lunes, 14 de mayo de 2012

Necesito una señal

Necesito una señal, necesito encontrar otra vez el camino y saber por dónde seguir.  Hay días que me siento tan agobiada y asustada que no logro ver con claridad lo que tengo que hacer, las decisiones que tomar y el camino a seguir.  Deseo tener paz interior para ver con claridad hacia donde seguir.
Necesito lucidez para ver más allá de lo evidente y la fuerza necesaria para seguir cada día en la lucha llegar a la siguiente parada.
Estoy atenta a las señales divinas, ver todo con claridad y que me guíen (como hasta ahora) por el mejor camino, que no necesariamente será el más fácil, pero sí que será el mejor destino al final.
Pongo en sintonía mis sentidos.

viernes, 4 de mayo de 2012

Echando raíces

¿Cuándo podemos decir que estamos en el lugar exacto donde nos sentimos realmente a gusto con nosotros mismos, con nuestras vidas como para echar raíces y desear no movernos más?
Aunque realmente pienso que esa sensación no llegará jamás pues siempre deseamos algo más, queremos un poco más de la vida y por lo tanto queremos ir avanzando, creciendo, desarrollando y estamos en la eterna búsqueda de la felicidad y satisfacción absoluta.  Pero quizá si nos sentimos muy bien durante una buena temporada ya podemos sentir que, en ese aspecto de la vida, hemos encontrado la felicidad y podemos establecernos.
Recuerdo una conversación con una amiga del colegio.  Yo todavía vivía en Lima y ella llevaba varios años viviendo en Alemania y un día mientras hablábamos de nosotras y nuestras vidas me dijo que a pesar del tiempo que iba viviendo en Alemania, aún no sentía que ese era “su lugar”, ese lugar para poder echar raíces y querer establecerte para siempre.  Que sentía que todavía tenía que seguir buscando “ese” lugar adecuado para ella, sus planes, sus sueños.  Luego vivió una temporada en España y finalmente ahora está en Lima otra vez.  Hoy me pregunto si finalmente encontró “su” lugar o si todavía tiene la necesidad de seguir buscando.
Es complicado ¿no?  Mientras estás solo, eres más libre para arriesgar, coger tus cosas e ir de acá para allá, planteando nuevas metas y persiguiendo los sueños, sintiendo que no tenemos límite porque el propio mundo no tiene límites.  Si llegas al final siempre puedes volver a empezar, así hasta que llegues al lugar adecuado.  ¿Pero qué hacer cuando tu decisión afecta también la vida de más personas?  Ya no es tan fácil arriesgar.  Ya tienes que pensar que todos se tienen que sentirse mejor y sobre todo, mejor que ti misma, porque ellos son los que te siguen, son los que creen en ti.  Te vuelves, un poco, la guía en la vida y cargas con una responsabilidad muy pesada sobre las espaldas.  Cargas con la responsabilidad que esas ideas que tienes, tienen que tener buenos resultados, o por lo menos mejor que los problemas.  Cargas en tus hombros cualquier suspiro o silencio asumiendo que son señales de pena o melancolía.  Es tan difícil.
Deseamos una vida mejor.  Analizamos la que tenemos actualmente y algunas veces consideramos que es necesario que hagamos cambios para que las cosas puedan mejor.  Aunque a veces no es sólo que analizamos, si no que van pasando cosas que te obligan o te hacen sentir la necesidad que hay que hacer algo para salir adelante.  Pero entonces nos preguntamos ¿qué tenemos que hacer?  ¿Hasta dónde tenemos que llegar?  ¿Qué pasaría si…?  Pero no tenemos respuestas.  Sólo una frase que hace unas semanas me dijo una amiga “el que arriesga gana, más grande es el riesgo, más grande es la victoria”.  No me puedo quitar esa frase de la cabeza, mientras tengo miedo de pensar o analizar todas las ideas que pasan por mi cabeza.
