sábado, 17 de marzo de 2012

Invirtiendo en uno mismo

Como muchos saben o deducen, este es un año de cambios para mí, de toma de decisiones, de revisar todo lo que se puede cambiar y hacer un esfuerzo adicional, como decimos, un empujoncito más para que las cosas se salgan de la mejor manera posible.  Sé que suena complicado o parece que es mucho trabajo y que hay mucho por hacer o aunque quizá no sea tanto, pero ya estamos en marzo.  De pronto yo misma me creo ansiedad viendo que el tiempo pasa y las cosas no se concretan tan rápido como mi vehemencia quisiera.  Sí, sí, soy vehemente, una vez que se me ocurre una cosa o tengo me propongo un plan o nueva meta soy vehemente con los resultados, quiero verlos ya y pronto y disfrutar y así emprender un nuevo reto.  Como alguna vez me dijeron, mi enfermedad es el stress y la ansiedad.  Darle vueltas y vueltas a las cosas, buscando soluciones, posibles consecuencias e intentando adelantarme a los hechos, haciendo planes alternativos.  Será por eso mi vehemencia, para poder contrarrestar el stress de los procesos.  Lo sé, tengo que aprender a disfrutar con paciencia cada etapa y no adelantarme a los hechos, sólo esforzarme, ver los resultados y disfrutar.

Siguiendo con el tema de hoy, cuando las personas decidimos hacer cambios externos, es porque a nivel interior también hemos hecho cambios, que según se van concretando requieren una expresión externa.  Es como hemos asumido cosas y cuando nos sentimos seguros de los cambios o decisiones vamos exteriorizando.  Esa es mi forma de ver las cosas, como todo en esta vida, cada uno puede tener su opinión o su fórmula personal para ir avanzando en la vida.  Lo importante es que cada uno encuentre su fórmula y pueda avanzar cada día.
Este año, después de mucho esfuerzo logré concluir un trámite que me tenía en etapa de “stand by gracias a la ayuda de un par de personas, a su tiempo, insistencia y paciencia, ya que sin ellas no hubiera sido posible lograr nada.  Finalmente concluyó positivamente y me he sentido mejor al saber que es algo menos que hacer, sobre todo porque había durado mucho tiempo y durante ese tiempo sentía mucha incertidumbre sin saber cómo terminaría todo, stress y preocupación.  Finalmente terminó todo y ahora me siento mejor y más tranquila.  Es increíble ver ahora como al haber tenido ese trámite pendiente me haya estado quitando tanta energía, paz interior y tranquilidad.  Ahora me siento bien.  Ya no tengo tantas migrañas, duermo mejor.
Entonces esta nueva etapa y sensaciones me han abierto otras puertas para sentirme mejor conmigo misma, aceptar que tenía que hacer cambios para seguir adelante.  Decidí invertir en salud, invertir en mí.  Ojo que no digo “gastar”, lo que digo es “invertir”.  Tomé la decisión de hacer dieta.  Está claro que tenía que bajar varios (muchos!) kilos, pero yo sabía que para empezar y mantenerme en la dieta tenía que tener mi mente organizada.  Ya voy casi 2 meses y he perdido ya varios kilos.  Me siento motivada cada semana que veo que voy perdiendo peso, que mi ropa ya no me queda, me he tenido que comprar cinturones para que no se me caigan los pantalones y terminen la temporada.  Es lo que necesitaba, invertir en mí, en mi salud, en sentirme mejor conmigo misma.
Consecuencia adicional a mi stress y ansiedad, tenía un par de buenas contracturas en la espalda.  También me habían dicho hace casi 3 años que tenía ciática y que así me quedaría.  Llevo una larga temporada medicándome para el dolor, además de los malos ratos y malestar.  Otro cambio en pro de mi salud fue ir a un fisioterapeuta.  Mi dolencia principal era la contractura en la espalda que me afectaba el hombro derecho y algunos días casi no podía girar la cabeza como si tuviera tortícolis.  El fisioterapeuta me revisó y se centró más en la ciática, que al final resultó otra cosa y después de 3 años y mucho dolor, me ha quitado la famosa ciática que me dijeron que la tendría para el resto de mi vida ya que también era otra contractura en otro músculo que afectaba parte de la espalda y de la cintura para abajo.  Luego de 3 sesiones estoy muchísimo mejor, la ciática ya es un recuerdo y los dolores de espalda también.  Ahora tengo que hacer unos ejercicios para evitar el dolor.  Valió la pena.
He valorado no tener más migrañas, comer sano, no tener dolores, dormir bien.  Está valiendo la pena invertir en salud, en uno mismo.
Esto me hizo pensar que muchas veces gastamos dinero en cosas que realmente no necesitamos.  Cuando tenemos problemas, nos sentimos angustiados, desesperado, o tristes salimos a comprar, porque, no sé la explicación, pero es real, comprar es algo que hace sentir bien.  Pero, lo que compramos muchas veces son cosas que no necesitamos, sólo comprar por comprar, entonces esa satisfacción o sentimiento de sentirnos mejor es temporal porque luego nos sentimos doblemente mal.  Nuestro problema inicial sigue ahí, tal cual lo dejamos y además hemos gastado en cosas superfluas y no necesarias.
He aprendido que mejor que eso es invertir en nuestra salud, en que el sentimiento de sentirnos bien sea más sostenible en el tiempo y sobre todo que nos ayude a estar mejor nosotros mismos, más satisfechos con nuestro cuerpo.
Para la dieta todavía me queda un rato, espero seguir teniendo la fuerza de voluntad y motivación necesaria para cumplir cada día, que realmente cada día es un reto.  Así de a poquitos ir alcanzando las metas y la espalda, ahora me la cuido más, hago los ejercicios y me siento mucho mejor.
Ya sabemos que muchas enfermedades las tenemos porque nuestra cabeza no está organizada, porque tenemos muchas ideas revueltas que según las vamos organizando y vamos resolviendo lo que nos quita el sueño podemos ir tomando decisiones saludables para nosotros mismos.
Si nosotros mismos no nos cuidamos, entonces quién más cuidará de nosotros?

