martes, 29 de mayo de 2012

Las manoletinas

Como antecedentes he buscado en Wikipedia su historia: En la tauromaquia, se comprende como manoletina al pase de muleta de frente sujetando la muleta por detrás de la espalda. Su invención, a pesar del nombre fue obra de un genial torero cómico que se llamó Rafael Dutrús Zamora (Llapisera) y la usó en su repertorio, es decir, en los espectáculos cómicos. Por eso, en las plazas, cuando un torero la ponía en práctica siempre fue aborrecida por el público. Aunque también hay que decir que en distintas épocas tuvo aceptación. Por ejemplo, en los años 40 la popularizó Manolete (de ahí su nombre) y se siguió poniendo en práctica tras su muerte, con gente como Agustín Parra "Parrita" o Paquito Muñoz.
En el mundo de la moda, además de crear tendencias en el toreo, el diestro Manolete creó tendencias en el mundo de la moda. La manoletina hace referencia a un tipo de calzado sostenible, de planta sin tacón, plano y flexible que puede presentarse en colores muy distintos. Este tipo de calzado ha traspasado las fronteras del toreo, y ha logrado conquistar el zapatero de gente muy ilustre.  La manoletina se trata de un calzado de tipo bailarina pero que, a diferencia de éste, no posee trabas que lo atraviesa.
Ahora que ya tenemos más información de las manoletinas, les contaré de qué va esta historia.
Hace unos días nos invitaron a una comunión.  Yo feliz, me puse guapa, como dice Aitana y claro con los correspondientes zapatos de tacón.  Como la Iglesia estaba cerca de casa, a unas 10 calles o quizá un poco fuimos andando.  Ya lo habíamos hecho antes y llevar el coche sería luego imposible para aparcar.  Así que luego de vestirme, peinarme especialmente, me calcé los zapatos de tacón y salimos.  Unas cuatro calles antes de llegar a la Iglesia ya no podía andar más.  Es la primera vez en mi vida que sentía como me temblaban las pantorrillas si dejaba de andar.  Realmente me sofoqué muchísimo, sentía mucho dolor y sobre todo impotencia al sentir que no podía andar más.  Cuando llegamos a la Iglesia, luego de maldecir cada desnivel del suelo, cada cambio de acera, cada paso que daba, me sentía mal, adolorida y enfadada conmigo misma.  Pensaba por qué teniendo coche no lo habíamos usado, ya no importaba dar algunas vueltas por la zona para aparcar, pero bueno, serían menos las calles para llegar a la Iglesia y luego también en coche iríamos al restaurante para comer.  Porque recordé que sin el coche todavía tendríamos que ver como ir al restaurante y luego regresar a casa.  Quedaba mucho camino por andar en tacones.
