lunes, 19 de octubre de 2015

Julierías – volumen 8

Recuerdo de verano: Estación de trenes de Cartagena
Después de varios meses sigo anotando ideas y reflexiones que surgen en el día a día, de esas que se te pasan por la cabeza.  Esta una forma de expresión que estoy aprendiendo  y me ha gustado mucho.  La quiero compartir.  Estas frases son mi pequeño y humilde homenaje a Las Greguerías de Ramón Gómez de la Serna, que me han inspirado.
¡A disfrutar y masticar la idea!

Recuerdo de verano
  • ·         Cuando el dinero te quita más de lo que te da.
  • ·         Eres más desagradable que una cucharada de vinagre en ayunas.
  • ·         Cuando te das cuenta del valor real de la pregunta “¿Y tú, cómo estás?”, ¿qué respondes?
  • ·         Discúlpame por tanta ausencia, pero no estoy para presencias.
  • ·         El movimiento se demuestra andando (del chef Ramsey).
  • ·         Del desamor: te deseo un insomnio lleno de recuerdos míos (de algún panel de la ruleta de la suerte).
  • ·         El dinero no cambia a las personas, te ayuda a ver lo que son en realidad.
  • ·         ¿Tenemos el privilegio de hablar con total libertad sin temor a ser juzgados y condenados?
  • ·         Dime si entiendes mi mirada o necesitas que te ponga subtítulos.
  • ·         Mantener la dignidad hasta en los peores momentos.
  • ·         Reflexión de verano 1: chupar el palito (del helado) hasta sentir el sabor a madera.
  • ·         Reflexión de verano 2: esa agradable sensación de sentir la arena tibia en los pies.
  • ·         Reflexión de verano 3: la euforia del primer día es directamente proporcional a la tristeza del último día de vacaciones.


Recuerdo del verano

viernes, 25 de septiembre de 2015

Coche en silencio

Una nueva experiencia.  Hace unos días tuve la oportunidad de viajar a Madrid desde Zaragoza y en el AVE, el tren de alta velocidad.  El viaje duró poco más de una hora.  El tren va a unos 300 km/hora.  ¡Rápido, rapidito!

Por insistencia del funcionario que me vendió el boleto, viajé en el coche en silencio, que significa que tienes que desconectar el móvil y evitar hacer cualquier tipo de ruido que pudiera incomodar al resto de pasajeros.  Mi tren salió a las siete de la mañana y había mucha gente  que, aparentemente, viajaba por negocios y para regresar el mismo día, llevaban poco equipaje y con ropa de trabajo, elegantes, en traje.

Una de mis fotos
Cada persona que iba subiendo al coche hacía lo mismo, se sentaba, sacaba la tablet o portátil y a trabajar.  Imagino que iban adelantando algo de trabajo para sus reuniones o iban enviando correos electrónicos a sus trabajadores para recordar el trabajo que tenían que hacer.  También veía a algunos que aprovechaban para ir leyendo correos electrónicos, supongo esos que vas dejando para “cuando tenga tiempo”, pero con la agitada vida que tienen, nunca llega ese momento.
Todos iban haciendo lo mismo, en silencio, encontrar su sitio, trabajar, guardar silencio y poco más.  Yo pensé que iba a ver mucha gente durmiendo, aunque el viaje es corto, podría ser suficiente para recuperar un poco el sueño perdido por coger tan pronto el tren, pero no.  ¡Todos a trabajar… y en silencio!