Si luego de leer esto, concluyes que ya sabes lo que haré, casi te digo que no acertarás.  O quizá sí, sólo que yo, hasta ahora no sé qué hacer ni que sería lo mejor.  Sólo sé que esta semana por algunas cosas que han pasado, he visto otra vez la luz y la esperanza.  He recuperación la ilusión y esperanza creyendo que las cosas sí podrían cambiar y ser mejores.
Sólo sé que este es un año de cambios.  Tenemos que ajustar muchas cosas, valorar las cosas buenas que tenemos que realmente valen la pena.  Descartar las cosas que nos quitan tranquilidad y nos causan inseguridad.  Creer que todo puede ser mejor.  Siempre intento estar preparada para las circunstancias importantes que se van presentando, es decir tener un plan b, c, d… z… los que sean necesarios, para tener una idea de cómo actuar en determinados momentos.  Muchas veces tengo más planes de los necesarios y las circunstancias se acomodan de tal manera que podemos seguir adelante.
En fin, según los cambios vayan sucediéndose o estableciéndonos más, ya les iré contando.  Ya veremos que dice la vida y el destino, cuando finalmente echaremos raíces emocionales y físicas.
Estas etapas de incertidumbre desgastan mucho nuestra energía.  Nos agota emocional y psicológicamente.  Me gustaría ver en un sueño que sería lo mejor que se puede hacer, que mis señales sean claras para poderlas seguir con seguridad.  Así es la vida.  Finalmente siempre está llena de sorpresas y hagamos lo que hagamos nunca sabremos donde estaremos mañana ni que vayamos a hacer pero finalmente tenemos que aprender a pasar, sobrellevar y si es posible hasta disfrutar de estas etapas, que como todas, algo bueno nos dejará.

domingo, 29 de abril de 2012

Disfrutando de Berlín

El vuelo de ida estuvo muy bueno y tranquilo.  Finalmente llegamos a Berlín.  Sentía una emoción muy grande, mi corazón latía a mucha velocidad.
Salimos y buscamos a Jens que nos había ido a recoger.  MMMM  UUUUUUU respiración profunda.  ¡Estoy en Berlín!  ¡No lo puedo creer, después de uno 10 u 11 años estoy otra vez aquí!  Fuimos en coche a casa de Dar, a ella la iba a ver después de 8 años.  La última vez que nos vimos fue en Lima, cada uno empezaba una relación con quienes ahora estábamos casadas, tenemos 2 hijas de la misma edad.  Cómo ha pasado el tiempo y como han cambiado nuestras vidas en sólo 8 años.  Nos vimos y reencontramos.  Lo bueno es que ella es de esas pocas amigas que uno tiene que son de toda la vida y no importa la distancia física que haya, en que lugares del mundo estés, cada vez que te ves, aunque hayan pasado casi 10 años, es como si hubiera sido ayer.  Es una amiga de esas con la que no tienes que pensar que decir o como decirlo, sólo tienes que decir lo que sientes y lo que piensas, sabes que te escucha sin juzgar y que te dice lo que realmente piensa.  ¡De las buenas amigas!
Luego llegó Peti! Oh! Peti, realmente fue una sorpresa que venga desde Hamburg a pasar unas horas en Berlín sólo para verlos.  A Peti no la veía desde el 2003 que vino a vivir a Alemania.  Ella es una buena amiga, que conocí por uno de mis hermanos y que hicimos migas y nos hemos llevado muy bien.  A pesar de la distancia nuestra amistad ha perdurado en el tiempo.
Después de muchos años estábamos otra vez las tres juntas recordando tantas cosas, el bus parrandero con Dar, cuando Peti enseñó a Alberto a volar, anécdotas y tan buenos recuerdos de otros tiempos pasados.  Teníamos poco tiempo para ponernos al día en nuestras vidas, que planes y sueños teníamos, proyectos de futuro y cosas del presente.