Durante la misa empecé a sentirme mejor, con más tranquilidad y al estar sentada pude descansar los pies y piernas que ya me temblaban menos.  Ahora,  ya me rio y lo recuerdo como anécdota, pero ese día sentía dolor, dolor físico un dolor intenso, mucho dolor.
Empecé a planear mi salida, es decir cómo hacer para poder soportar el resto del día.  Pensaba y comparaba a otras mujeres, pensaba cómo hacen  ellas, que se ven súper guapas con los tacones y siempre radiantes.  Eso, sin pensar en las chicas que las ves por las calle listas para salir un viernes o sábado por la noche, con tremendos tacones que parecen necesitar una escalera para subir a los zapatos o las que van a las bodas y fiestas y pueden bailar toda la noche.  Pensaba ¿Por qué ellas si pueden soportar los tacones y yo no?  Empecé a mirar al resto de mujeres a mi alrededor, la mayoría con sus taconazos que se notaban eran sólo para ocasiones, pero que secreto guardaban?  Recordé algunas conversaciones anteriores que había tenido sobre el tema de los tacones.  Se me vinieron a la mente muchas imágenes de mujeres que al salir llevan siempre un bolso grande o una bolsita extra.  Siempre las veía y me daba curiosidad saber que llevaban dentro y todo me quedó claro.  Encontré la fortaleza de aquellas mujeres.
Empecé a pensar en mi misma y en mis propios errores de ese día.  Tenía que haber llevado un bolso más grande y no aquel pequeño sobre sólo para el móvil y las llaves.  Dentro, igual que la mayoría de mujeres que veía siempre, tenía que haber guardado mi secreto.  Así que de pronto, como cuando si se encendiera una bombilla, vi la luz, entendí el misterio, descifré el secreto.
Necesitaba haber llevado un par de manoletinas en mi bolso, unas lindas y cómoda manoletinas.  Un par de zapatos adicionales para andar, para cambiarme cuando ya los pies me empiecen a dolor.  Como dice el refrán “donde fueres haz lo que vieres”, esta es una saludable costumbre que he aprendido y descubierto aquí y que tengo que empezar a practicar.
En un par de meses tengo una boda y aunque aún no tengo claro que vestido me pondré, lo que sí tengo claro es que llevaré mis manoletinas, para que luego cuando mis pies ya no den más, o quizá antes, me cambie para seguir disfrutando de la fiesta y que no se me acabe antes sólo por un dolor de pies, que he descubierto, que así como el dolor de muelas, es un dolor muy malo.  No es que haya algún dolor bueno, pero hay algunos que se pueden controlar o distraer.  Pero el dolor de pies es uno que sube, desde lo más bajo de tu cuerpo y te recuerda con cada movimiento que no son los zapatos adecuados para largos trayectos ni para largas jornadas.
Descubrí el secreto y acepté la necesidad de las manoletinas.
¡Qué vivan las manoletinas!

