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martes, 31 de diciembre de 2024

De vuelta

… y espero que sea por mucho tiempo.

Durante mucho tiempo he estado lejos del teclado, de mis notas y bloqueando mis pensamientos e ideas. En mi cabeza había demasiado ruido y no lograba descifrar qué me decían. Y no es que ahora se hayan callado, pero, por fin, puedo entender mejor lo que dicen y, sobre todo todo, ya no hablan todas a la vez y a gritos, ya hay armonía.

Cuando estás así y tienes tantas cosas en la cabeza, cuesta priorizar lo que hay que hacer en cada momento, cada día. Bueno, como a todos, se nos van presentando nuevos retos, algunos nos hacen apretar los dientes, tomar aire, secarte alguna lágrima, aceptar y actuar y el tiempo te va demostrando que algunas veces es lo mejor que te puede pasar.

Y, aunque decía que el ruido se ha organizado mejor, ya tiene un idioma que reconozco, un ritmo que a veces me permite bailar y disfrutar, aun me cuesta coger el boli otra vez y empezar a escribir, organizar las ideas con un orden lógico, que transmitan un poco de mi, de mi vida y mis experiencias.
La lluvia de ideas, a ratos, se hace tormenta, con rayos y truenos y es como intentar salir sin paraguas, no sabes cómo, pero hay que hacerlo. 

Durante esta (larga) temporada alejada han pasado muchas cosas en mi vida, personal, familiar y profesional. Y enfrentando y asumiendo lo que toca con la mejor actitud, como siempre y para todo.

Algunos cambios son más fáciles de “implementar” que otros, unos cuestan algo más, hasta algunas lágrimas, pero lo bueno es el punto en el que ya estamos, cuando todo empieza a tener sentido, el agua vuelve a su cauce y vuelve la paz a la mente y al corazón.

Como toda etapa de cambio descubres a personas y otras se descubren. 
Se cae ese filtro “embellecedor” con el que veías a algunas personas y ves con claridad lo que hay en verdad, la cara sin filtro, sin máscara, sin maquillaje. 
¿No te ha pasado alguna vez que ves la foto de alguien y cuando la ves en persona no te queda claro si es la misma persona hace 20 años o su hermano/a pequeño/a o la vecina de enfrente? Pues algo así, se cayeron las máscaras y todos estamos sin maquillaje, tal cual.

Lo que sí hay que resaltar es que descubres a más personas increíbles, que sí valen la pena. Además, regresan personas de tu pasado, de alguna vida anterior, que te hacen retroceder emocionalmente a otras etapas más "fáciles" y valoras esas amistades verdaderas a pesar de los años.
Y, por otro lado, confirmas tristemente algunas de tus sospechas y aceptas que con algunas personas, “más lejos, mejor”.

Por ir resumiendo, así han sido mis últimos años en silencio, pero aquí estoy de vuelta, renovada y recargada, como una ExWoman (de los X-Men).

Mis propósitos para el 2025 aún los estoy escribiendo. Tengo varias ideas y propuestas, pero no quiero rellenar una lista a lo loco, quiero una lista que sea real y verdadera y que sea posible cumplir. ¿De qué me sirve una lista de imposibles, que sólo me causarán frustración y decepción al final del año?

Aquí estoy, de vuelta. Espero que quieras seguir acompañándome en esta aventura, como mi vida misma.

¡¡¡Feliz 2025!!!

Que no te falte salud, trabajo, mucho amor verdadero y lo que necesitas para ser un poco más feliz cada día.

... hasta la próxima.

