domingo, 25 de mayo de 2025

Vidas en la vida


¿Cuántas vidas puedes vivir a lo largo de tu vida?

Te cuento cómo lo veo yo. 

Tenemos una única vida, eso no lo vamos a discutir, pero yo creo que cada cambio importante, cada etapa relevante es una nueva vida, dentro de nuestra gran vida, sobre todo si tienes que “volver a empezar”, “empezar de cero” o “volver a empezar a pesar de…”.  ¿Alguna vez has pensado en la profundidad y peso de estas frases? Mucho, mucho, muchísimo. Ya te lo digo yo, pesan mucho.

Bueno siguiendo con la idea, volver a empezar manteniendo las experiencias, aprendizajes y responsabilidades de las vidas pasadas, es como reiniciar tu vida, porque es un camino que probablemente no lo tenías previsto o pensado y tienes que descubrirlo sin saber muy bien cómo.

Estoy segura que sería más fácil decir “hasta aquí he llegado”, coger tus cosas y como dicen aquí “aquí os quedáis”.  Dejas todo decidido a empezar tu nueva vida, desde cero, haciendo un borrón y cuenta nueva, sin mayores responsabilidades, deudas ni compromisos. Debería ser posible empezar todas las veces que sean necesarias, pero sin cargas, con el equipaje ligero.  Llegas a ese punto de tu vida y decides conscientemente poner un punto y final a una etapa, empacar tus bragas / calzoncillos, salir por la puerta y hacer hacer un borrón y cuenta nueva y el resto “qué se apañe”.  Eso facilita todo, no? Pero, ¿es posible hacerlo así de fácil?


Hace unas semanas comentaba con mi psicóloga y me vas a permitir hacer una pausa y una reivindicación, recalcando la importancia de la salud mental, tanto como la salud física. Si gastas tiempo y dinero para ir al médico cuando te duele algo, al verte una mancha en la piel o un bulto donde sea o cualquier otro síntoma (físico), también tienes que prestar atención a tu salud psíquica y mental, a los cambios y cómo te afectan. Es tan importante el bienestar de tu cuerpo como el de tu mente. 

Llevo varios meses yendo a terapia porque necesito que me ayuden a entender mi vida, las cosas que me pasan y aprender a gestionarlas.  Además, no sólo se trata de entender, sino de ver qué cambios tengo que hacer en mí para evitar repetir patrones del pasado.

Muchas de las personas que vamos a terapia hemos tomado la decisión de tratar y curar el pasado para tener un futuro mejor.

Ahora, después de mi reivindicación por la salud mental, sigo con la idea que estaba. Le decía a la psicóloga, que cuál es o dónde está el límite entre el punto de tomar la decisión de dejarlo todo y llamarlo “amor propio”, “necesidad de cambio”, “hartazgo”, “derecho a una vida mejor” o lo que sea que se escucha por allí y, por otro lado, egoísmo, falta de compromiso, responsabilidad o abandono.

¿Dónde está esa línea que define una cosa de la otra?

Comentamos y profundizamos mucho en el tema, en los pros, contras desde un lado y desde el otro y al final me dijo que todos tenemos derecho y podemos hacerlo, dejar todo y volver a empezar cuando nos apetezca o sintamos la necesidad, ¡faltaba más, por favor! Sólo tenemos una vida y tenemos que aprovecharla. Pero entre pensarlo y hacerlo, lo que marca la diferencia es cómo lo hacemos.  Y lo que nos define, finalmente, son los valores, compromiso y sentimiento de responsabilidad de cada persona.

Volviendo a nuestro tema original, ¿cuántas veces a lo largo de la vida realmente puedes hacer borrón y cuenta nueva?  ¿Cuántas veces lo piensas? ¿Cuántas veces decides hacerlo? Y, ¿cuántas veces te toca y no te queda más que hacerlo?

Con todas estas preguntas dando vueltas en mi cabeza, pensé cómo aplicarlas en mi misma.  Todas las situaciones que resultaron ser cambios radicales, unas fueron decisiones conscientes de “volver a empezar” y otras simplemente llegaron a mi vida, me la pusieron de cabeza, algunas veces me tocó llorar y otras reir y, en todos los casos, a continuación,  seguir adelante.