Una de mis fotos
Eso era para el resto de pasajeros, menos para la mujer que tenía en el asiento de delante.  Como el resto, llegó se sentó, sacó su tablet sin perder ni un minuto de tiempo, desde atrás, por la rendija entre los dos asientos, la veía ir revisando y moviendo los dedos muy rápido.  Hasta ahí, todo bien.  Pero, de pronto, sacó el móvil y empezó a hablar y hablar y hablar.  Cada vez iba subiendo más el volumen de su voz.  Se notaba que era una llamada de trabajo.  Además, debe ser su manía, pero mientras hablaba iba dando golpecitos con esos lapicitos especiales para la tablet, como los que tenemos la manía de mover el ratón (o mouse) mientras hablamos.  Ya cuando me cansé de mirar alrededor, intentar pensar en otra cosa o ya puestos, ¿por qué no dormir?, sólo escuchaba su voz y su conversación.  Así que fue necesario haberle un ligero y tímido ssshhh, se dio cuenta y entendió el mensaje.  A su interlocutora le dijo que saldría del coche de silencio  y 15 minutos después regreso en silencio.

Y yo, al ver tanto ejecutivo y dispositivo tecnológico, pensé sacar mi portátil, que la llevaba y ponerme a escribir algo para aprovechar el viaje.  Luego pensé que, aunque disponga de la tecnología, soy un poco más chapada a la antigua, así que saqué mi libreta y pluma y me puse a escribir esta historia.

Una de mis fotos
Ya tenía mis audífonos para ver la película que ofrecen en el tren.  ¿La llegaría a ver?  Pero llegados a este punto, recordé que aunque estoy aquí, sentada, con una súper sonrisa y  con mucha ilusión, haciendo algo de lo que más me gusta, sólo había dormido cuatro horas y media y me moría de sueño.  Como todavía quedaba casi una hora de viaje, intentaría dormir un poco.  ¡A ver...!


Sea como sea, viaja, sal, corre, vuela, de la manera que puedas, cada pequeña escapada rompe tu rutina, recarga tus energías y te hace sentir mejor, además de ser una experiencia más para ti.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

La fuerza de mi abuela


La mayoría de veces hablo de mi abuelo y de sus palabras y consejos llenos de sabiduría que derrochaban paciencia.  Pocas veces hablo de mi abuela, a pesar que la quise mucho y la tengo siempre en mi corazón y en mis recuerdos.  Ya dicen que si te acuerdas de una persona que ya partió, la mantienes viva.

Fuente: de las fotos del recuerdo
Esta vez les hablaré de ella, de mi Mamama Iris y de su fuerza.
No me refiero a su fuerza física, aunque yo creo que la tenía aunque le gustaba sentirse una “señorita mimada”.  Con su estrategia de aparentar fragilidad y debilidad (física), quería llamar a la atención de quien estuviera cerca para que la ayudara, así se sentía interesante y (más) querida.

Siempre recuerdo que era muy vital y alegre.  Era también muy sociable, viendo a quién podía visitar y organizando lo que sea en su casa para poder conversar con sus primas y amigas ofreciéndoles ricos manjares.

En estas aventuras nos arrastraba a todos los que estábamos cerca con la excusa de “llévame”, “acompáñame”, “ayúdame”.  Siempre te pedía que la llevaras a alguna parte, que te pudiera interesar hacer, pero según salías de su casa, te iba añadiendo destinos intermedios durante todo el camino que ya, seguramente, no te interesaban.  Si simplemente hubieras conocido su agenda, no hubieras aceptado.  Así que si saliste de casa planeado regresar en un par de horas, ¡olvídate!  Esta aventura te podía tomar toda la tarde, de casa en casa, de charla en charla y lo que dé de sí cada visita.

Otra cosa que siempre recuerdo es cuando decía que la comida se tenía que servir y ver bonita, agradable a la vista, pero nunca decía nada del sabor.  Experimentaba mucho con recetas que veía en las revistas o televisión, en esa época serían las de “Teresa Ocampo y su cocina”, buscaba las más originales y extravagantes y las preparaba.  Al final los platos le salían, pero de sabor, un poco catastrófico, pero eso sí, ¡lindos!

