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domingo, 25 de mayo de 2025

Vidas en la vida


¿Cuántas vidas puedes vivir a lo largo de tu vida?

Te cuento cómo lo veo yo. 

Tenemos una única vida, eso no lo vamos a discutir, pero yo creo que cada cambio importante, cada etapa relevante es una nueva vida, dentro de nuestra gran vida, sobre todo si tienes que “volver a empezar”, “empezar de cero” o “volver a empezar a pesar de…”.  ¿Alguna vez has pensado en la profundidad y peso de estas frases? Mucho, mucho, muchísimo. Ya te lo digo yo, pesan mucho.

Bueno siguiendo con la idea, volver a empezar manteniendo las experiencias, aprendizajes y responsabilidades de las vidas pasadas, es como reiniciar tu vida, porque es un camino que probablemente no lo tenías previsto o pensado y tienes que descubrirlo sin saber muy bien cómo.

Estoy segura que sería más fácil decir “hasta aquí he llegado”, coger tus cosas y como dicen aquí “aquí os quedáis”.  Dejas todo decidido a empezar tu nueva vida, desde cero, haciendo un borrón y cuenta nueva, sin mayores responsabilidades, deudas ni compromisos. Debería ser posible empezar todas las veces que sean necesarias, pero sin cargas, con el equipaje ligero.  Llegas a ese punto de tu vida y decides conscientemente poner un punto y final a una etapa, empacar tus bragas / calzoncillos, salir por la puerta y hacer hacer un borrón y cuenta nueva y el resto “qué se apañe”.  Eso facilita todo, no? Pero, ¿es posible hacerlo así de fácil?


Hace unas semanas comentaba con mi psicóloga y me vas a permitir hacer una pausa y una reivindicación, recalcando la importancia de la salud mental, tanto como la salud física. Si gastas tiempo y dinero para ir al médico cuando te duele algo, al verte una mancha en la piel o un bulto donde sea o cualquier otro síntoma (físico), también tienes que prestar atención a tu salud psíquica y mental, a los cambios y cómo te afectan. Es tan importante el bienestar de tu cuerpo como el de tu mente. 

Llevo varios meses yendo a terapia porque necesito que me ayuden a entender mi vida, las cosas que me pasan y aprender a gestionarlas.  Además, no sólo se trata de entender, sino de ver qué cambios tengo que hacer en mí para evitar repetir patrones del pasado.

Muchas de las personas que vamos a terapia hemos tomado la decisión de tratar y curar el pasado para tener un futuro mejor.

Ahora, después de mi reivindicación por la salud mental, sigo con la idea que estaba. Le decía a la psicóloga, que cuál es o dónde está el límite entre el punto de tomar la decisión de dejarlo todo y llamarlo “amor propio”, “necesidad de cambio”, “hartazgo”, “derecho a una vida mejor” o lo que sea que se escucha por allí y, por otro lado, egoísmo, falta de compromiso, responsabilidad o abandono.

¿Dónde está esa línea que define una cosa de la otra?

Comentamos y profundizamos mucho en el tema, en los pros, contras desde un lado y desde el otro y al final me dijo que todos tenemos derecho y podemos hacerlo, dejar todo y volver a empezar cuando nos apetezca o sintamos la necesidad, ¡faltaba más, por favor! Sólo tenemos una vida y tenemos que aprovecharla. Pero entre pensarlo y hacerlo, lo que marca la diferencia es cómo lo hacemos.  Y lo que nos define, finalmente, son los valores, compromiso y sentimiento de responsabilidad de cada persona.

Volviendo a nuestro tema original, ¿cuántas veces a lo largo de la vida realmente puedes hacer borrón y cuenta nueva?  ¿Cuántas veces lo piensas? ¿Cuántas veces decides hacerlo? Y, ¿cuántas veces te toca y no te queda más que hacerlo?

Con todas estas preguntas dando vueltas en mi cabeza, pensé cómo aplicarlas en mi misma.  Todas las situaciones que resultaron ser cambios radicales, unas fueron decisiones conscientes de “volver a empezar” y otras simplemente llegaron a mi vida, me la pusieron de cabeza, algunas veces me tocó llorar y otras reir y, en todos los casos, a continuación,  seguir adelante.

Voy a enumerar esos puntos de quiebre que me parecen los más relevantes a lo largo de mis 50 años de vida:

  • Vida 1: 1975 → Nacimiento

  • Vida 2: 1998 → Matrimonio 1

  • Vida 2: 2000 → Viudez

    • Vida 2.1: 2000 → Maternidad 1

  • Vida 3: 2005 → Matrimonio 2

    • Vida 3.1: 2005 → Mudanza a España

    • Vida 3.2: 2009 → Maternidad 2

  • Vida 4: 2022 → Divorcio

  • Vida 5: 2025 → Mis 50 años


Entonces, al parecer llevo unas 5 vidas en estos 50 años, de las cuales, mis matrimonios, mis embarazos y el viaje a España han sido decisiones conscientes.  Con otro matiz, mi viudez, mi mudanza a España y el divorcio considero que fueron puntos finales, puntos de quiebre, de readaptación y resiliencia, pero el nacimiento de mis hijos, por ejemplo, los considero puntos seguidos, son cambios importantes, pero, a pesar de los cambios que implica, estaba preparada o eso pensaba.