Luego de comer, nos fuimos a dar una vuelta por el barrio, conocer un poco y hacer reconocimiento del territorio, pero empezó a llover, así que tuvimos que regresar.  Es sólo una parada hasta la casa si vamos en el U-Bahn, pero no tenemos boleto.  Bueno, éste será nuestro secreto.
Ya en casa, una buena cena, la mejor compañía, muchos recuerdos y nuevas ilusiones.  Nos tocó despedirnos de Peti.  ¡Qué alegría verla después de tantos años!  Prometemos volvernos a ver.  A ver quien cumple primero.
Y ya después, mientras todos dormían, Dar y yo nos sentamos en la cocina, con una taza de té para hablar de todo, para ponernos al día, aunque estábamos bastante al día, pero había que poner muchos detalles a todo.  ¡Qué buena conversación!
Al día siguiente nos fuimos a recorrer Berlín.  Aunque nuestro plan era salir muy temprano para poder aprovechar el día, el desayuno se hizo largo con los panecillos tan deliciosos y mientras armábamos los planes del día, la ruta a seguir, la mañana nos ganó.  Pero no importa sacaremos tiempo para todo.  Salimos y entre S-Bahn, U-Bahn, bus, y mucho andar Berlín se hizo nuestra.  Fuimos al Alexanderplatz, Fuente de Neptuno, Puerta de Brandenburgo, Monumento al Holocausto, el congreso, plazas, parques.  Tantas cosas, sitios que me traen tantos buenos recuerdos, que activan mi ilusión, mis ganas de volver.
Me hacía mucha ilusión poder compartir con Jorge y Alberto este viaje.  Claro, con Aitana también, pero está claro que ella no iba a conocer y entender igual que los chicos.  Deseaba que ellos puedan conocer más de Europa, no quedarnos sólo con España.  Que puedan ver todo lo que se puede aprovechar de vivir en Europa, todo lo que podemos conocer, lo que podemos aprender.  Íbamos avanzando el paseo y no podía dejar de verlos, ver sus ojos, su mirada.  Intentaba adivinar sus pensamientos, saber si realmente les gustaba lo que veían y si veían más allá de lo que a simplemente vista se puede ver.  Estaba pendiente de cualquier comentario para calmar mi curiosidad.
Al día siguiente salimos otra vez para terminar los sitios que se nos quedaron pendientes el día de antes.  Pasamos por la Iglesia Memorial Kaiser Wilhem o también conocida como La Iglesia del Recuerdo.  Una pena que la Iglesia destruida después de la segunda guerra mundial está en reformas o alguna obra y está totalmente cubierta y no se podía ver desde fuera, pero sí que pudimos entrar al museo.  También fuimos al Check Point Charlie, que es un museo que yo tenía muchas ganas de ver otra vez.  Está frente al antiguo puesto de control de la frontera americana y rusa.  Es un lugar donde, según yo recordaba en mi visita de 1993, podías ver, se podía sentir la desesperación de los ex DDR cuando intentaban cruzar el muro en búsqueda de su libertad.  Ahora, el museo ha crecido mucho.  Veo menos cosas que antes, pero mucha, mucha letra que leer.  Y claro, con tantísimas letras se necesitan unos 3 días para poder ver todo.  Han incluido mucho más cosas y temas que se cruzan, pero bueno.  Después nos fuimos al Germandermarkt, con la Catedral Francesa a un lado y todo lo demás, pero que ahora mismo no recuerdo los nombres.  Pero el lugar era muy lindo, perfecto para sentarse y mirar, admirar y seguir viendo la gente pasar.  Se lo recomiendo a todos los que planeen visitar esta linda ciudad.
En fin, tanto que ver, tanto que se nos ha quedado pendiente.  No pudimos entrar al congreso porque ahora para poder entrar hay que pedir cita unos tres días de anticipación, según nos dijeron para enviar los datos de los posibles visitantes a la Interpol y así tomar las medidas de seguridad necesarias.  Además también queda pendiente para una próxima vez, pasear por la ciudad, pero tranquilos, sólo para disfrutar de la propia ciudad, de su gente.  Sentarse en una terraza y ver a la gente pasar.  Eso me encanta.