Otra cosa que siempre recuerdo de ella es que tenía algunas frases “antiguas” (ya para esa época).  Uno de sus dichos era un poco puñetero, no lo diré públicamente porque no quiero herir susceptibilidades, por si alguien lo había escuchado, no quiero que nadie lo recuerde. Nada de herir susceptibilidades.  Cuando era pequeña me reía mucho porque a mí me tocaba el lado positivo de la frase y me hacía sentir especial.  Pero cuando lo entendí, ¡wow con la abuela!  Yo la hubiera mandado muy lejos, sólo para empezar.


Regreso, que me pierdo muy rápido entre mis recuerdos y de eso no era lo que les iba a contar, aunque todo lo recuerdo con mucho cariño.  En fin, sigo, una de las cosas que me acuerdo durante es que mi Mamama Iris siempre afirmaba, con certeza, que no moriría hasta pasar por tres experiencias vitales para ella y después de eso, Dios se la podía llevar cuando quiera.  Las tres experiencias eran: 1º Tener un@ bisniet@, 2º Verme casada y 3º Viajar a Europa, especialmente a Santander en España, donde había nacido su padre.  Esto lo repitió durante toda su vida o por lo menos desde que yo tengo recuerdo.  Finalmente se dieron estas tres situaciones durante dos años, más o menos entre el 1996 y 1998, había completado sus tres requisitos para poder morir en paz, como ella decía.  Aunque en 1992 le descubrieron y curaron (según dijeron los médicos) un cáncer, pero en 1996 durante su

viaje a Europa, en el que visitó Santander, además de muchos otros lugares míticos en Europa.  Al parecer fue el principio del fin, no se encontraba bien, pero lo disfrutó al máximo.  Al regresar a Perú, fue al médico para que la revisaran y le diagnosticaron otro cáncer.  Tenía una fuerza increíble para luchar por intentar ganar a esta enfermedad.  Se sometió a los tratamientos que le iban recomendando, pero con una actitud que sólo por eso merecía ganar.  Durante varias semanas tenía que estar ingresada en el hospital del cáncer en Lima para recibir su quimioterapia.  Al terminar cada dosis regresaba a casa y según iban apareciendo los efectos secundarios, ella intentaba recuperar todo el tiempo “perdido” durante su estadía en el hospital.  Tenía planeado a quienes visitaría, que cosas quería hacer en su casa o ir de compras.  Algún día a la semana disponía de un carro y chofer de uno de mis tíos ponía a su disposición para hacer todas sus gestiones.  Con mentirijillas salía de casa diciendo que visitaría alguien o alguna cosa “light”, que no le generaba mucho esfuerzo físico para cuidar su salud y recuperación.  Pero al salir y subir al carro informaba al chofer que tenían un recorrido completamente diferente y que para empezar irían a Gamarra a comprar ropa.  Para los que no conocen Gamarra, es una calle que hace muchos años se hizo muy famosa (y lo es hasta ahora) porque era la zona en la que se fabricaba y comercializaba ropa de algodón de muy buena calidad, entre otras cosas, pero estaba ubicada en un distrito de Lima muy peligroso y había el peligro que te puedan robar.  Entonces la aventura del día se había convertido de una mañana de primas y tés a una arriesgada mañana de compras en plan safari.  Ella era así.  No quería quedarse en la cama llorando sus penas.  Luchaba cada día por mantenerse activa y sentirse más fuerte que su enfermedad.  No sé si su filosofía de cómo llevar esta etapa de su vida era así porque ella se lo creía o simplemente nos quería transmitir a los demás fuerza y ganas de luchar cada día.

Alguna vez he pensado que si durante mi vida tuviera que afrontar una enfermedad así, quisiera que mi abuela, mi Mamama Iris, me transmita toda su fuerza y ganas de seguir luchando cada día y sobre todo de creérmelo.


Es importante la actitud con la que enfrentamos las dificultades que se nos presentan en la vida.  Es verdad que en algunos momentos no todo sale como hubiéramos deseado, pero tenemos que recordar que somos capaces de encontrar en nuestro interior la fuerza necesaria para enfrentar esa situación.