viernes, 4 de mayo de 2012

Echando raíces

¿Cuándo podemos decir que estamos en el lugar exacto donde nos sentimos realmente a gusto con nosotros mismos, con nuestras vidas como para echar raíces y desear no movernos más?
Aunque realmente pienso que esa sensación no llegará jamás pues siempre deseamos algo más, queremos un poco más de la vida y por lo tanto queremos ir avanzando, creciendo, desarrollando y estamos en la eterna búsqueda de la felicidad y satisfacción absoluta.  Pero quizá si nos sentimos muy bien durante una buena temporada ya podemos sentir que, en ese aspecto de la vida, hemos encontrado la felicidad y podemos establecernos.
Recuerdo una conversación con una amiga del colegio.  Yo todavía vivía en Lima y ella llevaba varios años viviendo en Alemania y un día mientras hablábamos de nosotras y nuestras vidas me dijo que a pesar del tiempo que iba viviendo en Alemania, aún no sentía que ese era “su lugar”, ese lugar para poder echar raíces y querer establecerte para siempre.  Que sentía que todavía tenía que seguir buscando “ese” lugar adecuado para ella, sus planes, sus sueños.  Luego vivió una temporada en España y finalmente ahora está en Lima otra vez.  Hoy me pregunto si finalmente encontró “su” lugar o si todavía tiene la necesidad de seguir buscando.
Es complicado ¿no?  Mientras estás solo, eres más libre para arriesgar, coger tus cosas e ir de acá para allá, planteando nuevas metas y persiguiendo los sueños, sintiendo que no tenemos límite porque el propio mundo no tiene límites.  Si llegas al final siempre puedes volver a empezar, así hasta que llegues al lugar adecuado.  ¿Pero qué hacer cuando tu decisión afecta también la vida de más personas?  Ya no es tan fácil arriesgar.  Ya tienes que pensar que todos se tienen que sentirse mejor y sobre todo, mejor que ti misma, porque ellos son los que te siguen, son los que creen en ti.  Te vuelves, un poco, la guía en la vida y cargas con una responsabilidad muy pesada sobre las espaldas.  Cargas con la responsabilidad que esas ideas que tienes, tienen que tener buenos resultados, o por lo menos mejor que los problemas.  Cargas en tus hombros cualquier suspiro o silencio asumiendo que son señales de pena o melancolía.  Es tan difícil.
Deseamos una vida mejor.  Analizamos la que tenemos actualmente y algunas veces consideramos que es necesario que hagamos cambios para que las cosas puedan mejor.  Aunque a veces no es sólo que analizamos, si no que van pasando cosas que te obligan o te hacen sentir la necesidad que hay que hacer algo para salir adelante.  Pero entonces nos preguntamos ¿qué tenemos que hacer?  ¿Hasta dónde tenemos que llegar?  ¿Qué pasaría si…?  Pero no tenemos respuestas.  Sólo una frase que hace unas semanas me dijo una amiga “el que arriesga gana, más grande es el riesgo, más grande es la victoria”.  No me puedo quitar esa frase de la cabeza, mientras tengo miedo de pensar o analizar todas las ideas que pasan por mi cabeza.
Si luego de leer esto, concluyes que ya sabes lo que haré, casi te digo que no acertarás.  O quizá sí, sólo que yo, hasta ahora no sé qué hacer ni que sería lo mejor.  Sólo sé que esta semana por algunas cosas que han pasado, he visto otra vez la luz y la esperanza.  He recuperación la ilusión y esperanza creyendo que las cosas sí podrían cambiar y ser mejores.
Sólo sé que este es un año de cambios.  Tenemos que ajustar muchas cosas, valorar las cosas buenas que tenemos que realmente valen la pena.  Descartar las cosas que nos quitan tranquilidad y nos causan inseguridad.  Creer que todo puede ser mejor.  Siempre intento estar preparada para las circunstancias importantes que se van presentando, es decir tener un plan b, c, d… z… los que sean necesarios, para tener una idea de cómo actuar en determinados momentos.  Muchas veces tengo más planes de los necesarios y las circunstancias se acomodan de tal manera que podemos seguir adelante.
En fin, según los cambios vayan sucediéndose o estableciéndonos más, ya les iré contando.  Ya veremos que dice la vida y el destino, cuando finalmente echaremos raíces emocionales y físicas.
Estas etapas de incertidumbre desgastan mucho nuestra energía.  Nos agota emocional y psicológicamente.  Me gustaría ver en un sueño que sería lo mejor que se puede hacer, que mis señales sean claras para poderlas seguir con seguridad.  Así es la vida.  Finalmente siempre está llena de sorpresas y hagamos lo que hagamos nunca sabremos donde estaremos mañana ni que vayamos a hacer pero finalmente tenemos que aprender a pasar, sobrellevar y si es posible hasta disfrutar de estas etapas, que como todas, algo bueno nos dejará.