Voy a enumerar esos puntos de quiebre que me parecen los más relevantes a lo largo de mis 50 años de vida:

  • Vida 1: 1975 → Nacimiento

  • Vida 2: 1998 → Matrimonio 1

  • Vida 2: 2000 → Viudez

    • Vida 2.1: 2000 → Maternidad 1

  • Vida 3: 2005 → Matrimonio 2

    • Vida 3.1: 2005 → Mudanza a España

    • Vida 3.2: 2009 → Maternidad 2

  • Vida 4: 2022 → Divorcio

  • Vida 5: 2025 → Mis 50 años


Entonces, al parecer llevo unas 5 vidas en estos 50 años, de las cuales, mis matrimonios, mis embarazos y el viaje a España han sido decisiones conscientes.  Con otro matiz, mi viudez, mi mudanza a España y el divorcio considero que fueron puntos finales, puntos de quiebre, de readaptación y resiliencia, pero el nacimiento de mis hijos, por ejemplo, los considero puntos seguidos, son cambios importantes, pero, a pesar de los cambios que implica, estaba preparada o eso pensaba.

Los que me conocen, saben que siempre digo que el cumpleaños es el año nuevo personal de cada uno. Una oportunidad para revisar los propósitos del año, establecer nuevas metas y objetivos personales. Asi que, como hace un par de semanas he cumplido 50 años, estoy aprovechando la oportunidad para tomar la  decisión consciente de volver a empezar.  Me tomo ese derecho de vida, no como un borrón y cuenta nueva, porque así tampoco lo puedo hacer, pero sí como una nueva etapa en mi vida, con nuevas metas personales y profesionales, nuevos límites y sobre todo valorando la energía de las personas que me rodean, con la que me relaciono en todas las formas y con las que mantengo un contacto real y verdadero. 


Ahora pienso, ¿cuántas vidas más me quedarán por vivir?

Sean las que sean espero que sean algo más tranquilas. Pediría que sean más fáciles, aunque no estoy segura si es la palabra exacta para lo que quiero transmitir.  Estas primeras vidas me han resultado algo intensas, drásticas, ahora podría venir una etapa más relajada, con sus subidas y bajadas que si no me aburro, pero ya me entiendes, sin tanto golpe inesperado.


Y, tú, ¿cuántas vidas consideras que has tenido a lo largo de tu vida?


¡Gracias por seguir leyéndome!

Y a todos los que me han escrito preguntando por una siguiente publicación ¡Muchas gracias! No se pueden imaginar la motivación y empuje que siento en sus palabras.

lunes, 13 de enero de 2025

Una despedida a la distancia

Desde lejos, las cosa se sienten de una manera muy diferente. 

Cuando tomas la decisión de dejar tu país y buscarte la vida en otro lugar, tienes que asumir que desde el momento que te subes al avión, o lo que sea, justo desde ese momento te perderás muchas cosas y muchas otras no las volverás a vivir como antes: bodas, nacimientos, celebraciones, muertes y festividades como la Navidad, entre otras.

Hoy me centro más en la muerte.




Estos últimos años he tenido que despedirme de varias personas importantes para mí. Lo que ha sido diferente es la distancia.

Esta es una de las publicaciones que tenía en el tintero desde finales del 2023, esperando darle una vuelta y que vea la luz. Y finalmente ha llegado su momento.

Una amiga muy especial murió en noviembre del 2023. Todo fue rápido, muy rápido, demasiado rápido. Me hubiera gustado tener más tiempo, ser más consciente de lo que estaba pasando y de lo que pasaría. Todos deseamos tener un rato más con esas personas que se nos han adelantado. 

Si alguien muere y estás allí, durante unos días tu vida se detiene, cambia de ritmo, te mueve desde los cimientos y te recuerda, otra vez, que sólo estamos de paso. Vas al velatorio o tanatorio, ves a la familia, otros amigos en común, lloran y recuerdan juntos a esa persona que ya no está.