Llegó la última noche en Berlín, por esta vez.  Vino Jens a buscarnos para ir al aeropuerto y empezar el viaje de regreso.  Que al igual que el de ida, fue muy emocionante.  Según nuestros planes, teníamos 2 horas desde que aterrizara el avión en Barcelona hasta que saliera el bus de la estación.  Teniendo en cuanta lo que nos había costado llegar, no tendríamos problemas.
Ya en el aeropuerto, haciendo la fila para chequear, tardaba mucho, pero por fin abrieron el counter de atención.  ¡Bien!  Nos tocó la primera fila, que bien.  Pasamos los controles de seguridad y llegamos a nuestra sala de embarque.  Según la hora que nos dijeron empezaría el embarque, seguramente sería todo muy rápido.  Pero de pronto todos sentados, esperando y viendo el reloj, hasta que “la voz” dice que nuestro vuelo tiene una hora de retraso.  No lo podía creer.  Ahora sí que teníamos los minutos contados, no podíamos perder ni un minuto, si no perderíamos el bus.  ¡Qué stress!  Luego pensé que pase lo que pase no podíamos hacer nada.  Disfrutaría los últimos minutos en Berlín y una vez que lleguemos a Barcelona correríamos para no perder el bus a Zaragoza.
Por suerte el vuelo sólo tuvo la hora de retraso que anunciaron.  Llegamos a Barcelona y mientras sacamos las maletas y salimos eran pasadas las 6.30 de la tarde.  Según recordábamos, teníamos que ir a la estación de Sants, donde habíamos llegado porque el bus sale a las 19.10 horas.  Tomamos el bus lanzadera, pero para estar seguros y no nos pase como en la ida que nos subimos al cercanías equivocado, pregunté si iba a la estación.  La conductora me dice “sí”, perfecto pensé, esta primera conexión ha sido perfecta.  De pronto nos cruzamos con un tren y el bus paró en el otro terminal del aeropuerto.  Me acerqué a la conductora y pregunto: “Este es el otro terminal, pero luego iremos a la estación, no?”.  La mujer me miró y dice “Pues no, si ves por ahí, está el cartel que dice RENFE.  Ahora se tienen que bajar acá y caminar hasta la estación.  Sólo cuando llegan es que los vamos a buscar a la misma estación.  Además, si te diste cuenta, el cercanías ya se fue y el próximo sale en media hora y en ese tiempo sí llegas.”  Me quedé helada.  Miré mi reloj y eran las 6.45 de la tarde y si esperábamos al siguiente tren de cercanías ya no llegaríamos al bus.  En ese mismo momento tomamos la decisión de ir en taxi.  Preguntamos al taxista si llegaríamos a Sants a tiempo y por suerte se le vio identificado y nos dijo que lo intentaríamos.  El taxista nos empezó a conversar, comentar del tráfico, del nombre de las calles de Barcelona, de dónde éramos y más.  De pronto sentí un nudo en el estómago y miré rápidamente los boletos del bus.  ¡Oh no! No decía “Barcelona Sants”.  En el boleto decía “Barcelona Nord”.  ¡No lo podía creer!  Teníamos que ir a la otra estación de Barcelona.  Le pregunté rápidamente si podríamos llegar y nos dijo que quedaba un poco más lejos pero que lo intentaríamos, pero también me di cuenta que nuestro bus no salía a las 19.10 horas, si no a las 19.30 horas.  ¡Gracias Dios!  Teníamos 20 minutos más llegar.  Al final llegamos a la estación Nord pasadas las 19.25, bajé corriendo con Aitana en la mano, a la pobre se le gastaron la punta de los zapatos de hacerla correr, casi arrastrar por la calle para llegar la bus.  ¡Qué ganas de ir al baño!  Uy! Dos buses de la misma compañía ¿Cuál será el nuestro?  Empecemos por el que está más cerca.  Llegué corriendo mientras Jorge venía detrás con Alberto tirando de las maletas, le pregunto al conductor, casi sin poder respirar, si es el bus que va a Zaragoza y me dice que sí!  No lo podía creer, habíamos llegado.  Sin aliento, empecé otra vez a respirar en paz, pensando que lo habíamos logrado.  Subimos al bus, nos sentamos y listo.  Dos minutos más y la puerta se cerró y el bus partió.  Ya sentados en el bus reflexioné sobre esta aventura y dije, si el avión no se hubiera retrasado, hubiéramos tomado el cercanías a tiempo y nos hubiéramos ido a Sants a esperar el bus, que nunca hubiera llegado y ahí sí que hubiéramos perdido el bus de regreso a casa.