Después de luchar durante dos años contra este segundo cáncer, mi Mamama nos dejó.  Pero no se fue, al recordarla cada día, sé que ella sigue vive en mi corazón y al contar historias a mis hijos, hago que ellos conozcan su vida, sobre todo su ejemplo de lucha constante, día a día.

Sólo algo más y breve, les recomiendo leer este artículo, que tiene algo que ver con este tema, es muy motivador.

jueves, 13 de agosto de 2015

Haciendo nada


Ahora que estamos en periodo vacacional, durante el verano europeo, tenemos que buscar la mejor manera de disfrutar al máximo de tanto tiempo libre.  Los días antes de empezar las vacaciones hacemos listas mentales (y algunos por escrito) de todo lo que quieren hacer durante esos días o semanas.  Estoy segura que la mayoría pone en las primeras posiciones de la lista: dormir hasta tarde, descansar y “hacer nada”.

Pero, ¿qué es exactamente hacer nada?  Es un poco contradictorio eso de “hacer” y “nada”, ¿no?  Pero bueno, yo lo intento.  Para empezar a hacer nada, cierro los ojos, ¡no! no voy a dormir, eso no sería hacer nada, sólo lo hago para evitar distraerme con las cosas que están alrededor mio.  Me concentro otra vez en hacer nada.  Cierro los ojos una y otra vez, porque los voy abriendo mientras pienso que los tenía que mantener cerrados.  Otra vez, descanso la mirada, pero ¿cómo puedo descansar la mente?  ¿Eso cómo se hace?  ¿Cuál es el botón para apagar la mente?


Cierro los ojos otra vez, pero mi mente empieza a trabajar (más) y a toda prisa, como si se vaya a acabar el tiempo.  Comienzo con la lista de la compra, la cena de hoy, las cosas que tengo que hacer más tarde y cosas así.  Pero eso no es hacer nada, ya estoy haciendo algo.
Entonces, doy un giro a esta situación en mi incansable búsqueda de hacer nada y pienso, ¿qué haces cuando haces nada?  Una de mis primeras conclusiones fue que para mí hacer nada es imposible.  Simplemente porque si estoy haciendo algo, ya no estoy haciendo nada.  Eso como concepto básico, pero también como el aprovechamiento de mi tiempo.  Mientras estaba en la playa haciendo mi propia versión de nada, mirando el mar, a la vez que unos sudokus y algo más, pensaba en el significado real de hacer nada.  No tenía respuesta, simplemente que es imposible.

Para seguir con mi investigación, pregunté a mi hijo y esposo que significa para ellos hacer nada.  Según mi hijo, es una pérdida de tiempo, un desperdicio.  Ante mi insistencia, continuó diciendo que cuando él responde que está haciendo nada, en realidad ve la televisión, está con móvil o delante del ordenador viendo algún video.  Es decir, en conclusión, así como para mí, para él hacer nada es imposible, pero podría significar pasar el rato.  En otro momento y por separado para evitar que puedan influenciar el uno al otro con sus respuestas y comentarios, pregunté a mi esposo lo mismo.  Él me dijo que hacer nada para él es hacer algo que le gusta, como ver documentales o alguna película.  Podríamos decir entonces que su interpretación de hacer nada sería hacer algo para él, aprovechar el tiempo en cosas que le gusten.



Ya pasamos la mitad de las vacaciones, he aprovechado para hacer nada.  He dormido cuando tenía sueño, me he despertado sin despertador, salvo un par de días que he puesto el despertador cuando tenía que hacer algo a medio día (por primera vez en mi vida), cocinar sin mirar el reloj y comer cuando está listo y tenemos hambre.  Después de mucho tiempo han sido unas vacaciones sin reloj, en las que el tiempo se ha detenido o avanza a un ritmo muy lento.