Los que me conocen, saben que siempre digo que el cumpleaños es el año nuevo personal de cada uno. Una oportunidad para revisar los propósitos del año, establecer nuevas metas y objetivos personales. Asi que, como hace un par de semanas he cumplido 50 años, estoy aprovechando la oportunidad para tomar la  decisión consciente de volver a empezar.  Me tomo ese derecho de vida, no como un borrón y cuenta nueva, porque así tampoco lo puedo hacer, pero sí como una nueva etapa en mi vida, con nuevas metas personales y profesionales, nuevos límites y sobre todo valorando la energía de las personas que me rodean, con la que me relaciono en todas las formas y con las que mantengo un contacto real y verdadero. 


Ahora pienso, ¿cuántas vidas más me quedarán por vivir?

Sean las que sean espero que sean algo más tranquilas. Pediría que sean más fáciles, aunque no estoy segura si es la palabra exacta para lo que quiero transmitir.  Estas primeras vidas me han resultado algo intensas, drásticas, ahora podría venir una etapa más relajada, con sus subidas y bajadas que si no me aburro, pero ya me entiendes, sin tanto golpe inesperado.


Y, tú, ¿cuántas vidas consideras que has tenido a lo largo de tu vida?


¡Gracias por seguir leyéndome!

Y a todos los que me han escrito preguntando por una siguiente publicación ¡Muchas gracias! No se pueden imaginar la motivación y empuje que siento en sus palabras.

lunes, 13 de enero de 2025

Una despedida a la distancia

Desde lejos, las cosa se sienten de una manera muy diferente. 

Cuando tomas la decisión de dejar tu país y buscarte la vida en otro lugar, tienes que asumir que desde el momento que te subes al avión, o lo que sea, justo desde ese momento te perderás muchas cosas y muchas otras no las volverás a vivir como antes: bodas, nacimientos, celebraciones, muertes y festividades como la Navidad, entre otras.

Hoy me centro más en la muerte.




Estos últimos años he tenido que despedirme de varias personas importantes para mí. Lo que ha sido diferente es la distancia.

Esta es una de las publicaciones que tenía en el tintero desde finales del 2023, esperando darle una vuelta y que vea la luz. Y finalmente ha llegado su momento.

Una amiga muy especial murió en noviembre del 2023. Todo fue rápido, muy rápido, demasiado rápido. Me hubiera gustado tener más tiempo, ser más consciente de lo que estaba pasando y de lo que pasaría. Todos deseamos tener un rato más con esas personas que se nos han adelantado. 

Si alguien muere y estás allí, durante unos días tu vida se detiene, cambia de ritmo, te mueve desde los cimientos y te recuerda, otra vez, que sólo estamos de paso. Vas al velatorio o tanatorio, ves a la familia, otros amigos en común, lloran y recuerdan juntos a esa persona que ya no está.

Pero, ¿qué pasa si estás lejos? Esos días se convierten en momentos intermitentes que avanzan y se detienen, te paras, respiras y piensas. Piensas y recuerdas que estamos de paso, recuerdas a esa persona y que no le podrás dar un último abrazo, aunque unos días antes hablaste con ella y le dijiste muchas cosas. Ahora ya no está más entre nosotros, como otras personas que se nos adelantaron.

Todos buscamos la manera de sentir menos dolor ante estas situaciones. Soy consciente que en estos momentos me vuelvo más racional de lo habitual. Intento ver el lado bueno, que si lo piensas, siempre lo hay. Se acaba el dolor físico para esa persona y su familia y tantas otras cosas más.

Eso en los momentos racionales, pero,  y el resto de esos momentos intermitentes que interrumpen tu rutina diaria y estás a solas o en silencio?

Recuerdo su vida, su esfuerzo, su dolor, sus alegrias, sus logros, sus metas y todo eso que ya pasó. Pienso lo que es justo o injusto y desde mi punto de vista, todo debió ser diferente y se resume en un ¡NO ES JUSTO! A veces, la vida es un caca.

Ella siempre fue una gran luchadura porque la vida no le dio otra opción y después de varios meses luchando contra el cáncer, su cuerpo, finalmente descansó. Nunca se dejó vencer, luchó cada día, día a día, sin perder la esperanza y la sonrisa. Cuando le dijeron que ya no había más que hacer, tampoco se rindió, yo creo que ella no sabía como hacerlo. Se resignó y aceptó que su hora estaba cerca. Preparó y arregló todo. Al hablar con ella te dabas cuenta que ya había aceptado su destino, una vez más, que le tocaba ser (aún más) fuerte.

Prepararse emocionalmente para algo así, si lo piensas bien, tiene que ser muy fuerte preparar a tus hijos, amigos y a ti misma para algo tan definitivo.