sábado, 3 de marzo de 2012

Tanto queda por aprender

Después de tantos años viviendo en España, aunque lo de “tantos” es muy relativo.  Para algunas personas 6 años les puede parecer como “sólo 6 años” y a otras les puede parecer una eternidad, esto es como todo, depende quien lo mire y con qué ojos.  Pero como decía, llevo tantos años por aquí que he tenido la oportunidad de aprender muchas cosas, aprender de las personas, de la vida, del trabajo, de la sociedad, creo que no es posible terminar de enumerar todo lo que uno aprende sólo con cambiar de país y eso que España es bastante latino, de algún sitio hemos heredado muchas costumbres.
He tenido que aprender otro idioma, “español de España”.  He dejado de utilizar el “ok” como conformidad y empezar a usar el “vale”.  Al caerme sentada, ya no me caigo de “poto” si no ahora me caigo de “culo” aunque me duele la misma zona del cuerpo.  También he aprendido a expresarme diferente sobre todo sin esa forma tan latina que tenemos de enrollarnos como persianas para dar una respuesta, ahora intento ser más concreta “sí” o “no” sin dar muchas explicaciones, salvo que sea estrictamente necesario.  Me he topado con algunas personas tiene una manera muy clara de demostrar que con una respuesta clara y concreta les es suficiente y que el rollo siguiente no les interesa.  Me he tenido que acostumbrar a que los domingos no abren los centros comerciales, tiendas, bancos ni nada.  Más aún, que los bancos sólo están por las mañanas, salvo un banco en algún centro comercial que también está por las tardes.  Para lo demás tienes que organizarte bien o dejarlo para el sábado.  Por otro lado, ahora conduzco con mayor tranquilidad y menos agresividad.  No tengo que ir a la defensiva intentando que un taxi o combi me cierre el paso de pronto o evitar caer en algún hueco.  Vas más tranquila, aprendí el significado real de las líneas en las pistas, cada uno en su carril y hay que respetarlo.  También voy más tranquila por la calle, aunque la paranoia es difícil de perderla.  Cuando siento que alguien viene detrás inmediatamente me giro, mis sistemas de seguridad y autoprotección se ponen en alerta y mi paranoia se activa, bajo la velocidad al andar, me hago a un lado y simplemente dejo pasar a la persona, respiro profundo y sigo andando.  Es una pena que esas cosas no las podamos apagar con un switch de la cabeza y estar relajada.
También he podido conocer muchas personas y con una forma de pensar diferente a la nuestra, está claro que todos pensamos diferente, pero a pesar de ser de cultural similares hay muchas cosas que nos diferencian.  Cuando recién llegué, a las personas que conocía llamaba mucho la atención o a algunas personas les costaba entender cómo había podido dejar mi país, mi familia, mis amigos, mi entorno para viajar al otro lado del mundo y empezar una nueva vida aquí.  Intentaban plantearlo como una alternativa para ellos mismos, pero no lo veían posible.  Luego entendí que los latinos tenemos siempre la idea y posibilidad de migrar en la cabeza, es algo que viene con nosotros, en nuestro sistema operativo, es una alternativa que siempre tenemos, como un plan B.  Es algo que lo llevamos dentro, no sé por qué, quizá tenga ver con la situación política-social-económica de nuestros países y que se transmite de generación en generación y siempre tenemos esa puerta abierta.  Aquí en España se escucha ahora a más personas que ya consideran salir de España en busca de trabajo y mejores alternativas, como nosotros.  De todas estas personas, hay tantas que son tan abiertas y amablemente te permite entrar en su entorno y así empezamos a hacer nuevos amigos.  Todos tenemos que estar abiertos a conocer nuevas personas y de todas estas personas nos quedaremos con pocos nuevos amigos.
Puedo decir rápidamente que la vida fuera de nuestro país es dura o difícil porque necesito de mi familia o amigos en determinados momentos, pero también me ha enseñado a buscar dentro de mí la fuerza necesaria para salir adelante, para intentar hacer realidad los sueños y metas que me voy planteando en lo que llevo de vida y poder afrontar todos los problemas y dificultades que se han ido presentando a lo largo del camino.  Me ha enseñado a estar y mantenerme más unida a Jorge y los chicos.  Agradezco también a Dios y a la vida que mis padres también están acá.  Somos una familia y finalmente nos tenemos los unos para los otros y eso se aprende sólo viviendo la vida.
He aprendido mucho, muchísimo de la sociedad, de la particular forma de ser y llevar la vida, además he aprendido mucho de las personas de su forma de ser.  He aprendido el valor de la lealtad y amistad verdadera.
Todavía queda tanto por aprender.  Nunca terminaré de aprender de cada situación que vivo y de cada persona con quien me topo.  De las personas intento sacar lo mejor, lo que me puede servir como ejemplo para intentar ser mejor cada día, pero tristemente también nos topamos con personas que nos sirven de ejemplo de las cosas que no debemos hacer, que no debemos repetir.  También tenemos que agradecer por encontrarnos con estas personas porque también nos enseñan de qué manera no debemos ser o de qué manera no debemos actuar.
De las situaciones aprendo cada día la causa, su efecto y las consecuencias.  Aprendo que me afrento día a día a muchas situaciones y muchas veces voy superando problemas que en un inicio pienso que no seré capaz o dude de mi propia fuerza interior.  No dejo de luchar y seguir planeando y teniendo planes, pero también pienso que si las cosas no salen como yo quiero o pienso será lo mejor, es porque Dios tiene preparado algo mejor para mí y tengo que tener paciencia y seguir luchando por mis sueños que todo se irá acomodando para que todo fluya como tiene que ser para tener una vida tranquila.
No dejaré de tener planes, de aprender de la vida y las personas que conozco, de vivir cada día disfrutando como si fuese el último e intentar que mañana sea mejor que hoy.