Pero, ¿qué pasa si estás lejos? Esos días se convierten en momentos intermitentes que avanzan y se detienen, te paras, respiras y piensas. Piensas y recuerdas que estamos de paso, recuerdas a esa persona y que no le podrás dar un último abrazo, aunque unos días antes hablaste con ella y le dijiste muchas cosas. Ahora ya no está más entre nosotros, como otras personas que se nos adelantaron.

Todos buscamos la manera de sentir menos dolor ante estas situaciones. Soy consciente que en estos momentos me vuelvo más racional de lo habitual. Intento ver el lado bueno, que si lo piensas, siempre lo hay. Se acaba el dolor físico para esa persona y su familia y tantas otras cosas más.

Eso en los momentos racionales, pero,  y el resto de esos momentos intermitentes que interrumpen tu rutina diaria y estás a solas o en silencio?

Recuerdo su vida, su esfuerzo, su dolor, sus alegrias, sus logros, sus metas y todo eso que ya pasó. Pienso lo que es justo o injusto y desde mi punto de vista, todo debió ser diferente y se resume en un ¡NO ES JUSTO! A veces, la vida es un caca.

Ella siempre fue una gran luchadura porque la vida no le dio otra opción y después de varios meses luchando contra el cáncer, su cuerpo, finalmente descansó. Nunca se dejó vencer, luchó cada día, día a día, sin perder la esperanza y la sonrisa. Cuando le dijeron que ya no había más que hacer, tampoco se rindió, yo creo que ella no sabía como hacerlo. Se resignó y aceptó que su hora estaba cerca. Preparó y arregló todo. Al hablar con ella te dabas cuenta que ya había aceptado su destino, una vez más, que le tocaba ser (aún más) fuerte.

Prepararse emocionalmente para algo así, si lo piensas bien, tiene que ser muy fuerte preparar a tus hijos, amigos y a ti misma para algo tan definitivo.

A la distancia percibía que se estaba preparando. Recordaba a otra amiga que una vez me dijo que cuando sabes que tu hora está cerca, hay que prepararse. No se trata de perder la esperanza, se trata de aceptar una realidad y aprovechar la oportunidad de hacer y decir lo que es realmente importante, de aprender a despedirse.

Ella aprovechó esa oportunidad y, tengo la sensación que las cosas fueron como ella quería, como lo expresó y organizó.

Aquí comparto una canción que “robé” del perfil de una amiga 2 o 3 semanas antes. La escuché y presté atención a la letra, aunque también tiene un ritmo pegajoso. Te pido escuchar la letra con atención. Quizá conoces ya esta canción, quizá no. Quizá te llamará a la atención hablar del día de la muerte con un ritmo tan alegre. No está mal pensar en eso.

Luego me enteré que durante el velorio de mi amiga pusieron esa canción “porque era la canción de su mamá”.

Dale al volumen, escucha la letra, sigue el ritmo.


Me faltó ese último abrazo en persona, aunque nos lo dimos en las últimas llamadas, videollamadas, audios y mensajes. Esto calma un poco el dolor, pero no es suficiente.

Querida M.K. te recordaré siempre como esa mujer guerrera y luchadora hasta el último dia. Una gran amiga, con un gran corazón. Nunca olvidaré los Zigarrettenpause para hablar un poco y cortar la rutina del día a día en la oficina.

Gracias por tu amistad y ejemplo, siempre estarás en mi mente y en mi corazón.  Miles de besos al cielo!

¡Mientras vivas en los recuerdos de los que te queremos no mueres!

martes, 31 de diciembre de 2024

De vuelta

… y espero que sea por mucho tiempo.

Durante mucho tiempo he estado lejos del teclado, de mis notas y bloqueando mis pensamientos e ideas. En mi cabeza había demasiado ruido y no lograba descifrar qué me decían. Y no es que ahora se hayan callado, pero, por fin, puedo entender mejor lo que dicen y, sobre todo todo, ya no hablan todas a la vez y a gritos, ya hay armonía.