A la distancia percibía que se estaba preparando. Recordaba a otra amiga que una vez me dijo que cuando sabes que tu hora está cerca, hay que prepararse. No se trata de perder la esperanza, se trata de aceptar una realidad y aprovechar la oportunidad de hacer y decir lo que es realmente importante, de aprender a despedirse.

Ella aprovechó esa oportunidad y, tengo la sensación que las cosas fueron como ella quería, como lo expresó y organizó.

Aquí comparto una canción que “robé” del perfil de una amiga 2 o 3 semanas antes. La escuché y presté atención a la letra, aunque también tiene un ritmo pegajoso. Te pido escuchar la letra con atención. Quizá conoces ya esta canción, quizá no. Quizá te llamará a la atención hablar del día de la muerte con un ritmo tan alegre. No está mal pensar en eso.

Luego me enteré que durante el velorio de mi amiga pusieron esa canción “porque era la canción de su mamá”.

Dale al volumen, escucha la letra, sigue el ritmo.


Me faltó ese último abrazo en persona, aunque nos lo dimos en las últimas llamadas, videollamadas, audios y mensajes. Esto calma un poco el dolor, pero no es suficiente.

Querida M.K. te recordaré siempre como esa mujer guerrera y luchadora hasta el último dia. Una gran amiga, con un gran corazón. Nunca olvidaré los Zigarrettenpause para hablar un poco y cortar la rutina del día a día en la oficina.

Gracias por tu amistad y ejemplo, siempre estarás en mi mente y en mi corazón.  Miles de besos al cielo!

¡Mientras vivas en los recuerdos de los que te queremos no mueres!

lunes, 24 de octubre de 2016

Un sueño muy real



Anoche fue una de esas noches en las que me fui a dormir más pronto de lo habitual, quise estar en la cama, la primera noche con el edredón de plumas y quería disfrutarlo viendo televisión desde la cama y calentita.

En fin, me puse algún programa en la televisión que ahora mismo ya no recuerdo bien cuál era.  ¿Será que me estoy haciendo mayor? O, simplemente puse cualquier cosa por pasar el rato o estaba cansada y media dormida y por eso no me acuerdo.

Me quedé dormida en algún momento, pero de pronto, y no sé por qué, me desperté sobre las 2 de la madrugada.  Hice un recorrido viendo dónde estaban todos porque Jorge, mi esposo, no estaba en la cama.  Él recién se estaba preparando para irse a dormir.  Apagué la televisión, que aún seguía encendida y media vuelta y a seguir durmiendo.  Como todos, al despertarme, no siempre recuerdo los sueños que tengo y creo que, siempre soñamos algo, sólo que, por lo que sea, algunas veces los recordamos más y otras veces no tanto o sólo “escenas” puntuales de nuestros sueños.

Ya por la mañana, cuando se despertó mi hija, se me acercó, aún soñolienta, y me dio un súper abrazo, de esos que sólo tus niños te pueden dar.  Casi se me puso la piel de gallina al cerrar los ojos y sentir su abrazo y recordar perfectamente mi sueño y la sensación que sentí durante el sueño.



Resulta que mi sueño iba de una fila, una larga fila para saludar a alguien en una Iglesia, lo que no tiene mucho sentido, porque no se trataba de algún acto religioso.  Era muy raro, no recuerdo lo anterior o cómo y por qué llegué ahí, sólo recuerdo que estábamos en una fila porque había alguien famoso o importante (que no siempre es lo mismo).  Conforme iba llegando a los primeros puestos de la fila, veía que había una mesa y tres hombres sentados ahí y las personas pasaban por delante saludando de la mano a cada uno, algunos sólo saludaban y seguían de largo, otros se detenían y cruzaban algunas frases con algunos de ellos, otros pedían un autógrafo y algunos el infaltable selfie. Cuando faltaban pocas personas para que me toque, el hombre que estaba en medio se levantó y fue hacia atrás, alguien tenía algo importante que decirle.  En mi sueño sentía que esa era la persona que a mí me interesaba y no quería pasar de largo sin saludarla.  Así que, cuando me tocó pasar, intenté buscar con la mirada a aquel hombre que estaba sentado en medio y, con sorpresa, lo conseguí.  Su respuesta fue la mejor que me pude esperar, me miró y sonrió.  Me hizo una señal de que espere y rápidamente vino hacia mí.  Era él, me dio un abrazo de esos que sólo él me podía dar.  De pronto sentí una paz infinita, todos mis pensamientos y preocupaciones desaparecieron.  Con su abrazo, él me fue alejando de la mesa y así abrazados empezamos a hacer una especie de baile juntos, unidos los corazones, me iba diciendo cosas al oído que me daban aún más paz.  Empecé a escuchar al resto de la gente, el ruido era cada vez más alto, la gente se quejaba porque estaba tardando mucho, que tenía que irme ya que todos quería hablar con él.  Dejé de seguirle el ritmo y le dije que las demás personas también querían estar con él y que sería correcto que ya terminemos.  Él me abrazo aún más fuerte y me dijo que era nuestro momento después de mucho tiempo y que los demás podían esperar o seguir.  Me sentí bien y reconfortada.  Me empezaron a venir a la mente tantos buenos recuerdos.  Cerré los ojos, respiré y recordé.  Me sentí más reconfortada y tranquila.  Esa sensación de que todo gira alrededor pero que tú vas a otra velocidad, en este caso, todo iba en cámara lenta.  Después de un rato, dejamos de bailar.  Nos separamos y nos empezamos a alejar.  No sentí pena.  Me sentía muy bien.