domingo, 11 de marzo de 2012

Estado depresivo

¿Qué es la depresión?  ¿Qué significa tener depresión?
Según Wikipedia, que todo lo sabe, es un trastorno del estado de ánimo, ya sea desde el punto de vista de la psicología o desde el punto de vista de la psiquiatría, pero siempre dentro del ámbito de la psicopatología.  Según el modelo médico, la psiquiatría la describe como un trastorno del estado de ánimo y su síntoma habitual es un estado de abatimiento e infelicidad que puede ser transitorio o permanente.
En términos más terrenales, a veces con más frecuencia que la que deberíamos usamos la expresión “estoy depre” cuando tenemos malos días o nos sentimos tristes o decaídos por algo.
Pero pienso que la depresión, como otras enfermedades, es un mal que nos pasa en un momento determinado, causado por diferentes factores internos y externos que en determinado momento de nuestra vida coinciden y desencadenan una sensación de tristeza y de infelicidad que va día a día autoalimentándose de este profundo dolor y cada día se ve todo más triste, más gris, más oscuro.
No hay una vacuna para prevenir esta enfermedad, que yo sepa.  No podemos prepararnos para saber cómo actuar o reaccionar si nos pasa.  Si nos llega el momento, unos lo expresamos de una manera y otros de otra.  La mayoría de personas coincidimos expresándolo con silencio, soledad, amargura y tristeza.
Lo más importante de todo es asumir, como cualquier enfermedad, que la tenemos.  Aceptar con consciencia que estamos enfermos y que requerimos un tratamiento curativo y dejarnos guiar por las personas que realmente nos pueden ayudar.  Así recuperaremos nuestra vida, nuestra alegría y la de nuestra familia porque está en nuestras manos.  El camino puede ser largo y hasta más largo de lo que quisiéramos y seguramente muy duro, tendremos que trabajar mucho y tener mucho autocontrol, pero es como todo en la vida, si queremos algo tenemos que esforzarnos muchísimo para lograrlo.  Las cosas buenas no caen así por así a nuestros pies.
No sé si podría enumerar las veces que me he sentido deprimida, nunca he ido a un médico para que me ayuden a superarlo, aunque tampoco han sido tantas veces, quizá un par.  Ahora entiendo que esas temporadas enferma las he superado con éxito.  Como todos, algunos días son buenos, otros no tanto, pero no puedo sentirme deprimida por las cosas buenas que tengo en mi vida y que ahora tengo la posibilidad de verlas y valorarlas.  Ahora repasando el pasado, entiendo que, como decía, fue en un determinado momento en el cual coincidieron determinadas cosas, problemas o pensamientos que me causaron una tristeza profunda, me hicieron caer en un hueco muy profundo, casi sin final.  Nunca en mi vida había llorado tanto por todo y por nada.  Era muy duro ver que nada tenía sentido y que no veía soluciones para superar esa sensación.  Era como estar en una cueva sin luz.  Pero también recuerdo que mi familia fue el apoyo más importante para mi recuperación, sentir su apoyo, su paciencia, fue lo que me hizo, en esos cortos momentos de lucidez, que tenemos durante la etapa de depresión, ver lo que de verdad tenía.  Pude ver y apreciar lo que de verdad valía la pena y por lo que tenía que luchar, por lo que tenía que recuperarme, recuperar a mi familia y disfrutarla.