Y, ¿qué es para ti hacer nada?  ¿Lo disfrutas?  ¡Seguro que sí!




miércoles, 10 de junio de 2015

Simplemente… Aitana

Mi compañera de aventuras

Fuente: de mis fotos del día de la madre
Fuente: de mis fotos
Los hijos te cambian la vida, no hay duda, y cada hijo, además, te la cambia de una manera diferente.  Tiene que ver con muchas cosas, depende de tu momento personal y familiar y el carácter que cada uno tiene y que te obliga dulcemente a reinventarte para ser una mejor madre o padre de una manera especial, única.
Muchas otras veces les he hablado de Alberto, mi hijo mayor, de todas las experiencias que he vivido con él y de la manera como han enriquecido mi vida.  Él me convirtió en madre y con su carácter y forma de ser me enseñó a serlo.  Pero esta vez les hablaré de la pequeña de la casa, Aitana.

Fuente: de mis fotos: semana 39
Fuente: de mis fotos: recién nacida
Mi pequeña Aitana nació en Zaragoza y llegó a este mundo justamente en la “FPP” (fecha probable de parto).  ¡Sí, sí!  Esa fecha que te dan como referencia de parto cuando vas al primer control de embarazo.  No se adelantó ni se retrasó.  Era su día.  Y ese día es justamente hoy, el 10 de junio del 2009 llegó mi pequeña Aitana para alegrar nuestras vidas y ponernos a todos de cabeza.  Hoy cumple seis años y me parece que el tiempo está pasando demasiado rápido.  Está a punto de terminar sus años de educación infantil y en septiembre empieza primaria.  Una nueva etapa en su vida y en la nuestra como padres.  ¡La vemos crecer muy a prisa!

Desde sus primeros días captó la atención de todos con sus ocurrencias que han ido cambiando según su edad.  Ahora con seis años intenta ser siempre el centro de nuestro universo.

Fuente: de mis fotos: 1era. semana

Fuente: de mis fotos: mis hijos
Fuente: de mis fotos: 1er. cumpleaños

Fuente. de mis fotos: 2º cumpleaños

Fuente: de mis fotos: 3º cumpleaños

Fuente: de mis fotos: 4º cumpleaños

Fuente: Foto de Diego: 5º cumpleaños
Como decía líneas más arriba, queremos a nuestros hijos por igual, intentamos darle lo mejor, pero todo depende del momento en el que llegan a nuestras vidas, los obstáculos que se presentan y cómo vamos avanzando.  No nos gusta comparar y menos a nuestros hijos, pero queriendo o no, hacemos cosas diferentes por la experiencia adquirida, si trabajamos más o menos horas, si nos organizamos de una manera y todo alrededor afecta.
Ahora con Aitana tengo la oportunidad de disfrutar de esta linda etapa con ella, llevarla al colegio, estar presente y con un poco más de tiempo y disponibilidad que antes para ayudarla con sus necesidades, acompañarla en su crecimiento y descubrimiento del mundo.  La vida me está ofreciendo esta oportunidad y mientras dure la seguiré aprovechando y disfrutando.

Fuente: de mis fotos
Mi pequeña es la compañía perfecta para ir a cualquier parte.  Sólo tengo que adelantarle un poco los planes, los escucha con atención y siempre me propone alguna idea adicional para mejorar el plan y termina diciéndome que al final podemos ir a algún bar y tomar algo porque estaremos cansadas.  ¡No pierde la oportunidad!  Es la mejor compañera para salir de compras (aunque no compres nada), para pasear.  Siempre va opinando y saludando porque no sé como hace pero conoce a mucha gente.  Es muy dulce, aunque sé que también tiene un carácter fuerte y lo que toca en esta situación es moldearlo.  Paso muy buenos ratos con ella abrazadas viendo televisión, hablando de lo que sea, sobre todo de Frozen, con canciones incluidas.  Es mi “drama queen”, especialista en puesta en escena improvisada y espontánea.