Luego de todo el día de viaje, no habíamos tenido tiempo de ir al baño, comer algo, etc.  Pero no importa, como a la ida, a la mitad del camino el bus para en una estación de servicio y ya comeremos algo porque llegaremos a casa pasadas las 11 de la noche.
El tiempo y los kilómetros iban pasando y también iba pensando que cada vez más pronto llegaría la parada.  Pero veo pasar la estación de servicio en la que paramos a la ida y kilómetros más.  Este bus no para.  Todo el viaje sin paradas.  Bueno, ya miremos el lado bueno, aunque con hambre y muchas ganas de ir al baño, llegaremos a casa según lo planeado.
Así fue, llegamos a Zaragoza, mi papi nos recogió y vinimos a casa.  Después de tan pocos días fuera de casa y de haberlo pasado tan bien, ya estábamos otra vez en casa, en nuestro hogar y a preparar todo para el martes ir a trabajar, colegio y recuperar la rutina otra vez.
Agradezco a Darlene y familia por recibirnos en su casa y hacernos pasar unos lindos días.  Además de la buena conversación y buen rato.  De haber tenido la posibilidad de recargarme de energías.  También a Peti, que desde Hamburg fue en tren sólo para vernos unos horas.  ¡Ha sido lindo verlas otra vez!  Espero que se repita muy pronto.
Y no puedo dejar de nombrar y agradecer a mis ángeles cuidadores, que tanto en la ida como en el camino de  regreso me han recordado que nos estamos solos, que cada paso que damos, está supervisado para que todo salga bien.  Ahora más que nunca dejaré mis preocupaciones en el futuro en mano de mis ángeles que estoy segura me guiarán de la mejor manera en las decisiones que sean necesarias para un futuro mejor.

domingo, 22 de abril de 2012

Y nos fuimos a Berlín

Que puedo decir, que experiencia más inolvidable.  Una de las tantísimas cosas que me motivó a venir a vivir a España, era tener a Europa tan cerca e intentar aprovechar esta oportunidad y poder viajar y conocer el viejo continente.  Durante los años que estamos viviendo aquí, hemos aprovechado esta oportunidad muy poco, viajecitos muy cortos y el más interesante y menos organizado fue en el 2008 cuando fuimos con mis papás a Chiavari (Génova-Italia) en coche “aquí no más a 10 horas” nos dijeron, aunque fueron 14 horas o algo más, pero valió la pena.  Es verdad que también hemos ido a Perú y eso también cuenta, sobre todo en el presupuesto, pero bueno, siempre me quedaba esa espinita de poder viajar por Europa.  Uno de mis principales destinos es Alemania.
Este año, así como “propósito de año nuevo” era viajar todos juntos a Alemania y la ciudad elegida ha sido Berlín.