El abrazo de mi hija por la mañana me hizo recordar ese sueño y pensé: “¡Papapa, te extraño tanto!”


viernes, 25 de septiembre de 2015

Coche en silencio

Una nueva experiencia.  Hace unos días tuve la oportunidad de viajar a Madrid desde Zaragoza y en el AVE, el tren de alta velocidad.  El viaje duró poco más de una hora.  El tren va a unos 300 km/hora.  ¡Rápido, rapidito!

Por insistencia del funcionario que me vendió el boleto, viajé en el coche en silencio, que significa que tienes que desconectar el móvil y evitar hacer cualquier tipo de ruido que pudiera incomodar al resto de pasajeros.  Mi tren salió a las siete de la mañana y había mucha gente  que, aparentemente, viajaba por negocios y para regresar el mismo día, llevaban poco equipaje y con ropa de trabajo, elegantes, en traje.

Una de mis fotos
Cada persona que iba subiendo al coche hacía lo mismo, se sentaba, sacaba la tablet o portátil y a trabajar.  Imagino que iban adelantando algo de trabajo para sus reuniones o iban enviando correos electrónicos a sus trabajadores para recordar el trabajo que tenían que hacer.  También veía a algunos que aprovechaban para ir leyendo correos electrónicos, supongo esos que vas dejando para “cuando tenga tiempo”, pero con la agitada vida que tienen, nunca llega ese momento.
Todos iban haciendo lo mismo, en silencio, encontrar su sitio, trabajar, guardar silencio y poco más.  Yo pensé que iba a ver mucha gente durmiendo, aunque el viaje es corto, podría ser suficiente para recuperar un poco el sueño perdido por coger tan pronto el tren, pero no.  ¡Todos a trabajar… y en silencio!

Una de mis fotos
Eso era para el resto de pasajeros, menos para la mujer que tenía en el asiento de delante.  Como el resto, llegó se sentó, sacó su tablet sin perder ni un minuto de tiempo, desde atrás, por la rendija entre los dos asientos, la veía ir revisando y moviendo los dedos muy rápido.  Hasta ahí, todo bien.  Pero, de pronto, sacó el móvil y empezó a hablar y hablar y hablar.  Cada vez iba subiendo más el volumen de su voz.  Se notaba que era una llamada de trabajo.  Además, debe ser su manía, pero mientras hablaba iba dando golpecitos con esos lapicitos especiales para la tablet, como los que tenemos la manía de mover el ratón (o mouse) mientras hablamos.  Ya cuando me cansé de mirar alrededor, intentar pensar en otra cosa o ya puestos, ¿por qué no dormir?, sólo escuchaba su voz y su conversación.  Así que fue necesario haberle un ligero y tímido ssshhh, se dio cuenta y entendió el mensaje.  A su interlocutora le dijo que saldría del coche de silencio  y 15 minutos después regreso en silencio.

Y yo, al ver tanto ejecutivo y dispositivo tecnológico, pensé sacar mi portátil, que la llevaba y ponerme a escribir algo para aprovechar el viaje.  Luego pensé que, aunque disponga de la tecnología, soy un poco más chapada a la antigua, así que saqué mi libreta y pluma y me puse a escribir esta historia.

Una de mis fotos
Ya tenía mis audífonos para ver la película que ofrecen en el tren.  ¿La llegaría a ver?  Pero llegados a este punto, recordé que aunque estoy aquí, sentada, con una súper sonrisa y  con mucha ilusión, haciendo algo de lo que más me gusta, sólo había dormido cuatro horas y media y me moría de sueño.  Como todavía quedaba casi una hora de viaje, intentaría dormir un poco.  ¡A ver...!


Sea como sea, viaja, sal, corre, vuela, de la manera que puedas, cada pequeña escapada rompe tu rutina, recarga tus energías y te hace sentir mejor, además de ser una experiencia más para ti.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

La fuerza de mi abuela


La mayoría de veces hablo de mi abuelo y de sus palabras y consejos llenos de sabiduría que derrochaban paciencia.  Pocas veces hablo de mi abuela, a pesar que la quise mucho y la tengo siempre en mi corazón y en mis recuerdos.  Ya dicen que si te acuerdas de una persona que ya partió, la mantienes viva.

Fuente: de las fotos del recuerdo
Esta vez les hablaré de ella, de mi Mamama Iris y de su fuerza.
No me refiero a su fuerza física, aunque yo creo que la tenía aunque le gustaba sentirse una “señorita mimada”.  Con su estrategia de aparentar fragilidad y debilidad (física), quería llamar a la atención de quien estuviera cerca para que la ayudara, así se sentía interesante y (más) querida.