Por mi humilde experiencia de casi 15 años de madre y con dos hijos tan diferentes en su forma de ser, pero tan parecidos en su forma de expresar su amor y cariño, sólo puedo recomendar que a cada hijo le demos su espacio de desarrollo, valorando sus virtudes y acompañándolo en su crecimiento y desarrollo personal según su edad.  Necesitamos mucha paciencia, mucha, mucha.  Tenemos que ir reinventándonos con cada hijo y con cada edad o etapa de sus vidas.  A veces pienso que ellos nos pueden ver como bipolar, en un momento llenas de amor y comprensión y en poco tiempo, cambiamos a dar estrictas indicaciones (u órdenes, seamos sinceras) y parecemos otra persona.

Fuente: de mis fotos: excursión a la nieve - marzo 2015
Doy gracias a Dios y a mi vida por mis hijos, por como son y por todo lo que ellos me enseñan cada día.  Una de las cosas que me han enseñado es que la vida puede ser dura o no ser como la habíamos imaginado, pero ellos son un apoyo leal y desinteresado y en su forma particular dicen lo que su corazón siente y nos expresan sus necesidades para poder ayudarlos.  Sólo tenemos que dejar nuestras orejas abiertas, el corazón dispuesto y en algunos casos, olvidarnos del orgullo para escucharlos claramente.

Y comparto una recopilación (más) de fotos:







miércoles, 27 de mayo de 2015

Y nos vendieron la moto

… y nosotras nos la creímos


Siempre hablamos de la igualdad de género, que tantos los hombres como las mujeres tenemos los mismos derechos y las mismas capacidades para realizar el mismo trabajo u actividad, que somos igual de válidas que los hombres.  Es verdad que en algunas empresas prefieren contratar específicamente hombres o mujeres porque consideran que los unos o los otros son más adecuados para hacerlo.

Fuente: mymadrid.me
Sea como sea, estamos aquí, después de muchos años de lucha por la igualdad, que muchas veces parece que se va mendigando una oportunidad para demostrar que lo que podemos llegar a ser.  Vemos gobiernos o empresas que por equiparar la igualdad de género tienen que cumplir con un porcentaje mínimo de mujeres en los cargos más altos, por obligación.  Y digo yo, si se trata de conseguir un puesto, de directora, ministra o lo que sea, se supone que evalúan su formación y experiencia.  Pero, ¿qué pasa si en ese momento no hay ninguna mujer que se ajuste a ese perfil?  ¿Cómo completan la cuota que necesitan?  Tampoco lo veo del todo justo.

Pero al margen de eso, como este mes hemos celebrado el día de la madre, reflexionaba sobre un artículo que leí de dos madres trabajadoras, que por casualidad conozco a las dos: Xime y Lorena, me encantó el artículo.  Ellas tienen trabajos que les acapara mucho tiempo cada día y explicaban cómo se organizaban con sus hijos y el trabajo.

Hace muchos años las mujeres se quedaban en casa porque era así.  Por un lado, económicamente no era necesario que los dos padres tengan que salir a trabajar, con el dinero de uno (el padre normalmente) era suficiente para cubrir las necesidades fa
Fuente: www.eldinamo.cl
miliares.  Las madres (en su mayoría) se quedaban en casa para cuidar y criar a los hijos, encargarse de la casa y de todo lo demás que surge cada día en casa y con los hijos, pero que una al final del día casi no puede detallar.  Son tantas cosas pequeñas que se presentan cada día, pero que no cuenta como “algo” que se hizo y parece que hiciste un par de cosas y, ¿el resto del día?

No vamos a repetir que, quedarse en casa es la actividad menos reconocida, más desagradecida y no remunerada que hay.  Esto ya nos queda claro a tod@s.