Hoy (22/04) estamos ahora mismo en el avión, disfrutando del vuelo.  Los boletos los compramos en febrero, con mucha anticipación para mi gusto.  Han pasado muchas cosas estos meses que nos tenían preocupados revisando si al final podríamos hacer el viaje.  Pero finalmente se dio.  La noche anterior, con mucha tensión y dando muchas vueltas en la casa y abriendo y cerrando cajones sin cansancio, dejamos las maletas listas.  Pero ¿para qué dormir si a las 3.30 nos tenemos que levantar? No importa, aunque sea dormir unas 3 horas, algo bueno hará.  Hemos salido de casa a las 4.30 de la mañana con mi papi rumbo a la estación para tomar el bus a Barcelona, desde donde sale el vuelo a Berlín.  Aún estaba oscuro y nosotros ya estábamos sentados en el bus, con la ilusión que se nos salía por los ojos.  ¡Imposible dormir con tanta adrenalina!  El conductor del bus muy ameno, iba hablando con los coches que pasaban, los camiones que se cruzaban, comentando con todos, es que estábamos sentados en la segunda fila.  Los chicos bien, Alberto tan pronto pudo saco su videoconsola y se puso a jugar, Aitana luego de llorar porque el abuelo no venía con nosotros y hablar un poco de la oscuridad de la noche se quedó dormida, Jorge dormía también o quizá sólo descansaba con los ojos cerrados y yo pues los miraba y admiraba con una felicidad que no puedo describir con palabras.  En el bus había wifi, así que aproveché el silencio de la noche y la familia en lo suyo para responder algunos mails que tenía retrasados y debía las respuestas.  ¡Aún me quedan muchos!  Después de la primera parada ya llegar a Barcelona parecía que sería inmediato hasta que caímos en el tráfico normal de la ciudad y el conductor sacó a relucir sus mejores expresiones mañas (de Zaragoza) y criticar a los conductores, el tráfico, las calles y más.  Yo sólo veía como iban pasando los minutos y sabiendo que tan pronto lleguemos a la estación, teníamos que comprar los boletos de “cercanías” hasta el aeropuerto.  Con los boletos en la mano nos dicen “por la vía 9 y sale en 6 minutos”.  Teníamos muy pocos minutos para alcanzar al primero que era el ideal.  Al bajar, por el rabillo del ojo alcancé a ver “aeropuerto – 9” y dije ok estamos bien.  Corrimos y llegamos a tiempo a una vía 9 llena de gente.  De todas maneras preguntamos y nos dijeron que estaba bien.  Llegó el tren, nos subimos con maletas y todo, bien sentados y respiramos que el primer transbordo había salido bien.  De pronto un hombre sube al vagón y nos pregunta “¿aeropuerto?  Nosotros le respondemos “sí” y él insiste “¿aeropuerto?” y nosotros asombrados decimos “sí, al aeropuerto” y el hombre ya con otra cara dice “este no, el siguiente, este a …” y nosotros con una cara que no puedo imaginar, ya sentados miramos y nadie tenía maletas y una chica dice “este no va al aeropuerto, va a …” ¡Oh no! ¡Nos tenemos que bajar ya!  Cogí a Aitana de un brazo, entre los tres empujamos las maletas, este señor que nos había avisado nos ayudó y cogió la puerta para que no se cierre y cuando estábamos abajo, el tren cerró puertas y partió.  Este hombre, literalmente caído del cielo, bajó con nosotros y se quedó a nuestro lado.  Le agradecimos, nos salvó.  Miramos los carteles y otro hombre nos explicó que unos minutos antes habían cambiado a la vía 10 (al lado).  Con la mirada intentamos buscar a ese hombre que subió al tren especialmente para hacernos bajar.  Lo vimos entre la gente y luego no lo vimos más.  Tenía unas ganas de ir a abrazarlo y agradecerle.