Cuando estás así y tienes tantas cosas en la cabeza, cuesta priorizar lo que hay que hacer en cada momento, cada día. Bueno, como a todos, se nos van presentando nuevos retos, algunos nos hacen apretar los dientes, tomar aire, secarte alguna lágrima, aceptar y actuar y el tiempo te va demostrando que algunas veces es lo mejor que te puede pasar.

Y, aunque decía que el ruido se ha organizado mejor, ya tiene un idioma que reconozco, un ritmo que a veces me permite bailar y disfrutar, aun me cuesta coger el boli otra vez y empezar a escribir, organizar las ideas con un orden lógico, que transmitan un poco de mi, de mi vida y mis experiencias.
La lluvia de ideas, a ratos, se hace tormenta, con rayos y truenos y es como intentar salir sin paraguas, no sabes cómo, pero hay que hacerlo. 

Durante esta (larga) temporada alejada han pasado muchas cosas en mi vida, personal, familiar y profesional. Y enfrentando y asumiendo lo que toca con la mejor actitud, como siempre y para todo.

Algunos cambios son más fáciles de “implementar” que otros, unos cuestan algo más, hasta algunas lágrimas, pero lo bueno es el punto en el que ya estamos, cuando todo empieza a tener sentido, el agua vuelve a su cauce y vuelve la paz a la mente y al corazón.

Como toda etapa de cambio descubres a personas y otras se descubren. 
Se cae ese filtro “embellecedor” con el que veías a algunas personas y ves con claridad lo que hay en verdad, la cara sin filtro, sin máscara, sin maquillaje. 
¿No te ha pasado alguna vez que ves la foto de alguien y cuando la ves en persona no te queda claro si es la misma persona hace 20 años o su hermano/a pequeño/a o la vecina de enfrente? Pues algo así, se cayeron las máscaras y todos estamos sin maquillaje, tal cual.

Lo que sí hay que resaltar es que descubres a más personas increíbles, que sí valen la pena. Además, regresan personas de tu pasado, de alguna vida anterior, que te hacen retroceder emocionalmente a otras etapas más "fáciles" y valoras esas amistades verdaderas a pesar de los años.
Y, por otro lado, confirmas tristemente algunas de tus sospechas y aceptas que con algunas personas, “más lejos, mejor”.

Por ir resumiendo, así han sido mis últimos años en silencio, pero aquí estoy de vuelta, renovada y recargada, como una ExWoman (de los X-Men).

Mis propósitos para el 2025 aún los estoy escribiendo. Tengo varias ideas y propuestas, pero no quiero rellenar una lista a lo loco, quiero una lista que sea real y verdadera y que sea posible cumplir. ¿De qué me sirve una lista de imposibles, que sólo me causarán frustración y decepción al final del año?

Aquí estoy, de vuelta. Espero que quieras seguir acompañándome en esta aventura, como mi vida misma.

¡¡¡Feliz 2025!!!

Que no te falte salud, trabajo, mucho amor verdadero y lo que necesitas para ser un poco más feliz cada día.

... hasta la próxima.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Me perdí

Pero ya me encontré

 
¿Cómo explico este sentimiento?

Sé que desde hace mucho tiempo no publico nada y, aunque lo intentaba y tenía algunos apuntes en mi libreta, no lograba callar las voces que gritaban alteradas en mi cabeza y que no me permitían escuchar con claridad lo que me querían decir.  Estaba confundida, buscando ocupar mi tiempo para no escuchar lo que mis pensamientos querían gritarme.  ¡Reacciona!  Las emociones me afectan mucho cuando se trata de poder escribir (o no).  Este es el motivo por el que algunas veces me pierdo, pero esta vez, después de trabajar duro en mis capas más profundas, por fin me encontré.  ¡No fue fácil!  

¡Sí se puede!
Lo primero que tuve que hacer fue aceptar que estaba en uno de esos momentos donde tienes que repasar y revisar muchos aspectos mi vida y desde ahí empezar a trabajar aspecto por aspecto, punto por punto.  Por suerte, este trabajo interior no lo tuve que hacer sola, siempre se presenta alguien en tu vida en el momento exacto y es la personas o personas que me han ayudado con este trabajo interior con una frase de apoyo, diciendo las palabras adecuadas y, sobre todo, hablando desde un punto de vista objetivo y positivo.  Al principio me costó ver claramente lo que tengo delante mí, cuáles eran mis sueños, mis metas, qué tan lejos o cerca estoy de hacerlas realidad y si realmente estoy en ese camino o si he tomado algún desvío temporal o definitivo.