Los tiempos han ido cambiando y las mujeres hemos salido a trabajar y a  demostrar lo que somos, lo que valemos, todo lo que somos capaces de hacer.  Y lo hemos hecho bien y mejor.  Pero, ¿y qué pasó con esas cosas de la casa que “hay” que hacer y nadie se da cuenta?   ¿Quién las hace ahora?  En la sociedad actual, si nos centramos en Europa por ejemplo, muchos hombres comparten las tareas domésticas con sus parejas.  Y eso ya es un avance.  En otros lugares, en América Latina por ejemplo, es más accesible tener en casa a una persona que se encargue de todas las tareas domésticas, el cuidado -y en algunos casos- hasta la crianza de los hijos.

Hay tareas que la mayoría de las veces, se asume que la madre se hará cargo, salvo que digas otra cosa: las llamadas del colegio si tu hijo está enfermo o las noches en vela porque tu pequeño tiene fiebre o tos, las reuniones con los profesores, preparar los disfraces para los festivales o actuaciones, llevarlos a cumpleaños, organizar los días de las vacaciones escolares.  Todo esto y más están tatuados en la espalda de las madres y simplemente se asume que lo tienen que hacer, si trabajan fuera o en casa.

Entonces, ahora, en esta sociedad moderna, avanzada e igualitaria en la que vivimos, las mujeres tenemos que salir a trabajar, demostrar lo mucho que valemos, y muchas veces ganando menos dinero que un hombre y luego llegar a casa y seguir con el otro trabajo que tenemos, adjudicado sólo por ser mujer y/o madre.  Y si “sólo” nos quedamos en casa, podemos pecar de vagas o de querer vivir de nuestros maridos, aunque tengamos una jornada más larga, sin descansos semanales –porque los fines de semana también hay que comer- y sin vacaciones, ni nada.


Sin querer ir en contra de nadie, ni hombres ni mujeres, porque en este mundo hay de todo en todas partes; pero alguna vez leí que un hombre sale a trabajar, cumple con responsabilidad con su jornada y llega a casa a descansar, porque es así, porque lo merece después de tanto trabajo fuera de casa.  Sin embargo, una mujer sale a trabajar, la misma jornada que el hombre, llega a casa y, tenga ayuda con las tareas domésticas o no, sigue trabajando en casa, con los hijos, si la lista de la compra, si viene un cumpleaños, el regalo, disfraz, tareas o parar y escuchar lo que te quiere contar mientras haces la cena.  Sigue trabajando hasta que sienta que ha terminado o que su cuerpo no dé más y finalmente tenga que descansar.  Así cada día.  Su jornada termina cuando se sienta satisfecha con lo que ha hecho ese día, no importa cuántas horas sean.  Pues eso, nos vendieron la moto de la igualdad y de salir a la calle, pero al final, estamos peor que antes, con más cosas que hacer y los días cada vez parecen que tienen menos horas.


Podemos resumir, como dice el libro de Jhon Gray que: “Los hombres son de Martes y las mujeres son de Venus”.

Fuente: una de mis fotos

jueves, 9 de abril de 2015

Desayunando en Ikea

Hace unas semanas fui al centro comercial donde está el único Ikea que tenemos en Zaragoza.  Fui muy pronto por la mañana porque tenía que recoger a mi hija del colegio.
Decidí ir y aprovechar la oferta del Ikea de “desayuno saludable”.  Te ofrecen un café, un zumo de naranja, pan con jamón, aceite de oliva y tomate y fruta.  Suena muy bien por 3,50€

Llegué tan pronto que aún no abrían.  Esperé unos diez minutos.  Sólo había un coche con una pareja, pero nadie más.  Yo sola al lado de la puerta cerrada. 
Cuando faltaban dos minutos para abrir, por todas partes empezó a aparecer gente.  Parecía que salían de debajo de las piedras.  Finalmente abrieron y pude entrar.   Era la primera vez que era la primera en entrar al Ikea, subir por su escalera sin nadie delante.  Una divertida sensación.