lunes, 21 de mayo de 2012

Mi año nuevo personal

Siempre digo que cuando uno está de cumpleaños, ese día, nuestro día, es como si fuese nuestro año nuevo personal.  Un día para pasarla de la mejor manera posible, rodearse (física y virtualmente) sólo de personas importantes para uno, ser feliz y aprovechar para marcar nuevas metas, planes y propósitos para seguir adelante.
Hace un par de sábados fue mi 37º cumpleaños.  Desde un mes antes (como cada año) ya estaba pensando como celebrarlo, qué, cómo, dónde?  Tenía tantas ideas, tantos planes, tantas cosas que quería hacer.  Poco a poco fui viendo con quienes podía contar para celebrar y las ideas se fueron centrando un poco.  Los que me conocen ya saben que me gusta mucho celebrar mi cumpleaños, me gusta además celebrarlo como fiesta patronal o como siempre digo “como santa de pueblo” o sea celebrarlo el mayor tiempo posible.  Es que ¡es mi día!  Es el día que hago un recuento del año anterior, las muchas o pocas cosas que he logrado y conseguido con esfuerzo y plantearme planes para el futuro.  Porque, estas cosas hay que celebrarlas.  Las cosas buenas hay que celebrarlas porque no ha sido gratis, ha costado mucho esfuerzo, lágrimas, noches sin dormir y días felices.  Si miro hacia atrás y veo lo aprendido, ya he ganado mucho y tengo que también que agradecer y celebrar.  Luego y por otro lado, tengo que hacer nuevos planteamientos para el futuro.  Para el futuro a corto, mediano y largo plazo.
Una vez me dijeron que siempre tenemos que tener planes y proyectos.  Que el día que ya no tengamos planes y metas es como si fuese el fin de nuestra vida.  Es decir, que mientras tengamos proyectos y metas, estamos vivos.  No es bueno para las personas, ni para la mente ni el corazón no tener proyectos por los cuales luchar y esforzarse.  Soy consciente que no todos los planes y proyectos se pueden hacer realidad.  Algunos son más que proyectos, a veces son sueños y como tales, a veces son difíciles de alcanzar, pero no está demás plantearlos y replantearlos de vez en cuando para intentar conseguirlos y hacerlos realidad.  Durante esta etapa, en la que nos esforzamos por hacer nuestros sueños realidad, vivimos de la ilusión y eso también es parte de la felicidad, de la búsqueda de la felicidad.
Alguna vez les conté de una carta astral que me hicieron hace muchísimos años. Verdad o no, estuvo interesante, coincidían muchas cosas, pero la vida se gana con esfuerzo y lucha.  El tema era que me habían explicado de los ciclos de mi vida.  Es decir, que hay unos años que son buenos donde puedo lograr las metas que me proponga, que las cosas fluyen de manera natural y sin mayores problemas.  Los proyectos se van consolidando, es como una etapa de cosecha.  Luego vienen unos años regulares, ni tan fáciles ni malos, pero vamos avanzando.  Algunos planes se concluyen bien, otros con algún grado de dificultad y otros se van quedando pendientes.  Y luego viene una temporada donde todo cuesta más.  Parece que nada nos sale como queremos o esperamos, muchas cosas se nos van quedando, a pesar del esfuerzo, es una etapa de mucho más esfuerzo.
Sacando la cuenta y visto lo visto he llegado a la conclusión que ahora estoy en esa etapa donde todo parece un poco más fácil y sobre todo que las cosas que pasan son buenas.  He entendido que este año es parte de esa etapa donde las cosas fluyen más ligeras.  No quiero decir que estoy viviendo una etapa de relax y maravillas.  Ya saben en que anda mi mente.  Aunque le he dado vacaciones al stress, pero no me hace mucho caso, y sigo con muchas cosas en la cabeza, pero estoy segura hay muchas cosas que valorar y agradecer ahora mismo que con tantas ideas en la cabeza a veces no las vea.  Pero también sé que es un momento o etapa que tenemos que afianzar nuestro futuro o por lo menos buscar un futuro con oportunidades.
Así que en esta etapa, aunque las cosas a veces no suceden de la forma que yo quisiera o esperaba, estoy segura que la vida irá a mejor.  Como toda etapa de la vida tenemos mucho que aprender, aprovechar cada experiencia para enriquecernos, aprender y crecer como personas.  Este año va siendo un curso intensivo.
Sigo replanteando mis metas para mi nuevo año personal, agradeciendo lo conseguido y disfrutando de lo que tengo.