Ya en el tren, los tres comentamos como ese hombre nos había salvado el viaje.  Si nos hubiéramos equivocado de tren no nos hubiera dado tiempo para llegar a tiempo al aeropuerto.  Teníamos los minutos exactos para llegar a todo “justo a tiempo”.  Ya me conocen y saben que siempre que viajo, ando pensando que me pueden pedir algún papel que no traigo o alguna cosa que puede complicar el viaje, pero después de este momento, sentí un escalofrío que me recorrió el cuerpo.  Recordé que no estamos solos.  Que nuestros ángeles siempre nos están cuidando y guiando.  Me sentí reconfortada y también sentí la seguridad que todo iba a salir bien.  Era la señal que esperaba para calmar mis angustias documentarias y viajeras.
Llegamos tranquilamente al aeropuerto, luego tomamos el buz “lanzadera” que nos llevó hasta el terminal que nos correspondía.  Qué buen día, el bus nos dejó justo al lado de la zona donde nos teníamos que registrar, una maravilla.  Había muy poca gente en el aeropuerto, todo tranquilo.  Nos registramos y entramos directamente a la zona de embarque.
Nos costó un poco pasar los controles típicos de los aeropuertos.  Realmente fue porque olvidamos que teníamos en la mochila una botella de refresco “para luego” y porque Aitana se resistía, insurrecta ella, a pasar por el arco de seguridad.  Ya habíamos pasado todos, pero ella venga a toquetear el arco y a resistirse pasar mientras los controladores decían que no tocará y que si no, no pasaba.  ¡Qué horror, qué stress!  Al final, mientras Jorge sacaba el refresco de la mochila y se deshacía de él yo insistía con los controladores que debía de haber alguna otra manera de que una niña de 2 años pase.  Finalmente me permitieron cargarla y que pase en brazos.  ¡Qué minutos tan poco emocionantes!
Ya en el aeropuerto y antes que nada más, nos fuimos en búsqueda de nuestra sala de embarque para finalmente descansar, ir al baño, desayunar y esperar tranquilamente nuestro vuelo.
Así lo hicimos, nos relajamos un poco hasta que llegó el momento de subir al avión.  Oh, que descarga de adrenalina y emoción.  Ya en nuestros asientos, el avión tardó mucho tiempo en partir y Aitana y Alberto perdían la paciencia.  Una de aburrimiento absoluto y el otro por no poder conectar la consola. ¡El avión ya se mueve, mira por la ventana!  Aitana miraba por la ventana, pero el avión sólo se movía poco y lento.  Mucho rato más tuvimos que esperar hasta que nos pusimos en posición de despegue.  ¡Ya se escuchan las turbinas! ¡Ya vamos a despegar!  La cara de Alberto y Aitana, no tenían precio.  La emoción que transmitían era increíble.  Es que, no hay mastercard que pueda pagar esos sentimientos de satisfacción.
Hace un rato hemos comido el bocadillo y refresco que nos ofrecieron.  Alberto ya duerme, está agotado y Aitana quiere jugar y jugar con su bolsa sorpresa que le han dado en el avión.  Ella que sí durmió en el bus, está fresca y radiante.
En menos de una hora llegaremos a Berlín y estoy segura que lo que vamos a sentir será muy especial.  Este viaje tiene  muchos significados personales para mí, metas, sueños, proyectos.  Además veremos un país y una ciudad que es muy diferente a lo que conocemos.  He tenido la oportunidad de venir veces antes y me he quedado prendada de esta ciudad.  Espero que a los míos les cause el mismo efecto positivo.
Ya les seguiré contando como fue el resto del viaje y las buenas amigas con las que me reuniré después de muchos años.

lunes, 16 de abril de 2012

Qué fácil lo veía antes

Antes, qué fácil veía la vida.  Cuando era pequeña y todavía estaba en el colegio, la vida adulta parecía tan fácil, tan fácil que todo fluía por los cauces correctos y adecuados sin mayor esfuerzo aparente.  Recuerdo que cuando estaba en primaria con unos 10 años, veía a las que ya terminaban el colegio, con 17 años, tan adultas, tan preparadas para salir a la vida, al mundo real.  Pero cuando me tocó a mí salir del colegio me sentía tan pequeña, tan temerosa de salir al mundo y empezar una nueva etapa.  Pero con esa edad veía a las personas de unos 30 años tan adultas, tan maduras, tan sabedoras de lo que tenían que hacer y saber exactamente qué hacer.  Y me tocó llegar a los 30 y sentirme aún niña, que todavía me falta mucho por aprender para saber cómo tomar las mejores decisiones, todavía me falta un abrazo y un consejo para saber qué hacer.