Al llegar al restaurante ya había gente allí, haciendo la fila con sus bandejas en la mano.  No sé en qué momento me adelantaron, pero llegaron antes.  Se saludaban los unos con los otros.  Iban apurados, a pesar de ser de los primeros, como si se fuera a acabar lo de la oferta.  Íbamos tan adelantados que teníamos que esperar a que terminaran de colocar la fruta.

Al servirme el café, note como todos se saludaban, se conocían.  Preguntaban por la familia o temas puntuales.  Entiendo que hay veces que dos conocidos pueden coincidir, pero, ¿todos?  Tenía la sensación que yo era la extraña en ese sitio.  Todo era tan familiar para ellos.  Comentaban sobre la fruta y ya habían arreglado la máquina de café o si estaba todo bien.

Me senté en una mesa desde donde podía ver a todas las personas pasar.  Estaba bien, era divertido y de pronto, ese desayuno apurado se convirtió en un pequeño estudio y tema para una publicación.

Había mucha gente mayor, jubilados.  De esos a los que no se les pasa ninguna oferta.  Disfrutaban del desayuno, de ponerse el plato hasta arriba de frutas por el mismo precio.  ¡Mira, puedes poner una uva más!  Sabían usar a la perfección las máquinas de café.  Entre ellos se daban indicaciones y recomendaciones.  Estaban tan activos, lo sabían todo.  Yo imaginaba que luego en su casa podrían tener una actitud más pasiva, preguntando a los nietos una y otra vez como usar el móvil, este cacharro tan moderno.


Fue un desayuno diferente.  Tuve que terminar y dejar mi bandeja en el carrito para poder hacer lo que tenía que hacer.  Como he visto que han ampliado el periodo de oferta del “desayuno saludable”, veré cuando regreso.

... Y esto que encontré, para reírse un poco...

martes, 24 de marzo de 2015

La capacidad de soñar


Cuando tu capacidad económica bloquea tu capacidad de soñar, de desear, de querer algo más.  Es verdad que, durante las etapas de crisis económica aprendemos a valorar muchas cosas que dábamos por sentadas.  Nos ajustamos el cinturón revisando cada factura, cada servicio, que no se nos escape ni un céntimo más de lo necesario por ningún lado.  Buscamos las mejores ofertas, los mejores precios, las gangas o los chollos para conseguir más y que nos cueste menos.

Pero, ¿también hay que ahorrar en nuestros sueños?  O simplemente, ¿nuestros sueños se transforman en el simple deseo de cubrir necesidades básicas?  Dejamos de soñar a lo grande, ya no queremos  un cochazo, ahora sólo queremos que el que tenemos no falle.  Ya no planificamos mentalmente, con una sonrisa en la cara, aunque no lo consigamos en realidad, unas vacaciones espectaculares: un crucero, Disney con tus hijos o un viaje familiar a Laponia mientras ellos todavía creen en Papá Noel..  ¡No!  Esa capacidad de soñar ya se queda aparcada en algún lugar de nuestra cabeza mientras el resto de nuestra mente e imaginación está pensando en cómo pagar las facturas del mes y sobrevivir desde la mitad con el efectivo en mínimos.  Es verdad, ¿en qué momento puedes volver a soñar?
No quiero que mi capacidad de soñar dependa del dinero que tengo en el banco o en el monedero.  Quiero seguir soñando a lo grande, pensando que todo eso, en algún momento de mi vida, con esfuerzo, se hará realidad.

Quiero recuperar esa capacidad de disfrutar de la vida, de lo que tengo hoy, de los pequeños detalles y de las cosas simples que valen más.  De mi familia, de que todos tenemos salud y nos tenemos los unos a los otros.  Supongo que lo demás irá llegando, poco a poco.  Algunas cosas sí y otras quizá no, pero con ilusión, seguro que ni cuenta me doy.
Disfrutemos de lo que tenemos hoy, ahora.  No permitamos que los problemas nos quiten la sonrisa de la cara y nos repriman.  La vida es hoy y es corta, no perdamos el tiempo.