Ahora sólo creo que sentirse deprimido es una enfermedad que tiene cura, pero que exige mucha de nuestra fuerza interior para superarla.  Hay momentos que parece que estamos curados, pero realmente todavía no y recaemos y pensamos que estamos en una espiral sin fin y nunca saldremos de ese estado.  Pero es parte del proceso de recuperación, porque aunque haya una recaída, la recuperación será rápida y seguiremos camino a la mejoría.
Pero es posible recuperarnos, tenemos que desearlo, seguir un tratamiento adecuado y sobre todo decidir que queremos curarnos, que queremos terminar esa etapa oscura y volver a recuperar nuestra propia felicidad.  No es imposible.  Tenemos que buscar y encontrar el origen.  En primeras podemos hacer una lista de cosas obvias o superficiales, fáciles de ver y creemos que esas son las causas, pero realmente hay mucho más atrás y lo sabemos.  Tenemos que revolver un poco en nuestra mente y corazón, buscar lo que realmente nos causa esa pena, insatisfacción, frustración o tristeza.  Aceptar las causas de nuestra enfermedad para poder trabajar en las soluciones y asumir que hay que cosas que ya no podemos repetir más para no enfermar otra vez.  Es como un diabético al que le dicen por primera vez que está enfermo.  Luego de recuperarse de esa noticia, sabe que entre otras cosas, hay determinados alimentos que no podrá comer nunca más para no enfermar más, pues es eso, lo mismo, habrán cosas y situaciones que tendremos que evitar para que no nos hagan daño.
Al tener las causas y problemas identificados, hay que dividir el problema en muchos, muchos mini-problemas para así coger uno a uno e ir buscando la solución a cada uno, es la forma más fácil de resolver un gran problema, que normalmente es la unión de muchos mini-problemas.  Pero claro, como todo tratamiento o intento de cura tenemos que hacerlo con la verdad, porque si mentimos no mentimos a nadie, nos mentimos a nosotros mismos y la curación necesitará más tiempo y esfuerzo.
Tomemos con firmeza la decisión de ser felices.  Bien dicen que la felicidad es la propia búsqueda de la felicidad, pero tenemos que recuperar esa sensación, las ganas y esa alegría por vivir, por tener nuevos planes, proyectos, ver el futuro iluminado, como un día de verano.  Aprovechemos el tiempo para hacer cosas positivas y saludables para nuestra alma, mente y cuerpo.  No demos vueltas en lo mismo siempre de una manera negativa, demos el grito más fuerte que podamos, sacudamos nuestro cuerpo lo más intenso que sea posible, decidamos que es el día de cambiar, de enrumbar nuestra vida y de ser felices.  No perdamos más tiempo, tomemos el toro por las astas y seamos felices.
Tenemos derecho a caer, pero tenemos la obligación de levantarnos y seguir adelante cada día por nosotros mismos.

