día me sorprendo a ver cuantas visitas hay.  Estoy sorprendida, agradecida, emociona.
Sorprendida porque no pensé que un blog sobre mi vida, experiencias, anécdotas o pensamientos puedan gustar e interesar a tantas personas.  Agradecida y emocionada por ver que hay personas en muchísimos países del mundo que me leen.  Hasta en algunos países en los que no estoy del todo segura si conozco a alguien.  Es increíble.
Me encanta recibir además sus comentarios a las diferentes publicaciones.

Me pongo a pensar en que necesidad tengo de escribir, en hacer, de alguna manera, pública mi vida y la de mi familia, de ir contando mis pensamientos, sentimientos, deseos, sueños, anécdotas y más.
Luego pienso que ya el hecho de vivir la vida la hace tácitamente pública y que por otro lado no tengo mucho que no quisiera que se haga público.  Claro que igual guardo mis secretos.

Mis primeros recuerdos de escribir vienen desde que era pequeña y adolescente.  Durante varios años tuve un diario en el cual iba dejando todas mis experiencias, sensaciones, sentimientos, ideas, planes, sueños, deseos, frustraciones, tristezas.  Al escribir era como una tormenta de palabras que se alocaban por salir, atascadas en la salida que eran mis manos que además era como si mis manos escribieran solas.  Las letras, las palabras fluían y fluían.  Era como si mi alma se saliera de mi cuerpo y viera todo desde otro nivel. Expresaba todo lo que sentía pero no podía controlarlo, línea tras línea llenando libretas, cuadernos.
Luego cuando terminaba de extraña sensación, ya lo releía y entendía lo que había escrito.  Muchas veces y según que sea, hasta entendía porque me sentía de una u otra manera.  Muchas veces hasta encontraba soluciones, si se trataba de algún problema y me sentía mejor.

Ya con el tiempo, cuando deseaba algo con mucha intensidad, escribía en un trozo de papel este deseo y lo repetía muchas veces en todo lo que este trozo de papel me permitiera y así lo escribía y escribía.  Al terminar lo rompía en miles de trocitos entre plegarias y repitiendo mi deseo, esperando se haga realidad.  Tengo que reconocer que muchas veces se han cumplido estos deseos.

Durante mucho tiempo dejé de escribir.  Fue al inicio de la adultez, pienso.  Ya no tenía diarios, ni cuadernos.  Sólo en ocasiones, en situaciones muy especiales o de fuertes emociones, cogía un papel y escribía y escribía como para descargar toda la energía.  Era lo que reemplazaba a dar de saltos por todos lados o llorar y llorar para desahogarme.  Ya luego respiraba profundamente y seguía.

En el año 2000 cuando me sentí tan acompañada, reconfortada y arropada por tantísimas personas en los dos momentos más emotivos de ese año.  Un momento tan duro y difícil e inmediatamente la felicidad absoluta de tener a Alberto en mis manos.  Recuerdo que quería compartir la alegría y agradecimiento que sentía por tanto cariño, tanto apoyo.  Entonces escribía e-mails, aprovechando los avances tecnológicos, contando un poco como nos iban las cosas.

Y seguimos así, hasta el 2005 que decidimos venir a vivir a España.  Estamos lejos de la familia, de los amigos.  Sentía que teníamos que mantenerlos informados que de comos estábamos.  Sobre todo considerando que al estar lejos, los que se quedan siempre imaginan como estarán las personas que se han ido fuera para empezar una nueva vida.  Así que mis mails tuvieron nombre “mails comunitarios”, no eran más que e-mails con fotos contando nuestras aventuras.

Durante mis últimos 7 años en Lima, tuve la suerte de compartir oficina (despacho) con mi mejor amiga del colegio.  Así que si ya éramos muy buenas amigas, nos convertimos en la sombra la una de la otra o como alguna vez nos dijeron en plan broma “almas gemelas, si cae, caerá la otra”.  ¿Te acuerdas M.R-M.?  Además de trabajar (y mucho) teníamos la suerte de compartir nuestro día a día, la vida de la otra en primera persona, todas nuestras alegrías, tristezas, temores… en sí compartíamos nuestra vida.  Siempre “filosofábamos” sobre lo que deseábamos de la vida y sobre como lograrlo.  Además analizábamos mucho las experiencias ajenas.  Por ejemplo, de cómo una pareja llevaba su relación, visto desde fuera claro y decíamos “esto nunca se debe hacer, tomemos nota para nuestra vida”.  Yo hasta ahora recuerdo muchas de esas notas de “esto no debemos hacer” para no repetir o cometer errores que ya he visto cual será el resultado final.

Entonces me di cuenta que mi vida ha sido (es) realmente intensa.  Miro hacia atrás, ya con otros ojos y veo tantas cosas que he vivido en muy poco tiempo y como comento líneas anteriores, además lo que he aprendido viendo con atención a las personas de mi alrededor y eso también enseña mucho.  Si realmente quieres aprender a vivir la vida.
Sé que no soy la única a la que le pasan cosas, claro está.  Considero que en cada momento hice lo que mi instinto me dijo que tenía que hacer para seguir adelante.  Siempre hay soluciones más fáciles para todo y no siempre las más fáciles son las que al final nos traen mejores resultados.
Me di cuenta que si yo pude lograr superar momentos difíciles, sin ser ninguna “súper woman” ni tener ningún poder de súper héroe, lo podría lograr cualquier persona que pase por un momento difícil.  Quiero compartir eso, transmitir fuerza y energía y sobre todo seguridad en uno mismo, para estar seguros que dentro de uno mismo tenemos la fortaleza necesaria para salir adelante.  Es verdad que tenemos derecho a llorar nuestra pena (la que fuese), pero tenemos la obligación de recuperarnos, de luchar y salir adelante.  No le hacemos ningún favor a nadie (igual a nuestra familia sí) pero realmente la recuperación es para nosotros mismos.
Siempre he dicho que Dios es misericordioso, es bueno y nos manda lo que realmente podamos afrontar, lo que podemos aguantar.  Nunca viviremos algo con lo que no podremos seguir adelante.  Es cuestión de FE.

Al final, ahora luego de releer todo lo escrito, estoy confirmando por qué escribo.  Escribo para hacer pública mi vida, para compartirla, para que vean que todas las vidas, en diferentes tonalidades son muy parecidas.  Todos tenemos problemas, épocas difíciles, alegrías, etapas de felicidad.  Pero todos podemos aprender de nosotros mismos, de nuestras experiencias y las experiencias de las personas que están a nuestro alrededor.  No pasemos por la vida, sólo pasando por ella.  Vivamos la vida, exprimamos la vida, cada experiencia, cada cosa que nos pasa, todo es para aprender, para vivirla mejor.