domingo, 5 de febrero de 2012

Tiempo de cambios

Con relación a la publicación anterior “Quiero ser hippie” y luego de releer la publicación y los comentarios públicos y privados me atrevo a enlazar esta publicación y continuar un poco con este tema.
Las personas estamos buscando constantemente la fórmula para vivir mejor.  Como todo, el estilo de vida son de las cosas que muchas veces queremos cambiar, ya sea por aburrimiento, rutina o quizá porque salimos de casa, de nuestra ciudad, de nuestra rutina y pudimos ver otra forma de vivir completamente diferente a la nuestra.  Claro, lo vemos todo desde un punto de vista de “fin de semana” o de “vacaciones”.  Todo se ve muy divertido e ideal para hacer un cambio de vida, pero no es lo mismo lo que vemos en muy pocos días de descanso que vivir cada día de esa manera, sea la que sea.
Mi sueño es una vida más rural, más natural.  Una vida donde los chicos puedan salir y correr tranquilos, jugar con los vecinos, donde además de trabajar pueda hacer otras actividades que me gustan y me llenan.  Es que tengo un par de fotos imaginarias en la cabeza, una sería en una casa de piedra y madera, todo muy natural y yo en invierno sentada al lado de una chimenea viendo por la ventana y tener de vista un paisaje natural escribiendo el blog u otra foto sería en una terraza viendo la inmensidad del mar en una tarde verano.  En fin, como decía antes, intentar una vida más natural, pero son sólo sueños y deseos, porque también hay que pensar en la educación de los chicos, que hayan colegios y universidades cerca, posibilidades para que se puedan desarrollar regularmente.  No puedo sacrificar su futuro por una idea, sobre todo cuando ahora lo que más me interesa es su futuro.  Son tantas las cosas que hay que pensar.  Uno no puede coger, cerrar el chiringuito o kisoko e ir detrás de un sueño, así a lo loco.  Hay que tener trabajo y trabajar cada día para que los sueños se hagan realidad.  Entonces dejas de soñar, aterrizas en esta vida que tenemos y dices, ahora no es el momento.  Todo se resuelve en sueños.  O como me decían en uno de los comentarios, son de los sueños que dejamos para la jubilación, si la vida nos lo permite.
Por otro lado, buscando alternativas pues siempre nos queda la posibilidad de coger lo que necesitamos de las ciudades e intentar vivir en las afueras y así poder tener a la mano lo que necesitamos. 
Por otro lado y en mi búsqueda de por qué andamos siempre buscando cosas nuevas, encontré una de las posibles causas y es que soy de la idea que nuestra vida se divide en etapas.  Algunas etapas son de siembra, otras de cosecha y otras de espera.  Es decir, tenemos etapas que vamos sembrando o invirtiendo para futuro.  Durante esa etapa quizá no podemos cosechar los frutos de nuestro esfuerzo actual, sólo vamos sembrando y sembrando.  Luego vienen etapas de cosecha, donde vemos los resultados de nuestra etapa anterior.  Todo ese esfuerzo invertido que ahora nos da los frutos de una forma equivalente al esfuerzo y dedicación que le pusimos.  Luego viene una etapa más neutra, de espera, en la cual terminamos de cosechar los últimos frutos retrasados y tenemos que esperar que nuestra tierra se recupere para volver a sembrar.  Todos son ciclos y si observamos hacia atrás nos daremos cuenta que tenemos ciclos, uno mejor, otro regular y otro no tan bueno (ni regular).  Así vamos aprendiendo de todo en nuestra gran etapa que es nuestra vida.
Según en qué etapa nos encontramos son nuestros deseos de hacer cambios, buscar nuevos retos, quizá es el momento en el que nos planteamos nuevas metas, estamos cargados de energías por intentar mejorar nuestro día a día y futuro.
Quizá ahora estoy en esa etapa con mucha energía deseando hacer pequeños, pero significativos cambios en mi vida y entorno para sentirme mejor y sentir que avanzo y creer que es algo bueno para mí y mi familia.  Ahora es el momento de pensar bien cada jugada, cada paso y adelantarse a las posibles consecuencias porque cuando toque cosechar es lo que vendrá.
Así que sólo decir que hay que mirar y analizar en que etapa de su vida estamos, analizar lo que deseamos, soñamos y podemos hacer para ir avanzando que finalmente eso es lo importante siempre avanzar y mejor, a veces un poco más lento, otra parece que muy rápido, pero todo son etapas y como siempre, todas las etapas pasan.
Ahora me quedo tranquila con lo que tengo, quizá con la idea más realista que si hay que cambiar de piso, intentar buscar algo en las afueras que me pueda ofrecer eso que creo que es lo que me gustaría.  Pero claro, hasta no probarlo, ¿cómo saberlo?