Entendí que me había perdido entre mis pensamientos, mis deseos, mis sueños y mis metas.  Me perdí intentando encajar donde no siempre encajaba.  Me perdí siendo alguien que no era.  Me perdí ahogada por la vida diaria, las responsabilidades, intentando cubrir (muchas veces de manera infructuosa) las necesidades de otros, anteponiendo su felicidad a la mía, me perdí cuidando a otros, me perdí dejando de sentir, me postergué hasta la última posición, dejando siempre un sitio libre delante de mí por si surgía algo más urgente.

Entendí cosas que de mí misma que ya no recordaba.  Duele crecer, duele entender, pero después de esa etapa oscura, viene la luz, la claridad.  Entendí que tengo que encontrar mi lugar, mi entorno, uno que me genere paz interior y que me motive.  Entendí que la mi vida es hoy, no ayer, ni mañana.  Me di cuenta que sufro de eso, de vivir pensando en el mañana sin darme cuenta de lo que tengo hoy.  Aunque que tengo alguna conversación y abrazo pendiente, el pasado lo tengo bastante superado.  Mi problema real siempre ha sido el mañana, adelantarme a lo que podría pasar, como si tuviera una bola de cristal que me muestre claramente cómo será el día de mañana.  Me di cuenta que hasta ese momento mi cuerpo y mi YO interior eran dos seres independientes, que no se relacionaban, se habían peleado.  Mi cuerpo daba señales de que seguía ahí a través del dolor.  Mi mente me recordaba que seguía ahí planeando el mañana, siempre mañana sin creer realmente que pueda llegar “ese” día.  Entendí finalmente que YO tengo que vivir mi vida y no permitir más que los días pasen sin darme cuenta, sin vivir, sin respirar, sin sentir.

Mi frase es “Aquí y Ahora”.  Disfruto de las pequeñas cosas de la vida, que son las que realmente me hacen sentir feliz y realizada cada día.  Recordé que yo ocupo un lugar importante en mi vida.  Recordé mis sueños, proyectos, mis metas a corto y largo plazo.  Recordé que si yo estoy bien, puedo preocuparme por otros.  Recordé lo que es SENTIR.


Este post ha sido como un tapón, sentía la necesidad de contarles por qué me perdí y después de este artículo estoy segura que empezarán otra vez a fluir otros.  Es una etapa de luz.

Y volvemos a esos lugares donde todo está en paz



jueves, 2 de febrero de 2017

En busca de la felicidad

Películas recomendadas

Estación de trenes de Cartagena - Una de mis fotos del verano
Desde hace una temporada vengo buscando ver nuevas películas y series, aprovechando el Netflix en casa.  He ido más allá de las películas románticas, cómicas de dibujos animados.  Además de las películas que a mí me gustan, están las películas a mi hija y aunque he ido toreando a varias princesas, a veces sucumbimos a alguna.

En fin, en esta búsqueda de ampliar mis horizontes peliculeros y siempre evitando las películas de terror, las de extra suspenso y los dramas muy profundos sobre todo si involucran a niños, he ido probando algunas con actores más conocidos y de otros no tanto, así como películas extranjeras, además de las estadounidenses.

Una que te puedo recomendar es de Eddie Murphy es “Thousend Words” (mil palabras).  Siempre con ese toque cómico, pero, aunque el tema es algo descabellado, es muy interesante y te muestra de una manera “gráfica” y sencilla para entender y valor la importancia de cada una de nuestras palabras.  Búscala, la tienes en Netflix.