Siempre recuerdo que era muy vital y alegre.  Era también muy sociable, viendo a quién podía visitar y organizando lo que sea en su casa para poder conversar con sus primas y amigas ofreciéndoles ricos manjares.

En estas aventuras nos arrastraba a todos los que estábamos cerca con la excusa de “llévame”, “acompáñame”, “ayúdame”.  Siempre te pedía que la llevaras a alguna parte, que te pudiera interesar hacer, pero según salías de su casa, te iba añadiendo destinos intermedios durante todo el camino que ya, seguramente, no te interesaban.  Si simplemente hubieras conocido su agenda, no hubieras aceptado.  Así que si saliste de casa planeado regresar en un par de horas, ¡olvídate!  Esta aventura te podía tomar toda la tarde, de casa en casa, de charla en charla y lo que dé de sí cada visita.

Otra cosa que siempre recuerdo es cuando decía que la comida se tenía que servir y ver bonita, agradable a la vista, pero nunca decía nada del sabor.  Experimentaba mucho con recetas que veía en las revistas o televisión, en esa época serían las de “Teresa Ocampo y su cocina”, buscaba las más originales y extravagantes y las preparaba.  Al final los platos le salían, pero de sabor, un poco catastrófico, pero eso sí, ¡lindos!

Otra cosa que siempre recuerdo de ella es que tenía algunas frases “antiguas” (ya para esa época).  Uno de sus dichos era un poco puñetero, no lo diré públicamente porque no quiero herir susceptibilidades, por si alguien lo había escuchado, no quiero que nadie lo recuerde. Nada de herir susceptibilidades.  Cuando era pequeña me reía mucho porque a mí me tocaba el lado positivo de la frase y me hacía sentir especial.  Pero cuando lo entendí, ¡wow con la abuela!  Yo la hubiera mandado muy lejos, sólo para empezar.


Regreso, que me pierdo muy rápido entre mis recuerdos y de eso no era lo que les iba a contar, aunque todo lo recuerdo con mucho cariño.  En fin, sigo, una de las cosas que me acuerdo durante es que mi Mamama Iris siempre afirmaba, con certeza, que no moriría hasta pasar por tres experiencias vitales para ella y después de eso, Dios se la podía llevar cuando quiera.  Las tres experiencias eran: 1º Tener un@ bisniet@, 2º Verme casada y 3º Viajar a Europa, especialmente a Santander en España, donde había nacido su padre.  Esto lo repitió durante toda su vida o por lo menos desde que yo tengo recuerdo.  Finalmente se dieron estas tres situaciones durante dos años, más o menos entre el 1996 y 1998, había completado sus tres requisitos para poder morir en paz, como ella decía.  Aunque en 1992 le descubrieron y curaron (según dijeron los médicos) un cáncer, pero en 1996 durante su

viaje a Europa, en el que visitó Santander, además de muchos otros lugares míticos en Europa.  Al parecer fue el principio del fin, no se encontraba bien, pero lo disfrutó al máximo.  Al regresar a Perú, fue al médico para que la revisaran y le diagnosticaron otro cáncer.  Tenía una fuerza increíble para luchar por intentar ganar a esta enfermedad.  Se sometió a los tratamientos que le iban recomendando, pero con una actitud que sólo por eso merecía ganar.  Durante varias semanas tenía que estar ingresada en el hospital del cáncer en Lima para recibir su quimioterapia.  Al terminar cada dosis regresaba a casa y según iban apareciendo los efectos secundarios, ella intentaba recuperar todo el tiempo “perdido” durante su estadía en el hospital.  Tenía planeado a quienes visitaría, que cosas quería hacer en su casa o ir de compras.  Algún día a la semana disponía de un carro y chofer de uno de mis tíos ponía a su disposición para hacer todas sus gestiones.  Con mentirijillas salía de casa diciendo que visitaría alguien o alguna cosa “light”, que no le generaba mucho esfuerzo físico para cuidar su salud y recuperación.  Pero al salir y subir al carro informaba al chofer que tenían un recorrido completamente diferente y que para empezar irían a Gamarra a comprar ropa.  Para los que no conocen Gamarra, es una calle que hace muchos años se hizo muy famosa (y lo es hasta ahora) porque era la zona en la que se fabricaba y comercializaba ropa de algodón de muy buena calidad, entre otras cosas, pero estaba ubicada en un distrito de Lima muy peligroso y había el peligro que te puedan robar.  Entonces la aventura del día se había convertido de una mañana de primas y tés a una arriesgada mañana de compras en plan safari.  Ella era así.  No quería quedarse en la cama llorando sus penas.  Luchaba cada día por mantenerse activa y sentirse más fuerte que su enfermedad.  No sé si su filosofía de cómo llevar esta etapa de su vida era así porque ella se lo creía o simplemente nos quería transmitir a los demás fuerza y ganas de luchar cada día.