Entonces pienso, ¿cuándo llegará el momento o a qué edad sentiré que realmente ya sé qué hacer con mi vida y por lo tanto con la vida de los que dependen de mí?  ¿Llegará ese momento?  O simplemente un día miraré hacia atrás y veré como han pasado los años y veré también las consecuencias de mis decisiones y tendré que asumirlo.
Tengo la idea que este año es muy importante para el futuro.  En general, ya saben que pienso que todo lo que nos pasa, nos pasa por algo bueno y para mejor.  Juntando estas dos ideas, y a pesar de cómo se ven las cosas hoy mismo, pienso que este año es muy importante y adecuado para tomar decisiones para los próximos años.  Lo que pasa es que me asusta no saber qué hacer o para donde tirar, como dicen por acá.  ¿Qué será lo mejor para mí? Y ¿para mi familia?  Hay tantas opciones, que por ahora y hasta tener algo más en claro, me reservo mi derecho a la intimidad.  No por nada en especial, ni por ninguna superstición, simplemente porque tengo tantas ideas en la cabeza, tantas posibilidades, alternativas, tantos sueños que aún no sé qué camino seguir o que alternativa tomar.  Y está claro que una vez que las ideas estén claras, tampoco significa que saldrá todo como uno lo imagina.  Es cuando luego de tomar una decisión, la ponemos en práctica y la realidad empieza a afectar de una manera u otra y nos hace seguir con la vida tal cual toca.
Cuando tomamos la decisión de venir a España teníamos varios sueños, metas que al inicio parecía que se iban concretando, con mucho trabajo y esfuerzo.  Hoy mismo las cosas han cambiado y finalmente no es como lo planeamos o esperamos.  Supongo que, como todo en la vida, algo tenemos que aprender de esta etapa y que nos ayuda a recordar que no podemos quedarnos estancados en la vida, que siempre tenemos que ir reinventándonos para las nuevas situaciones.  No sólo reinventarnos como personas, también como trabajadores, padres, pareja.  Ver que es lo nuevo que podemos hacer para mejorar y seguir avanzando cada día.  Reconozco que hay etapas que avanzamos muy rápido, que todo parece fluir muy fácil y otras es un poco cuesta arriba.  Estamos pasando un momento “cuesta arriba” pero como toda cuesta arriba llegará la cima y podremos mirar hacia atrás y valorar el esfuerzo y luego ver con mayor claridad lo que viene delante.  Pero para eso necesitamos esforzarnos y tomar las decisiones adecuadas, jugar nuestras mejores cartas y esperar que nuestra buena estrella y Dios nos sigan acompañando guiando en el camino.
¿Cómo saber qué hacer?  Es verdad que cuando necesitamos tomar una decisión son muchos los factores que analizamos.  Pero como saber realmente si estamos haciendo el análisis correcto, si lo que decidimos dará los resultados que deseamos o necesitamos o será un paso atrás o retroceder o no mejorar como uno espera, desea o necesita.  ¡Qué stress!  ¡Qué fácil era antes!  Qué fácil era preocuparse sólo por sacar buenas notas, tener algún plan con las amigas y poco más.  Qué fácil se veía todo hace tantos años cuando pensaba en el futuro y cuántas dudas tengo ahora sin tener del todo claro el presente y menos el futuro.
Todo lo dejo en TUS manos, se nos iluminarás para tomar las mejores decisiones y optar por el mejor camino.  AMEN