Aquí te dejo el trailer para que te animes a verla: 



Bueno, aunque esta película está muy bien, no es la película de la que te quería hablar.  De las que les quiero hablar es de una producción británica, del director Peter Chelson, basada en la novela del mismo nombre del FranÇois Lelord.  La vi porque el título llamó a mi atención “Hector and the Search for Happiness” (Héctor y el secreto de la felicidad).  Se trata de un psiquiatra muy organizado que pasa por uno de esos momentos en la vida en los que uno se replantea muchas cosas y él decide ir en busca de la felicidad para poder ayudar a sus pacientes.  La película está muy bien, por ratos algo enredada, o igual era yo que pude haber perdido algún detalle.  Héctor, el protagonista, emprendió un viaje en busca de la felicidad y su significado haciendo una breve lista, según lo que iba viviendo en su aventura personal.  Compartiré contigo algunos de sus puntos.  Sé que al leerlos no desvelaré la trama de la película y menos el final.  ¡No haré spoiler!  Espero que la lista de Héctor te resulte interesante como para que la busques y la veas.  También la tienes en Netflix.

Aquí te dejo el trailer:


Lista de Héctor para la felicidad:
1º Hacer comparaciones puede estropear la felicidad
2º Mucha gente cree que la felicidad consiste en ser más rico o más importante
3º La felicidad podría ser la libertad de amar a más de una persona
4º La felicidad es lo que puedes pagar
5º a veces la felicidad está en no conocer toda la historia
6º ¿?
7º Esa persona, principalmente: a) te anima; b) te pone triste
8º La felicidad es seguir tu vocación
9º La felicidad es que te quieran tal y cómo eres
10º ¡El guiso de boniato!
11º ¿?
12º La felicidad es sentirse completamente VIVO
13º La felicidad es saber celebrar
14º Escuchar es amar
15º La nostalgia ya no es lo que era

Sé que faltan algunos puntos, pero ya ves que son interesantes.  Además, hay dos comentarios adicionales que también valen la pena comentar, aunque no estaban incluidos en su lista:
  •   El mal que hagas en esta vida te costará la felicidad en la siguiente
  •   La gente que tiene miedo a la muerte, teme a la vida.

Te animo a verlas, a tomar conciencia de lo que “cuesta” cada palabra y que puedas preparar tu propia lista de los que significa la felicidad para ti.

Playa de Puerto de Mazarrón - Una de mis fotos del verano

lunes, 24 de octubre de 2016

Un sueño muy real



Anoche fue una de esas noches en las que me fui a dormir más pronto de lo habitual, quise estar en la cama, la primera noche con el edredón de plumas y quería disfrutarlo viendo televisión desde la cama y calentita.

En fin, me puse algún programa en la televisión que ahora mismo ya no recuerdo bien cuál era.  ¿Será que me estoy haciendo mayor? O, simplemente puse cualquier cosa por pasar el rato o estaba cansada y media dormida y por eso no me acuerdo.

Me quedé dormida en algún momento, pero de pronto, y no sé por qué, me desperté sobre las 2 de la madrugada.  Hice un recorrido viendo dónde estaban todos porque Jorge, mi esposo, no estaba en la cama.  Él recién se estaba preparando para irse a dormir.  Apagué la televisión, que aún seguía encendida y media vuelta y a seguir durmiendo.  Como todos, al despertarme, no siempre recuerdo los sueños que tengo y creo que, siempre soñamos algo, sólo que, por lo que sea, algunas veces los recordamos más y otras veces no tanto o sólo “escenas” puntuales de nuestros sueños.

Ya por la mañana, cuando se despertó mi hija, se me acercó, aún soñolienta, y me dio un súper abrazo, de esos que sólo tus niños te pueden dar.  Casi se me puso la piel de gallina al cerrar los ojos y sentir su abrazo y recordar perfectamente mi sueño y la sensación que sentí durante el sueño.