lunes, 14 de mayo de 2012

Necesito una señal

Necesito una señal, necesito encontrar otra vez el camino y saber por dónde seguir.  Hay días que me siento tan agobiada y asustada que no logro ver con claridad lo que tengo que hacer, las decisiones que tomar y el camino a seguir.  Deseo tener paz interior para ver con claridad hacia donde seguir.
Necesito lucidez para ver más allá de lo evidente y la fuerza necesaria para seguir cada día en la lucha llegar a la siguiente parada.
Estoy atenta a las señales divinas, ver todo con claridad y que me guíen (como hasta ahora) por el mejor camino, que no necesariamente será el más fácil, pero sí que será el mejor destino al final.
Pongo en sintonía mis sentidos.

viernes, 4 de mayo de 2012

Echando raíces

¿Cuándo podemos decir que estamos en el lugar exacto donde nos sentimos realmente a gusto con nosotros mismos, con nuestras vidas como para echar raíces y desear no movernos más?
Aunque realmente pienso que esa sensación no llegará jamás pues siempre deseamos algo más, queremos un poco más de la vida y por lo tanto queremos ir avanzando, creciendo, desarrollando y estamos en la eterna búsqueda de la felicidad y satisfacción absoluta.  Pero quizá si nos sentimos muy bien durante una buena temporada ya podemos sentir que, en ese aspecto de la vida, hemos encontrado la felicidad y podemos establecernos.
Recuerdo una conversación con una amiga del colegio.  Yo todavía vivía en Lima y ella llevaba varios años viviendo en Alemania y un día mientras hablábamos de nosotras y nuestras vidas me dijo que a pesar del tiempo que iba viviendo en Alemania, aún no sentía que ese era “su lugar”, ese lugar para poder echar raíces y querer establecerte para siempre.  Que sentía que todavía tenía que seguir buscando “ese” lugar adecuado para ella, sus planes, sus sueños.  Luego vivió una temporada en España y finalmente ahora está en Lima otra vez.  Hoy me pregunto si finalmente encontró “su” lugar o si todavía tiene la necesidad de seguir buscando.
Es complicado ¿no?  Mientras estás solo, eres más libre para arriesgar, coger tus cosas e ir de acá para allá, planteando nuevas metas y persiguiendo los sueños, sintiendo que no tenemos límite porque el propio mundo no tiene límites.  Si llegas al final siempre puedes volver a empezar, así hasta que llegues al lugar adecuado.  ¿Pero qué hacer cuando tu decisión afecta también la vida de más personas?  Ya no es tan fácil arriesgar.  Ya tienes que pensar que todos se tienen que sentirse mejor y sobre todo, mejor que ti misma, porque ellos son los que te siguen, son los que creen en ti.  Te vuelves, un poco, la guía en la vida y cargas con una responsabilidad muy pesada sobre las espaldas.  Cargas con la responsabilidad que esas ideas que tienes, tienen que tener buenos resultados, o por lo menos mejor que los problemas.  Cargas en tus hombros cualquier suspiro o silencio asumiendo que son señales de pena o melancolía.  Es tan difícil.
Deseamos una vida mejor.  Analizamos la que tenemos actualmente y algunas veces consideramos que es necesario que hagamos cambios para que las cosas puedan mejor.  Aunque a veces no es sólo que analizamos, si no que van pasando cosas que te obligan o te hacen sentir la necesidad que hay que hacer algo para salir adelante.  Pero entonces nos preguntamos ¿qué tenemos que hacer?  ¿Hasta dónde tenemos que llegar?  ¿Qué pasaría si…?  Pero no tenemos respuestas.  Sólo una frase que hace unas semanas me dijo una amiga “el que arriesga gana, más grande es el riesgo, más grande es la victoria”.  No me puedo quitar esa frase de la cabeza, mientras tengo miedo de pensar o analizar todas las ideas que pasan por mi cabeza.
Si luego de leer esto, concluyes que ya sabes lo que haré, casi te digo que no acertarás.  O quizá sí, sólo que yo, hasta ahora no sé qué hacer ni que sería lo mejor.  Sólo sé que esta semana por algunas cosas que han pasado, he visto otra vez la luz y la esperanza.  He recuperación la ilusión y esperanza creyendo que las cosas sí podrían cambiar y ser mejores.
Sólo sé que este es un año de cambios.  Tenemos que ajustar muchas cosas, valorar las cosas buenas que tenemos que realmente valen la pena.  Descartar las cosas que nos quitan tranquilidad y nos causan inseguridad.  Creer que todo puede ser mejor.  Siempre intento estar preparada para las circunstancias importantes que se van presentando, es decir tener un plan b, c, d… z… los que sean necesarios, para tener una idea de cómo actuar en determinados momentos.  Muchas veces tengo más planes de los necesarios y las circunstancias se acomodan de tal manera que podemos seguir adelante.
En fin, según los cambios vayan sucediéndose o estableciéndonos más, ya les iré contando.  Ya veremos que dice la vida y el destino, cuando finalmente echaremos raíces emocionales y físicas.
Estas etapas de incertidumbre desgastan mucho nuestra energía.  Nos agota emocional y psicológicamente.  Me gustaría ver en un sueño que sería lo mejor que se puede hacer, que mis señales sean claras para poderlas seguir con seguridad.  Así es la vida.  Finalmente siempre está llena de sorpresas y hagamos lo que hagamos nunca sabremos donde estaremos mañana ni que vayamos a hacer pero finalmente tenemos que aprender a pasar, sobrellevar y si es posible hasta disfrutar de estas etapas, que como todas, algo bueno nos dejará.