sábado, 3 de marzo de 2012

Tanto queda por aprender

Después de tantos años viviendo en España, aunque lo de “tantos” es muy relativo.  Para algunas personas 6 años les puede parecer como “sólo 6 años” y a otras les puede parecer una eternidad, esto es como todo, depende quien lo mire y con qué ojos.  Pero como decía, llevo tantos años por aquí que he tenido la oportunidad de aprender muchas cosas, aprender de las personas, de la vida, del trabajo, de la sociedad, creo que no es posible terminar de enumerar todo lo que uno aprende sólo con cambiar de país y eso que España es bastante latino, de algún sitio hemos heredado muchas costumbres.
He tenido que aprender otro idioma, “español de España”.  He dejado de utilizar el “ok” como conformidad y empezar a usar el “vale”.  Al caerme sentada, ya no me caigo de “poto” si no ahora me caigo de “culo” aunque me duele la misma zona del cuerpo.  También he aprendido a expresarme diferente sobre todo sin esa forma tan latina que tenemos de enrollarnos como persianas para dar una respuesta, ahora intento ser más concreta “sí” o “no” sin dar muchas explicaciones, salvo que sea estrictamente necesario.  Me he topado con algunas personas tiene una manera muy clara de demostrar que con una respuesta clara y concreta les es suficiente y que el rollo siguiente no les interesa.  Me he tenido que acostumbrar a que los domingos no abren los centros comerciales, tiendas, bancos ni nada.  Más aún, que los bancos sólo están por las mañanas, salvo un banco en algún centro comercial que también está por las tardes.  Para lo demás tienes que organizarte bien o dejarlo para el sábado.  Por otro lado, ahora conduzco con mayor tranquilidad y menos agresividad.  No tengo que ir a la defensiva intentando que un taxi o combi me cierre el paso de pronto o evitar caer en algún hueco.  Vas más tranquila, aprendí el significado real de las líneas en las pistas, cada uno en su carril y hay que respetarlo.  También voy más tranquila por la calle, aunque la paranoia es difícil de perderla.  Cuando siento que alguien viene detrás inmediatamente me giro, mis sistemas de seguridad y autoprotección se ponen en alerta y mi paranoia se activa, bajo la velocidad al andar, me hago a un lado y simplemente dejo pasar a la persona, respiro profundo y sigo andando.  Es una pena que esas cosas no las podamos apagar con un switch de la cabeza y estar relajada.
También he podido conocer muchas personas y con una forma de pensar diferente a la nuestra, está claro que todos pensamos diferente, pero a pesar de ser de cultural similares hay muchas cosas que nos diferencian.  Cuando recién llegué, a las personas que conocía llamaba mucho la atención o a algunas personas les costaba entender cómo había podido dejar mi país, mi familia, mis amigos, mi entorno para viajar al otro lado del mundo y empezar una nueva vida aquí.  Intentaban plantearlo como una alternativa para ellos mismos, pero no lo veían posible.  Luego entendí que los latinos tenemos siempre la idea y posibilidad de migrar en la cabeza, es algo que viene con nosotros, en nuestro sistema operativo, es una alternativa que siempre tenemos, como un plan B.  Es algo que lo llevamos dentro, no sé por qué, quizá tenga ver con la situación política-social-económica de nuestros países y que se transmite de generación en generación y siempre tenemos esa puerta abierta.  Aquí en España se escucha ahora a más personas que ya consideran salir de España en busca de trabajo y mejores alternativas, como nosotros.  De todas estas personas, hay tantas que son tan abiertas y amablemente te permite entrar en su entorno y así empezamos a hacer nuevos amigos.  Todos tenemos que estar abiertos a conocer nuevas personas y de todas estas personas nos quedaremos con pocos nuevos amigos.
Puedo decir rápidamente que la vida fuera de nuestro país es dura o difícil porque necesito de mi familia o amigos en determinados momentos, pero también me ha enseñado a buscar dentro de mí la fuerza necesaria para salir adelante, para intentar hacer realidad los sueños y metas que me voy planteando en lo que llevo de vida y poder afrontar todos los problemas y dificultades que se han ido presentando a lo largo del camino.  Me ha enseñado a estar y mantenerme más unida a Jorge y los chicos.  Agradezco también a Dios y a la vida que mis padres también están acá.  Somos una familia y finalmente nos tenemos los unos para los otros y eso se aprende sólo viviendo la vida.
He aprendido mucho, muchísimo de la sociedad, de la particular forma de ser y llevar la vida, además he aprendido mucho de las personas de su forma de ser.  He aprendido el valor de la lealtad y amistad verdadera.
Todavía queda tanto por aprender.  Nunca terminaré de aprender de cada situación que vivo y de cada persona con quien me topo.  De las personas intento sacar lo mejor, lo que me puede servir como ejemplo para intentar ser mejor cada día, pero tristemente también nos topamos con personas que nos sirven de ejemplo de las cosas que no debemos hacer, que no debemos repetir.  También tenemos que agradecer por encontrarnos con estas personas porque también nos enseñan de qué manera no debemos ser o de qué manera no debemos actuar.
De las situaciones aprendo cada día la causa, su efecto y las consecuencias.  Aprendo que me afrento día a día a muchas situaciones y muchas veces voy superando problemas que en un inicio pienso que no seré capaz o dude de mi propia fuerza interior.  No dejo de luchar y seguir planeando y teniendo planes, pero también pienso que si las cosas no salen como yo quiero o pienso será lo mejor, es porque Dios tiene preparado algo mejor para mí y tengo que tener paciencia y seguir luchando por mis sueños que todo se irá acomodando para que todo fluya como tiene que ser para tener una vida tranquila.
No dejaré de tener planes, de aprender de la vida y las personas que conozco, de vivir cada día disfrutando como si fuese el último e intentar que mañana sea mejor que hoy.