domingo, 29 de enero de 2012

Quiero ser hippie

Sí! Decidido! Quiero ser hippie!  Quiero vivir en algún pueblo remoto, en una casita de piedra y madera con una chimenea, tener un ritmo de vida tranquilo y relajado, disfrutar de la vida, de mis hijos, de mi familia.  Vivir en armonía con la naturaleza, cocinar comida saludable para mí y los míos, hacer yo misma los postres y mermeladas.  Quizá hasta tener mi pequeño huertito y cultivar mis verduras de temporada para la comida de cada día o para cambiar con los vecinos.
Quisiera poder desaprender a vivir de esta manera porque sería la única forma de poder cambiar de vida sin extrañar las comodidades de estar otra vida.  Tendría que desaprender la necesidad con la que he crecido, que es necesario el dinero para vivir bien, sin mal interpretar que sea “sólo por dinero” sino me refiero al dinero aquel que se necesita cada mes para poder pagar las facturas.  Quiero trabajar, no es que quiera dejar de hacerlo y pienso que tampoco podría vivir sin trabajar, ni mi mente ni mi economía podrían sobrellevarlo, pero anhelo más de la vida.  Que las preocupaciones no sean el dinero que falta para llegar a fin de mes, para pagar facturas o para pagar un piso hipotecando mi vida y mis sueños por los próximos 30 ó 40 años.  Aunque igual y conociéndome, ya tendré cosas de que preocuparme o quizá hasta en las mismas.  Yo no sé.  Sólo sé que la vida, realmente, no es tan fácil, pero tampoco está mal intentar vivirla de la mejor manera posible.
En la televisión hay un programa que cuenta historias de personas que un día decidieron dejar una vida acomodada en las grandes ciudades y cambiar de yendo a algún pueblo y empezar otra vez una nueva etapa.  Está claro que los casos se que ven son de personas que están muy felices y no se arrepienten de haberlo hecho.  Hay de todo, no? 
También están las personas, a las que podríamos llamar hippies, siempre desde el respeto, por denominarlas de alguna manera.  Yo no quiero ser de esas personas que viven de una manera tan desligada de lo material, además no sé como lo hacen.  He aprendido a tener metas y planes a futuro y esforzarme por conseguirlos.  Entonces pienso que no podría vivir tan desligada de lo material, porque significaría que no tendría metas materiales (además de las espirituales que en esta publicación no estamos analizando).  Es que eso es, no sé como lo hacen, casi no lo puedo imaginar mi vida sin plantearme mejoras y sin saber qué pasará mañana.  Desde fuera todo se ve tan diferente a la realidad.  ¿Qué necesidades económicas tienen? ¿Las cubren? ¿Cómo lo hacen?  A veces pienso que logran vivir sin preocupaciones, al no tener un trabajo-trabajo fichando 8 horas al día, aunque igual muchas veces metan más de 8 horas al día, tienen otra forma de ganar el dinero necesario para vivir, para estar tranquilos a su ritmo y estilo, pero lo dicho, realmente no sé como lo hacen.  Muchas veces tienen hijos y enseñan y transmiten esos mismos valores, pero no sé como lo hacen.  Yo no dejo de pensar en el mañana, viviendo el presente, intentando hacerlo lo mejor posible hoy para que el mañana sea mejor.
Parte de mi preocupación es ver que a mis hijos no les falte nada.  Ya sé que muchas veces les damos a nuestros hijos más de lo que ellos realmente necesitan para desarrollarse, para estar estimulados, para estar bien y ser felices.  Pero queremos y necesitamos sentir seguridad para transmitir seguridad.
Pero y ¿es que sólo el dinero nos da la seguridad?  Tiene que haber alguna otra manera de vivir sintiéndonos seguros sin tener que preocuparnos tanto por el dinero, el trabajo, el desempleo, el paro, la crisis, los políticos y tantas cosas secundarias que nos afectan tanto nuestro día a día.
Es verdad que me gustaría hacer algunos cambios, pero la verdad es que tampoco conozco otra forma de vivir y como no la conozco, tal vez estoy idealizando mi sueño e idea pensando que será mejor que esta vida.
Tengo tantas ideas, que son sueños, del tipo de vida que quisiera para mí y mi familia.  Pero la imagen que tengo de una vida en un pueblo lejano, tranquilo ¿existe en realidad?  Sería capaz de aguantar una vida así?  Es que tampoco sé cómo es “así”.  Porque igual tendría que seguir pagando facturas, el agua, la luz, el internet, los móviles, la calefacción, porque claro, irme a un lugar más tranquilo no significa no tener comodidades.
En fin, seguiré con mis sueños, porque así es la vida, llena de sueños e ideas, algunas veces tenemos el valor suficiente y las hacemos realidad, otra veces sólo seguimos soñando con ellas, esperando que algún día les toque su turno o pertenezcan a nuestra larga lista de sueños pendientes de cumplir.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Un día como hoy…