domingo, 29 de abril de 2012

Disfrutando de Berlín

El vuelo de ida estuvo muy bueno y tranquilo.  Finalmente llegamos a Berlín.  Sentía una emoción muy grande, mi corazón latía a mucha velocidad.
Salimos y buscamos a Jens que nos había ido a recoger.  MMMM  UUUUUUU respiración profunda.  ¡Estoy en Berlín!  ¡No lo puedo creer, después de uno 10 u 11 años estoy otra vez aquí!  Fuimos en coche a casa de Dar, a ella la iba a ver después de 8 años.  La última vez que nos vimos fue en Lima, cada uno empezaba una relación con quienes ahora estábamos casadas, tenemos 2 hijas de la misma edad.  Cómo ha pasado el tiempo y como han cambiado nuestras vidas en sólo 8 años.  Nos vimos y reencontramos.  Lo bueno es que ella es de esas pocas amigas que uno tiene que son de toda la vida y no importa la distancia física que haya, en que lugares del mundo estés, cada vez que te ves, aunque hayan pasado casi 10 años, es como si hubiera sido ayer.  Es una amiga de esas con la que no tienes que pensar que decir o como decirlo, sólo tienes que decir lo que sientes y lo que piensas, sabes que te escucha sin juzgar y que te dice lo que realmente piensa.  ¡De las buenas amigas!
Luego llegó Peti! Oh! Peti, realmente fue una sorpresa que venga desde Hamburg a pasar unas horas en Berlín sólo para verlos.  A Peti no la veía desde el 2003 que vino a vivir a Alemania.  Ella es una buena amiga, que conocí por uno de mis hermanos y que hicimos migas y nos hemos llevado muy bien.  A pesar de la distancia nuestra amistad ha perdurado en el tiempo.
Después de muchos años estábamos otra vez las tres juntas recordando tantas cosas, el bus parrandero con Dar, cuando Peti enseñó a Alberto a volar, anécdotas y tan buenos recuerdos de otros tiempos pasados.  Teníamos poco tiempo para ponernos al día en nuestras vidas, que planes y sueños teníamos, proyectos de futuro y cosas del presente.
Luego de comer, nos fuimos a dar una vuelta por el barrio, conocer un poco y hacer reconocimiento del territorio, pero empezó a llover, así que tuvimos que regresar.  Es sólo una parada hasta la casa si vamos en el U-Bahn, pero no tenemos boleto.  Bueno, éste será nuestro secreto.
Ya en casa, una buena cena, la mejor compañía, muchos recuerdos y nuevas ilusiones.  Nos tocó despedirnos de Peti.  ¡Qué alegría verla después de tantos años!  Prometemos volvernos a ver.  A ver quien cumple primero.
Y ya después, mientras todos dormían, Dar y yo nos sentamos en la cocina, con una taza de té para hablar de todo, para ponernos al día, aunque estábamos bastante al día, pero había que poner muchos detalles a todo.  ¡Qué buena conversación!
Al día siguiente nos fuimos a recorrer Berlín.  Aunque nuestro plan era salir muy temprano para poder aprovechar el día, el desayuno se hizo largo con los panecillos tan deliciosos y mientras armábamos los planes del día, la ruta a seguir, la mañana nos ganó.  Pero no importa sacaremos tiempo para todo.  Salimos y entre S-Bahn, U-Bahn, bus, y mucho andar Berlín se hizo nuestra.  Fuimos al Alexanderplatz, Fuente de Neptuno, Puerta de Brandenburgo, Monumento al Holocausto, el congreso, plazas, parques.  Tantas cosas, sitios que me traen tantos buenos recuerdos, que activan mi ilusión, mis ganas de volver.
Me hacía mucha ilusión poder compartir con Jorge y Alberto este viaje.  Claro, con Aitana también, pero está claro que ella no iba a conocer y entender igual que los chicos.  Deseaba que ellos puedan conocer más de Europa, no quedarnos sólo con España.  Que puedan ver todo lo que se puede aprovechar de vivir en Europa, todo lo que podemos conocer, lo que podemos aprender.  Íbamos avanzando el paseo y no podía dejar de verlos, ver sus ojos, su mirada.  Intentaba adivinar sus pensamientos, saber si realmente les gustaba lo que veían y si veían más allá de lo que a simplemente vista se puede ver.  Estaba pendiente de cualquier comentario para calmar mi curiosidad.