domingo, 26 de febrero de 2012

Fonofobia

Tengo fobia al teléfono, es así y tengo que aceptarlo.  En el trabajo no me queda otra posibilidad y cuando es necesario, pues aprovechando la tecnología uso mucho más internet y correo electrónico, además que “papelito habla” o como se dice por acá “lo que se escribe, se lee”.  Además uso los auriculares para evitar malas posturas y poder aprovechar el tiempo e ir haciendo algo con las manos. 
Pero ya en casa, corro al escuchar sonar el teléfono.  No sé claramente cómo explicarlo.  A pesar que me gusta comunicarme y estar en contacto con mi familia y amig@s, al estar al teléfono tengo la sensación que me quedó muda, que no sé qué decir.  Asumo que mi interlocutor está apurado o tiene otras cosas que hacer y yo ahí, al teléfono, quitándole tiempo y como además me siento bloqueada, sin temas de conversación, me quedo muda mentalmente y sin ideas.
Al hablar con alguien, sobre todo cuando estamos lejos, lo importante para mi es transmitir sensaciones positivas.  ¡No mentir!  Pero tampoco contar lo malo del día, porque por más mal día siempre nos pasan cosas buenas.  A veces es difícil eso y he escuchado a algunas personas que por tener una conversación más larga, llenan el tiempo contando “desgracias” que digo yo.  Y es que tenemos tantas cosas que decir, que transmitir, que compartir que siempre se nos hace más fácil compartir los problemas.  Y teniendo en cuenta que al estar lejos, cuando escuchamos un problema, nos quedamos con él y además con un nudo en el estómago y dándole a la cabeza intentando encontrar una solución.  Al estar lejos no vemos la magnitud del problema y lo que afecta realmente.  Pero el que contó su “problema” al día siguiente ya ni se acuerda.  Al final es unos de esos miles de problemillas del día a día que un día nos parece más grande y grave todo, pero al día siguiente recupera para nosotros su magnitud real y de verdad no es nada.
Siempre pienso en eso, porque cuando sentimos que es un mal día sería mejor tener una conversación corta y evitar transmitir preocupación y malas vibras.  Sé que al final los amigos están para eso, para compartir nuestra vida, nuestro día a día y no sólo las cosas buenas, también los momentos difíciles. Una cosa es hablar con alguien especialmente por un problema que tenemos y otra es malgastar el tiempo de una conversación con una liberación de energía negativa.  Es triste cuando a veces habl
amos con alguien porque creemos que “tenemos” que hablar, que es una obligación, pero en realidad no queremos hacerlo y nuestra conversación se trata únicamente del tiempo o el clima, de chismes de terceros y problemas.  ¿Nunca te ha pasado?  ¡A mí sí!  Que luego, al colgar el teléfono dices, he hablado xx minutos y estoy igual que antes, pero xx minutos después.  Tenemos que recordar que tenemos que intentar que siempre nuestras conversaciones sean positivas y transmitan buenas vibras y energías. 
Ahora entiendo mi necesidad por escribir para comunicarme.  He encontrado mi forma de expresión, de que mi familia y amig@s estén al tanto de mi vida y más.  Será por eso que escribo este blog.  Nunca voy a negar que una buena conversación, llena de confianza y ligera es lo mejor, sobre todo cuando estamos lejos, porque nos hace sentirnos cerca.
Lo que me queda es hacerme algún tratamiento para intentar superar esta “fonofobia” y comunicarme también con aquellas personas que realmente prefieren hablar que leer, que también las hay, claro y muchas son personas amigas e importantes también, pero por esta fobia no las llamo para saludar y preguntar qué tal, pero no quiere decir que no las tenga presente y piense en ellas.  Sé que es una buena excusa, pero realmente no es una excusa, sólo les explico lo que pasa.
En fin, sea como sea la forma de comunicación, lo mejor será intentar siempre dar mensajes positivos, que transmitan las cosas buenas que nos pasan, que lo digo, por más mal día que sea, siempre hay algo bueno que contar, aunque sea una pequeña alegría para que salve nuestro día.

domingo, 19 de febrero de 2012

Sueños, sueños y más sueños

Qué difícil es la vida, cada etapa, cada momento.  Tengo tantos sueños, metas, deseos, planes que no sé cómo poner pies y cabeza a cada uno y unirlos entre ellos para saber qué hacer, en qué orden y que sería lo mejor para mí y mi familia.