Alguna vez he pensado que si durante mi vida tuviera que afrontar una enfermedad así, quisiera que mi abuela, mi Mamama Iris, me transmita toda su fuerza y ganas de seguir luchando cada día y sobre todo de creérmelo.


Es importante la actitud con la que enfrentamos las dificultades que se nos presentan en la vida.  Es verdad que en algunos momentos no todo sale como hubiéramos deseado, pero tenemos que recordar que somos capaces de encontrar en nuestro interior la fuerza necesaria para enfrentar esa situación.

Después de luchar durante dos años contra este segundo cáncer, mi Mamama nos dejó.  Pero no se fue, al recordarla cada día, sé que ella sigue vive en mi corazón y al contar historias a mis hijos, hago que ellos conozcan su vida, sobre todo su ejemplo de lucha constante, día a día.

Sólo algo más y breve, les recomiendo leer este artículo, que tiene algo que ver con este tema, es muy motivador.

martes, 23 de abril de 2013

Cuarenta


Cada año he aceptado con alegría y hasta con orgullo la edad que cumplía.  Nunca he sido de las personas que se baje la edad o ande enredando.  Al contrario, siempre he dicho con total sinceridad los años que llevo a cuestas, salvo error involuntario.  Además, cada vez que me lo preguntan siempre respondo mi edad, la que sea, añadiendo siempre la frase “y bien vividos y bien disfrutados” y es que es así.  Considero que he tenido y tengo una buena vida.  Cada año he aprendido nuevas cosas, algunas lecciones han sido más fáciles que otras y por lo tanto las etapas han fluido más fácil y otras no tanto, pero a la larga todas son lecciones de vida, experiencias que si se aprovechan bien nos vamos haciendo mejores personas.
Este año no será diferente a los anteriores, aunque mi sensación con la edad que cumplo no es la misma que en los últimos años.
No lo puedo explicar.  Siento que a lo largo de toda mi vida he pasado muchas cosas y como les decía líneas arriba, lo importante es aprovechar las experiencias que nos tocan vivir de la mejor manera posible para avanzar un poquitín en la vida y es lo que he intentado todos estos años.
Pero este año, lo estoy esperando con la misma ilusión de siempre, contando los días que quedan, planeando qué, con quiénes, cuándo, cómo, dónde, etc. etc.…  Sé que como todos los años empiezo a volver locos a los que tengo a mí alrededor, a los que estarán ese día y a los que no para ver cómo me pueden acompañar, y, es que me gusta celebrar mi cumpleaños.  Alguna vez me dijeron que el cumpleaños es como “el año nuevo personal”, es nuestro propio año nuevo, día para reflexionar lo pasado en el último año, hacer nuevos planteamientos, propósitos y celebrar por lo logrado y por las nuevas metas.  Así que fue que encontré la excusa perfecta para celebrar con más gusto mi día, mi cumpleaños.  Ahora que como “santa de pueblo”, si puedo empezar con las celebraciones días antes y terminar días después, tampoco pasa nada.  Hace muchos años, me pedía la semana completa de vacaciones del trabajo para estar tranquila y relajada y organizarme a mi ritmo.
Pero este año, en particular, he asumido que me hago mayor, pero de verdad.  Hace años que vengo justificando mis olvidos, distracciones y ya hasta por gracia diciendo “es que me hago mayor”, y aunque no deja de ser una verdad y como siempre dicen, la juventud se lleva en el alma y en mi alma soy muy joven.  Pero ese no es el problema.  En realidad, tampoco es un problema, creo yo que tiene que ver con una actitud hereditaria con relación a los años que cumplimos y sobre todo cuando llegamos a un número redondo.  Lo explico, desde que mi padre cumplió 32 años y durante los años  siguientes años, cada vez que le preguntabas por su edad, él siempre respondía “casi 40”.  Y así por los siguientes 7 años respondió eso, hasta que por fin, al octavo año, cumplió 40.  Yo he tardado menos o he sido un poco menos exagerada.  En pocos días cumpliré 38, estoy sólo a dos años de cumplir 40!  Es un número que pesa mucho, ¿no creen? 
A veces pienso que los 40 es como la mitad de la vida, porque aunque siempre decían que la mitad son los 50 años, en la realidad (y más aún como están las cosas) poco llegaremos a vivir 100 años, podría ser más probable llegar a unos 70-80 años.  En fin, si los 40 es la mitad de la vida según mi teoría, a estas alturas debería de tener algo más claras las cosas de mi vida, ¿no?  Está claro y sobre todo los que me conocen, que yo soy de “fácil agobiar”.  Entonces llegado a este punto, pienso que sólo me quedan dos años, sólo dos años para terminar de organizar mi vida.  ¡Por favor!  ¡Dos años no son nada!  Si ya han pasado 38 y aún no lo tengo claro. 
De pronto pienso, que esta teoría es sólo una teoría, no demostrada además, porque tampoco puedo decir con certeza que viviré hasta los 70-80 años.  Entonces igual no tengo de que agobiarme.  Simplemente seguir buscando cada día la felicidad, que sabemos que no es un destino, sino un camino, el propio camino de la búsqueda de la satisfacción, de la felicidad misma.
Seguir disfrutando la vida que tenemos.  Seguir calzándonos lo que nos toque cuando nos toque y celebrando todo lo que podamos celebrar, porque para eso nos pasan cosas buenas, para recargar energías y seguir teniendo ilusión y alegría para seguir adelante.
Ya falta poco para añadir una primavera más a mi vida.  Como otros años crearé y buscaré la felicidad para que sea especial y pasarlo genial.  ¿Cómo?  ¡Buena pregunta!  No lo tengo claro, para variar, pero lo que sí tengo claro es que será genial.