Resulta que mi sueño iba de una fila, una larga fila para saludar a alguien en una Iglesia, lo que no tiene mucho sentido, porque no se trataba de algún acto religioso.  Era muy raro, no recuerdo lo anterior o cómo y por qué llegué ahí, sólo recuerdo que estábamos en una fila porque había alguien famoso o importante (que no siempre es lo mismo).  Conforme iba llegando a los primeros puestos de la fila, veía que había una mesa y tres hombres sentados ahí y las personas pasaban por delante saludando de la mano a cada uno, algunos sólo saludaban y seguían de largo, otros se detenían y cruzaban algunas frases con algunos de ellos, otros pedían un autógrafo y algunos el infaltable selfie. Cuando faltaban pocas personas para que me toque, el hombre que estaba en medio se levantó y fue hacia atrás, alguien tenía algo importante que decirle.  En mi sueño sentía que esa era la persona que a mí me interesaba y no quería pasar de largo sin saludarla.  Así que, cuando me tocó pasar, intenté buscar con la mirada a aquel hombre que estaba sentado en medio y, con sorpresa, lo conseguí.  Su respuesta fue la mejor que me pude esperar, me miró y sonrió.  Me hizo una señal de que espere y rápidamente vino hacia mí.  Era él, me dio un abrazo de esos que sólo él me podía dar.  De pronto sentí una paz infinita, todos mis pensamientos y preocupaciones desaparecieron.  Con su abrazo, él me fue alejando de la mesa y así abrazados empezamos a hacer una especie de baile juntos, unidos los corazones, me iba diciendo cosas al oído que me daban aún más paz.  Empecé a escuchar al resto de la gente, el ruido era cada vez más alto, la gente se quejaba porque estaba tardando mucho, que tenía que irme ya que todos quería hablar con él.  Dejé de seguirle el ritmo y le dije que las demás personas también querían estar con él y que sería correcto que ya terminemos.  Él me abrazo aún más fuerte y me dijo que era nuestro momento después de mucho tiempo y que los demás podían esperar o seguir.  Me sentí bien y reconfortada.  Me empezaron a venir a la mente tantos buenos recuerdos.  Cerré los ojos, respiré y recordé.  Me sentí más reconfortada y tranquila.  Esa sensación de que todo gira alrededor pero que tú vas a otra velocidad, en este caso, todo iba en cámara lenta.  Después de un rato, dejamos de bailar.  Nos separamos y nos empezamos a alejar.  No sentí pena.  Me sentía muy bien.


El abrazo de mi hija por la mañana me hizo recordar ese sueño y pensé: “¡Papapa, te extraño tanto!”


lunes, 26 de septiembre de 2016

Flipo en colores


… y a veces en technicolor y con surround




 “Flipo en colores” es una expresión muy española o por lo menos una frase que aprendí aquí.  Busco su equivalencia en “peruano” o en un español más internacional y dando muchas vueltas, me parece que es algo así como sorprenderse y ya imagínate si además de sorprenderte lo haces a todo color y con sonido envolvente.  ¡Debe ser la “repera”!  ¿No?


Por flipar, pues flipo mucho con varias cosas de la vida cotidiana.  Aunque hayan pasado más de diez años que vivo aquí, hay cosas a las que todavía no me acostumbro, a pesar que intento integrarme, y a otras cosas que me sorprenden enormemente.  Quizá tiene que ver con nuestras propias costumbres en un país que nos ha acogido y otras, simplemente, en la forma de ser de las personas.





Resulta que hace unos meses me anoté a un taller sobre lo que sea (es que no viene al caso y exactamente no me acuerdo de qué era).  Este taller estaba dirigido a personas en búsqueda activa de empleo.  Al llegar, rápidamente observé la disposición del aula, que era en forma de U, así que me senté en la base de la U para tener una vista directa a la ponente del taller.  Desempaqué mi kit de “tomar notas”, unas hojas y mi pluma, que nunca me falta.  Ya estaba bien sentada esperando a que empiece el taller.  A continuación, ya lista y ansiosa esperando a que empiece el primero de una lista interesante de talleres veía llegar al resto de mis compañeros e iban poniendo sobre la mesa sus móviles y quizá alguna botella de agua, ni lapicero o un boli, ni una libreta o un triste trocito de papel, ni nada.  Cuando la ponente entró y empezó a repartir una carpeta con la información de dicho taller y al terminar preguntó si a alguno de nosotros nos hacía falta un boli para tomar notas.  Me sorprendió verla con una caja entera.  Más de la mitad de los participantes levantó la mano pidiendo un lapicero.  Iba viendo toda la escena y pensaba en que si todas estas personas se habían apuntado al taller con un par de meses de anticipación, como no se prepararon la noche anterior o al salir de casa.  ¿No pensaron que iban a necesitar un bolígrafo y, por consecuencia, un papel?  Pero, ¡no!