Al día siguiente salimos otra vez para terminar los sitios que se nos quedaron pendientes el día de antes.  Pasamos por la Iglesia Memorial Kaiser Wilhem o también conocida como La Iglesia del Recuerdo.  Una pena que la Iglesia destruida después de la segunda guerra mundial está en reformas o alguna obra y está totalmente cubierta y no se podía ver desde fuera, pero sí que pudimos entrar al museo.  También fuimos al Check Point Charlie, que es un museo que yo tenía muchas ganas de ver otra vez.  Está frente al antiguo puesto de control de la frontera americana y rusa.  Es un lugar donde, según yo recordaba en mi visita de 1993, podías ver, se podía sentir la desesperación de los ex DDR cuando intentaban cruzar el muro en búsqueda de su libertad.  Ahora, el museo ha crecido mucho.  Veo menos cosas que antes, pero mucha, mucha letra que leer.  Y claro, con tantísimas letras se necesitan unos 3 días para poder ver todo.  Han incluido mucho más cosas y temas que se cruzan, pero bueno.  Después nos fuimos al Germandermarkt, con la Catedral Francesa a un lado y todo lo demás, pero que ahora mismo no recuerdo los nombres.  Pero el lugar era muy lindo, perfecto para sentarse y mirar, admirar y seguir viendo la gente pasar.  Se lo recomiendo a todos los que planeen visitar esta linda ciudad.
En fin, tanto que ver, tanto que se nos ha quedado pendiente.  No pudimos entrar al congreso porque ahora para poder entrar hay que pedir cita unos tres días de anticipación, según nos dijeron para enviar los datos de los posibles visitantes a la Interpol y así tomar las medidas de seguridad necesarias.  Además también queda pendiente para una próxima vez, pasear por la ciudad, pero tranquilos, sólo para disfrutar de la propia ciudad, de su gente.  Sentarse en una terraza y ver a la gente pasar.  Eso me encanta.
Llegó la última noche en Berlín, por esta vez.  Vino Jens a buscarnos para ir al aeropuerto y empezar el viaje de regreso.  Que al igual que el de ida, fue muy emocionante.  Según nuestros planes, teníamos 2 horas desde que aterrizara el avión en Barcelona hasta que saliera el bus de la estación.  Teniendo en cuanta lo que nos había costado llegar, no tendríamos problemas.
Ya en el aeropuerto, haciendo la fila para chequear, tardaba mucho, pero por fin abrieron el counter de atención.  ¡Bien!  Nos tocó la primera fila, que bien.  Pasamos los controles de seguridad y llegamos a nuestra sala de embarque.  Según la hora que nos dijeron empezaría el embarque, seguramente sería todo muy rápido.  Pero de pronto todos sentados, esperando y viendo el reloj, hasta que “la voz” dice que nuestro vuelo tiene una hora de retraso.  No lo podía creer.  Ahora sí que teníamos los minutos contados, no podíamos perder ni un minuto, si no perderíamos el bus.  ¡Qué stress!  Luego pensé que pase lo que pase no podíamos hacer nada.  Disfrutaría los últimos minutos en Berlín y una vez que lleguemos a Barcelona correríamos para no perder el bus a Zaragoza.
Por suerte el vuelo sólo tuvo la hora de retraso que anunciaron.  Llegamos a Barcelona y mientras sacamos las maletas y salimos eran pasadas las 6.30 de la tarde.  Según recordábamos, teníamos que ir a la estación de Sants, donde habíamos llegado porque el bus sale a las 19.10 horas.  Tomamos el bus lanzadera, pero para estar seguros y no nos pase como en la ida que nos subimos al cercanías equivocado, pregunté si iba a la estación.  La conductora me dice “sí”, perfecto pensé, esta primera conexión ha sido perfecta.  De pronto nos cruzamos con un tren y el bus paró en el otro terminal del aeropuerto.  Me acerqué a la conductora y pregunto: “Este es el otro terminal, pero luego iremos a la estación, no?”.  La mujer me miró y dice “Pues no, si ves por ahí, está el cartel que dice RENFE.  