martes, 20 de marzo de 2012

Extraño humor

En estos días he recordado especialmente a los míos que ya partieron y se adelantaron a otra vida.  Ahora ya no están más conmigo, con nosotros, pero como toda persona que pasa por mi vida, me han dejado además de los recuerdos, muchas enseñanzas.  Durante estos últimos días, pensaba sobre todo en lo que me enseñaron con la partida de cada uno.
Es que hasta en esas ocasiones tenemos tanto que aprender.  Doy gracias a Dios y al destino la vida que me ha tocado vivir y las experiencias que he vivido, que me han hecho crecer, madurar y tomar la vida de otra manera, una manera más saludable para mi mente, mi alma y mi corazón
Hoy recuerdo más la última etapa de mi abuela.  Ya todos saben la relación tan especial que tuve siempre con mi Mamama Iris y con mi Papapa Dante, siempre con muchísimo cariño y complicidad.  Todo empezó cuando en 1992 nos dijeron por primera vez que mi abuela estaba enferma, fue un golpe muy fuerte, ella tenía cáncer, pero también tenía una fuerza increíble y el deseo de luchar hasta el final, de cumplir lo que “haré antes de morirme” y de no dejarse vencer.  De esta primera etapa no tengo muchos recuerdos, imagino que al ser la primera vez, a todos nos cogió desprevenidos, nuevos en este tema y se tuvo que aprender de todo, órganos, tratamientos, alternativas, consecuencias.  Después de un tiempo, operación y tratamiento dijeron que se había curado, le mandaron sus controles periódicos, pero que todo iba bien.
Ya en 1996 luego de hacer el gran viaje de su vida, porque siempre decía “antes de morirme tengo que ir Santander, de donde es mi papá y conocer todo lo que él me contaba”, cuando regresó ya se sentía cansada, así que otra vez al médico y nos enteramos todos que la enfermedad había vuelto y que había que empezar otra vez con tratamientos, procedimientos y tanto más que aprender.  De esta segunda vez sí que tengo recuerdos más intensos.  Ya me pilló con otra edad y participaba más en el día a día, comentarios y demás.
En mi familia y encabezados por mi abuelo, siempre nos comunicamos, todas las noticias se compartían, todos teníamos el mismo nivel de información y todo era con transparencia, claridad y sobre todo con mucha naturalidad.  No sé cómo se hizo, no sé si alguien dijo como actuar, pero desde mi punto de vista o desde mi experiencia, a pesar del dolor e impotencia que sentimos cuando un familiar cercano está enfermo, todo se hizo con tanta naturalidad que era fácil hasta bromear de los tratamientos, consecuencias y tantas cosas más.  Mi Mamama también entraba en este juego o era ella quien lo dirigía, ahora no lo tengo claro, pero a mí me ayudó a prepararme para lo que venía.  Era como tener un humor negro, un extraño humor que me hacía reír a pesar de la adversidad del momento, que me permitió bromear con mi abuela de lo que pasaba, de reír juntas a pesar de la pena.  Me ayudó saber todo tal y como era en realidad.  Saber lo que había, saber que lo que podíamos esperar, me ayudó muchísimo para aceptar que su cuerpo sería diferente y que su vida, como una vela, se iba consumiendo poco a poco.  Ella tenía una fuerza mental muy grande, era una lucha constante por no dejarse vencer, por no tumbarse después de recibir la quimioterapia, a pesar que su cuerpo se lo pedía, era una fuerza que yo quisiera tener y recuerdo en mis momentos más difíciles. 
Este extraño humor, como decía, nos hacía compartir con chispa la vida, la enfermedad, conversar, buscar otros nombres para los medicamentos, para los tratamientos, no dejar que la lucha diaria sea un dolor constante.  Era una lucha diaria con realismo pero con ilusión y esperanza.  Me sentía preparada para su partida, pedía a Dios que la recogiera para que su cuerpo descanse y no sufra más.  Era una petición dura, pedir que no sufra, pero entender que eso significaba que no la volvería a ver.  Intentaba no ser egoísta y no desear que por no sentirme sola ella siga sufriendo.
Aunque me sentía preparada, cuando llegó el día, el dolor no me lo quitó nadie, lloraba de pena, pero agradecía a Dios que ella, por fin, descansaba en paz.  Pero los recuerdos siguen vivos, así que ella sigue viva en mi mente y corazón.
Un par de años después de la partida de mi Mamama, me tocó afrontar otra vez una despedida.  Esta vez sin preparación, de improviso, de pronto, casi sin pensarlo.  Me quedé sola y tuve que reinventarme y reinventar mi vida a pesar de la soledad, del profundo dolor, de los sentimientos encontrados.  Tuve que organizar mi vida con un bebé y estrenar mi viudez.  Ahora que lo veo hacia atrás, no sé como lo hice y sinceramente desearía no tener que hacerlo otra vez, aunque me he dado cuenta que tengo fuerza para afrontar cosas difíciles en la vida.  Esta etapa también me ayudó este extraño humor mío, este humor para reirme yo misma de mi misma, de lo que tenía que pasar y de lo que estaba pasando.  Esto no me quitó las noches de soledad, de lágrimas y tristeza extrema, pero tener la posibilidad de reirme de mi nueva vida y tener a Alberto me ayudaron a seguir adelante y luchar cada día.  Siempre recordaré que los domingos, especialmente, estaba con mi Papapa Dante, comíamos juntos o salíamos juntos y bromeábamos diciendo que éramos “el club de los viudos”, así que sentíamos más apoyados el uno con el otro.  Nos reímos mucho juntos y bromeábamos más todavía.
Ahora, casi 12 años después y habiendo pasado durante este tiempo la partida de mi Papapa Dante, que si tuvimos la oportunidad de preparar nuestra mente y corazón, aceptar la ley de la vida y lo que tenía que pasar, veo que con él también salió a relucir este humor negro.  No sabía que lo tenía, pero me demostré a mi misma tener una capacidad de levantarme, de seguir adelante, de transformar la situación a alguna forma que me haga bien.  Pero lo dicho, las lágrimas, dolor y pena no me los ha quitado nadie.  Hasta ahora pienso en ellos, en mi vida con ellos y sus recuerdos.  Pero sigo intentado que sus recuerdos sigan vivos, sigan presentes para que así haya sido sólo su cuerpo lo que murió, pero su espíritu sigue conmigo.
No sé cuál sea la fórmula exacta, sólo sé y comparto la fórmula que funcionó conmigo, mientras que mi familia estuvo conmigo, disfrutar cada día, cada conversación, cada risa, reir juntos, es lo que realmente luego queda en nuestros recuerdos y corazón.  Aprendí a comunicarme, a expresar mis sentimientos, a decir mis temores en voz alta para que salgan de mi mente y guardar fuerzas para cuando sea necesario.  Acepté la vida y la ley de vida con naturalidad.  Me ha dolido, he llorado.  Y una vez que hayan partido, aprendí a seguir riendo con las lágrimas sobre las mejillas, agradecer por cada día que tuve para compartir.
Este extraño humor me enseño a hablar, reir y llorar para que no se enferme el alma.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Ya estoy en paz