Pues sí, un día como hace seis años empezó una nueva etapa en mi vida.  En el año 2005 pasaron muchas cosas que lo hicieron que sea especial, diferente, un año de cambios.  Ese año decidimos, Jorge y yo casarnos y lo hicimos, pero pocas semanas antes mi Papapa Dante se nos adelantó y su alma se reunió, finalmente con su mamá, familia y amigos, pero sobre todo con mi Mamama Iris y ya lo último fue venir a vivir a España.  Un día como hoy, el 26 de Noviembre del 2005 me subí al avión con Alberto, cargados con las maletas llenas de cosas que pensábamos podríamos necesitar, lo que teníamos, recuerdos que queríamos tener cerca.  ¡Tantas cosas!  Tan poco espacio.  Tantos sentimientos que ahora, después de seis años percibo diferente.
Mis maletas, además de cosas materiales venían cargadas de ilusiones, temores, ideas, sueños.  Alberto y yo llegamos a Madrid.  Ahí nos esperaban mi hermano “Motas” y la tía Rosi, infaltable.  Conversamos un poco en el aeropuerto, sólo recuerdo la adrenalina!  Nos subimos al coche que le habían prestado a Motas, escuchamos las indicaciones de la tía Rosi para salir del aeropuerto y coger el camino a Zaragoza y empezamos el camino. ¡A Zaragoza!  Antes, en el año 1993, yo había estado una vez en Zaragoza con mi mami, sólo por unas horas y de compras.  Mis recuerdos sobre la ciudad sólo eran de la Virgen del Pilar y su plaza.  Pero ahora era momento de descubrir otro lado de la ciudad, ahora tenía que convertir Zaragoza en MI ciudad, para mí y mi familia.
Tomamos camino hacia Zaragoza o eso era lo que planeamos.  Pero claro al no tener una idea clara del camino y del rumbo a seguir fue difícil saber qué salida de Madrid había que tomar.  Llamamos a la tía Rosi cuando ya estábamos completamente perdidos y nos ayudó a salir.  Fue muy divertido.  No recuerdo cuanto duró el trayecto de Madrid hacia Zaragoza, pero ahora que conozco el camino y sin contar el tiempo que dimos vueltas me imagino que fueron unas cuatro horas.  Todo el camino le vine contando cómo había dejado a la familia y a Lima y los planes para el futuro.  El plan más inmediato era conseguir el certificado de empadronamiento para mandarlo a Lima para que Jorge pueda tramitar el visado en el Consulado Español en Lima. 
Al día siguiente, pronto por la mañana Motas nos despertó para que salgamos a buscar los papeles.  A la primera no pudimos tener el empadronamiento, pero ya al día siguiente sí y luego nos fuimos a la Seguridad Social y terminar todos los trámites necesarios.  Cuando ya teníamos los papeles listos, pensamos que la forma más rápida y segura de enviar los documentos a Lima era por DHL.  Vinieron a recoger los papeles y nos ofrecieron que máximo en 3-4 días los papeles estarían en Lima.  Perfecto!  La idea es que Jorge pueda llegar a España para pasar la Navidad juntos.
Para variar mi suerte con los trámites y gestiones, entre el fin de semana, el puente de la Constitución y el puente de la Inmaculada y que se “traspapeló” el sobre en Madrid los papeles tardaron casi 10 días, pero llegaron. 