Ahora se tienen que bajar acá y caminar hasta la estación.  Sólo cuando llegan es que los vamos a buscar a la misma estación.  Además, si te diste cuenta, el cercanías ya se fue y el próximo sale en media hora y en ese tiempo sí llegas.”  Me quedé helada.  Miré mi reloj y eran las 6.45 de la tarde y si esperábamos al siguiente tren de cercanías ya no llegaríamos al bus.  En ese mismo momento tomamos la decisión de ir en taxi.  Preguntamos al taxista si llegaríamos a Sants a tiempo y por suerte se le vio identificado y nos dijo que lo intentaríamos.  El taxista nos empezó a conversar, comentar del tráfico, del nombre de las calles de Barcelona, de dónde éramos y más.  De pronto sentí un nudo en el estómago y miré rápidamente los boletos del bus.  ¡Oh no! No decía “Barcelona Sants”.  En el boleto decía “Barcelona Nord”.  ¡No lo podía creer!  Teníamos que ir a la otra estación de Barcelona.  Le pregunté rápidamente si podríamos llegar y nos dijo que quedaba un poco más lejos pero que lo intentaríamos, pero también me di cuenta que nuestro bus no salía a las 19.10 horas, si no a las 19.30 horas.  ¡Gracias Dios!  Teníamos 20 minutos más llegar.  Al final llegamos a la estación Nord pasadas las 19.25, bajé corriendo con Aitana en la mano, a la pobre se le gastaron la punta de los zapatos de hacerla correr, casi arrastrar por la calle para llegar la bus.  ¡Qué ganas de ir al baño!  Uy! Dos buses de la misma compañía ¿Cuál será el nuestro?  Empecemos por el que está más cerca.  Llegué corriendo mientras Jorge venía detrás con Alberto tirando de las maletas, le pregunto al conductor, casi sin poder respirar, si es el bus que va a Zaragoza y me dice que sí!  No lo podía creer, habíamos llegado.  Sin aliento, empecé otra vez a respirar en paz, pensando que lo habíamos logrado.  Subimos al bus, nos sentamos y listo.  Dos minutos más y la puerta se cerró y el bus partió.  Ya sentados en el bus reflexioné sobre esta aventura y dije, si el avión no se hubiera retrasado, hubiéramos tomado el cercanías a tiempo y nos hubiéramos ido a Sants a esperar el bus, que nunca hubiera llegado y ahí sí que hubiéramos perdido el bus de regreso a casa.
Luego de todo el día de viaje, no habíamos tenido tiempo de ir al baño, comer algo, etc.  Pero no importa, como a la ida, a la mitad del camino el bus para en una estación de servicio y ya comeremos algo porque llegaremos a casa pasadas las 11 de la noche.
El tiempo y los kilómetros iban pasando y también iba pensando que cada vez más pronto llegaría la parada.  Pero veo pasar la estación de servicio en la que paramos a la ida y kilómetros más.  Este bus no para.  Todo el viaje sin paradas.  Bueno, ya miremos el lado bueno, aunque con hambre y muchas ganas de ir al baño, llegaremos a casa según lo planeado.
Así fue, llegamos a Zaragoza, mi papi nos recogió y vinimos a casa.  Después de tan pocos días fuera de casa y de haberlo pasado tan bien, ya estábamos otra vez en casa, en nuestro hogar y a preparar todo para el martes ir a trabajar, colegio y recuperar la rutina otra vez.
Agradezco a Darlene y familia por recibirnos en su casa y hacernos pasar unos lindos días.  Además de la buena conversación y buen rato.  De haber tenido la posibilidad de recargarme de energías.  También a Peti, que desde Hamburg fue en tren sólo para vernos unos horas.  ¡Ha sido lindo verlas otra vez!  Espero que se repita muy pronto.
Y no puedo dejar de nombrar y agradecer a mis ángeles cuidadores, que tanto en la ida como en el camino de  regreso me han recordado que nos estamos solos, que cada paso que damos, está supervisado para que todo salga bien.  Ahora más que nunca dejaré mis preocupaciones en el futuro en mano de mis ángeles que estoy segura me guiarán de la mejor manera en las decisiones que sean necesarias para un futuro mejor.