¡Sí! Finalmente estoy en paz.  He sentido paz interior, pero no esa “paz” como para decir, descansar en paz o morirme.  No, no, no, esa “paz” no, yo todavía tengo muchas cosas pendientes por hacer en esta vida.  Aún no termino mi misión, así que todavía tengo para rato.
Ya estoy en paz con mi mente, con mi alma y sobre todo con mis recuerdos y mi pasado, me ha costado muchos años, pero lo he logrado.
Se me hace difícil expresar claramente lo que siento estos días, pero sólo puedo decir que es paz, tranquilidad, como haberme quitado una mochila muy pesada.
Siento paz porque he aceptado una compañía espiritual y he cerrado ese capítulo.
Tengo un concepto muy personal y especial sobre la vida, la muerte y la vida después de la muerte y a pesar de mis creencias religiosas y en búsqueda mi paz interior, empecé a creer y aferrarme a algunas teorías diferentes de asumir la vida y la muerte.
Ahora pienso que algunas personas que se nos adelantan, su alma se queda con nosotros para cuidarnos y guiarnos, quizá tienen la necesidad de despedirse y cerrar y un círculo o simplemente acompañar y cuidar a alguna de su entorno.  Me costó asumir que eso era así, finalmente al principio era una discusión interna entre lo aprendido y lo necesario.
Ahora creo que no siempre nos quedamos solos, a pesar tan fuerte que sentimos.  Siempre tenemos un ángel de la guarda que nos cuida y nos acompaña.  Quiero creer que yo tengo uno, sé que siempre he tenido uno, sólo que ahora lo siento diferente., sé que desde hace muchos años está en casa, cuidándonos, sobre todo a Alberto y a toda la familia.  De vez en cuando, cuando me empiezo a olvidar de su “presencia”, me lo recuerda con pequeñas cosas, para que en los momentos que estoy más preocupada o angustiada sepa que no estoy sola.  Son pequeñas señales para recordar que sigue por acá velando por nosotros.
Ya he aceptado tu compañía con paz y alegría, acepto tu forma de ser y tu manera de llevar tu vida y tu salud, sé que ahora nos cuidas y velas por nosotros.  Cuídanos y líbranos siempre de peligros!
Nosotros te tenemos siempre presente y voy intentando transmitir tu recuerdo.