Los primeros días, antes que Jorge llegara se hacían muy largos.  Logré conseguir colegio para Alberto y crear una nueva rutina.  Hacía muchos años que no estaba en casa sin trabajo, así que realmente me tenía que reinventar.  Era casi invierno y el frío tan frío y que se haga de noche tan pronto, hacia que los días se hagan muy cortos, pero las noches muy largas.  Disfrutaba de lo desconocido, veía que todo era tan diferente.  Deseaba que Jorge pueda hacer los trámites lo más pronto posibles y que  llegara.  Mientras iban pasando los días esperaba los papeles Jorge para poder tramitar el visado, luego le dieron el visado y pudo viajar sin problemas.
Recuerdo que Alberto hablaba con ilusión imaginando una “blanca Navidad”.  En Perú la Navidad es verano.  Ya nos habían dicho que en Zaragoza no nevaba.  Pero ese 24 de Diciembre fue increíble.  Una capa blanca cubría toda la ciudad.  ¡Qué alegría las vistas que teníamos desde nuestro balcón!  Fue suficiente para dar ese toque especial que necesitábamos la primera Navidad lejos de la familia, pero en realidad en familia.
Han pasado tantas cosas durante estos 6 años.  Tantas cosas que hemos ido aprendiendo, costumbres a las que nos hemos tenido que adaptar, aunque algunas otras costumbres que mantenemos.  Ahora mismo somos extranjeros en España y en Perú, aunque nos sentimos integrados a la sociedad.  Además de las buenas personas que hemos conocido y que han hecho que la vida por aquí sea más fácil.  Tenemos muy buenos amigos, que algunos son ya parte de nuestra familia.
Durante estos años hemos vivido muchas anécdotas, además de aprender y entender muchas cosas.  Muchas de estas anécdotas están relacionadas con el idioma.  Sí, sí! El idioma.  Aunque, tanto en Perú como aquí se hable castellano, la forma de hablar, expresiones son tan diferentes muchas veces.  Tan diferentes que a veces parece que es otro idioma.  Ahora, y en tono de broma, decimos que hablamos dos idiomas “peruano” y “español de España”.  En un momento Alberto tomó la responsabilidad de ser nuestro traductor e intérprete con otras personas, sobre todo con sus compañeros del colegio y sus padres, para que nos puedan entender sin problemas.  Era muy gracioso tenerlo al lado cada vez y que él vaya haciendo traducción simultánea de las conversaciones.
Gracias España por estos seis años de mi vida.  He aprendido muchas cosas, he conocido muchas ciudades y pueblos.  He conocido a muy buenas personas, algunas que aún siguen a mi lado, he aprendido a ser más tolerante.  He madurado y crecido como persona.  He aprendido a valorar a las personas por lo que realmente son.  Darme cuenta de lo que es importante en la vida y la importancia real de nuestra familia, de mantenerse unida y luego al estar lejos, valorar también a la familia y a los amigos de verdad.
Ya pasaron seis años y casi sin darse cuenta, con muchas alegrías y tristezas, con muchas pruebas y experiencias que sólo enriquecen nuestra vida.  Seguiremos avanzando esperando que cada día sea mejor que el anterior.