Hace algún tiempo, cuando llevaba pocos meses con el blog, y por intentar no perder alguna idea o frase o tema para alguna próxima publicación, tomaba nota de esos chispazos literarios en una libretita que me cogí especialmente para eso. Una vez pensaba en todos los sueños que tenía cuando era niña.  Como imaginaba mi vida, mi familia, entorno, trabajo.  Luego cierro los ojos y veo que han pasado varios años, que ahora es el futuro y que de todos esos sueños de niña, hoy no están y la realidad es diferente.
Ojo, que decir que los sueños ya no están y que la realidad es diferente no significa que el presente sea malo o negativo, simplemente que pienso que todo en mi vida, según han ido pasando los años y a consecuencia de mis propios actos y otros sucesos que yo llamo “mi destino” se han ido encaminando de esta manera y mi presente hoy es mi futuro de ayer.
Miro un poco hacia atrás e intento recordar esos pequeños y grandes sueños que tenía.  Intento analizar cuales sueños ya no puedo recuperar más, cuáles están cumplidos y cuáles todavía se pueden poner en marcha.  En fin, tantas cosas, tantas ganas de hacer tantas cosas, de luchar, de vivir, de disfrutar de la vida.  Es que casi no puedo recordar ya específicamente que cosas eran o de que iban los sueños.  Ya ahora, con 36 años y todos estos años recorridos pienso que mis sueños eran más bien rosas, de esas vidas maravillosas que parece que nunca hay problemas y que las cosas, las metas y cumplir los sueños no cuesta nada, que sólo tenemos que mover los dedos y las cosas aparecerán y los sueños se cumplirán.
Pero luego de viajar un rato sobre mi nube de los recuerdos, bajo y me topo con la vida real, con mi vida real.  Esa vida que tiene muchas tonalidades, que ha pasado por muchas cosas y que me ha enseñado a ser fuerte, a luchar por lo que quiero, a pensar que todo por pasa por algo bueno, y que siempre el bien triunfará, aunque a veces veo que las cosas no se terminan de afianzar o establecer.  O quizá es mi propia vehemencia que quiero ver resultados ya y no seguir esperando, no sé qué realmente.
Tengo una vida real que no es rosa, al contrario, es una vida real que me ha costado mucho aceptarla durante los últimos años, pero como les contaba en una publicación anterior ya he aceptado parte de mi pasado, de mi vida que fue uno de los puntos de quiebre donde puedo decir que mi vida cambió.  Ahora tengo otra vida, diferente y soy feliz.  Me siento un poco más segura de lo que soy capaz de hacer, he conocido la fuerza interior que tengo y creo firmemente que nada nos pasa por, que siempre todo tiene sentido, todo pasa por algo y ese algo nos enseña mucho y nos hace más fuerte.
Ahora pienso que sueños tengo para mi presente y para mi futuro y claro, definitivamente no son (ni pueden ser) los mismos de cuando era niña.  Los sueños que tengo ahora son más realistas, tienen que ver más salud para mí y mi familia.  Tienen que ver con alcanzar pequeñas metas sobre el presente, trabajo, estilo de vida y tranquilidad económica.  Es que no pido mucho dinero para no trabajar más o cosas así, sólo deseo que en mi familia tengamos los ingresos suficientes para vivir al día, tranquilos.  Sueño con tener nuestra propia casa, donde vivir a nuestro estilo.  Deseo tener larga vida para ver a mis hijos crecer, para envejecer con Jorge viendo a nuestros nietos y disfrutar con ellos.  Espero algún día llegar más lejos con el blog, con mis publicaciones.  Poder desarrollar este hobby como una forma y estilo de vida.
Hoy pienso que mis sueños de niña estaban bien mientras era niña.  Ahora tengo sueños de persona adulta y también están bien para la época que vivimos y que nos toca vivir.  No quiero dejar de soñar, de desear, de tener metas.  Una vez me dijeron que mientras tengamos sueños y metas seguiremos viviendo.
No dejemos de soñar!!!