La ponente repartió uno a uno los bolígrafos.  Todos agradecidos de tan gran regalo, hasta que llega a un hombre que le pregunta mientras estira la mano: “Y, ¿no tienes mejor un boli negro?”  Desde el otro lado de la sala, casi doy un grito ¡¿Qué?!  ¡¿Vienes a un cursillo para ver si puedes encontrar trabajo, no te preparas para nada, dan el boli gratis y todavía con
exigencias?!  Flipé ante la pregunta y, por suerte, la respuesta lo fue un grito silencioso en mi cabeza que nunca vio la luz, pero flipé aún más y en technicolor y surround cuando la ponente se detiene y le ofrece buscarle uno que no sea azul, mientras buscaba en su caja y sobre su mesa.  Como no tenía, ya, para completar mi flipe, se disculpó.  El hombre dio un suspiro profundo y resignado aceptó el bolígrafo azul.
Me quedé mirando a aquel hombre y a la profesora, en cabeza no cabía esa situación, pero de pronto, la pregunta de otro participante a la ponente me distrajo de mis pensamientos: “Disculpa, cuando puedas, me das un boli con tapa, ¿vale?”  A este nivel, ya casi podría decir que estaba flipando en technicolor, surround y 3D.



Son estos momentos en los que echas de menos aquellas pastillas imaginarias llamadas “Ubicaína” y para estos casos extremos “Ubicaína Extra Forte”.



jueves, 5 de mayo de 2016

Amapolas

Los que me conocen, saben que no soy muy fanática, ya sea a personas o a cosas. En mi época adolescente, los grupos de moda me gustaban, como a todos, o todas. Pero no lloraba por ellos como si se me acabase la vida, tanto que casi no recuerdo a alguno. Lo que sí recuerdo es que algunas de mis amigas sufrían y padecían por ellos, pero yo no lo llegaba, tan siquiera, a entender esa sensación, ese sentimiento. No recuerdo haber tenido pósters en mi habitación (quizá alguno, o no), ni mis carpetas del colegio forradas con sus caras. Estaban ahí, los disfrutaba y punto. Es que, no era para tanto, ¿no? O, ¿sí?
El hecho es que si pude superarlo y pasar dignamente por mi adolescencia sin fanatismos extremos, aunque quizá alguna obsesión (mínima pero nada más), ¿está bien, no?

Pero con los años la cosa ha cambiado, he adquirido algunas (muchas) manías y he perfeccionado otras, y desde hace un par de años conocí una flor que ya había visto antes, pero que, en realidad, nunca me había detenido a mirar con atención. ¡Sí! Se trata de la amapola. Esta delicada flor roja, que puedes ver casi cualquier sitio, silvestre, ahí donde nadie cuida el jardín, allí está ella durante la primavera y verano.

Fue la primavera del 2014 cuando nos conocimos oficialmente, cuando le presté especial atención. Por donde iba, al lado de la carretera, en un camino, donde haya un poco de tierra y llueva de vez en cuando, entre otras flores silvestres, ahí estaban las amapolas, saludándome al pasar.

Esa primavera me acerqué mucho a la tierra, literalmente, fue la primavera y el verano que estuve colaborando en el huerto. ¿Lo recuerdas? Me la pasé muy bien, trabajé muy duro y aprendí mucho y sobre todo sentí una paz interior que hacía mucho tiempo no sentía. Recordé uno de mis posts, ese que hablaba de ir descalzo en el jardín, sentir el césped en los pies, las cosquillitas. En la vida cotidiana andamos siempre calzados, siempre protegidos, casi sin posibilidades de pisar un jardín y si lo conseguimos, ojalá tengamos la suerte que sea grass natural y no esas alfombras verdes de imitación. Al pisarlo, sentimos esa energía que transmite la tierra, la naturaleza cuando la sientes en tus pies, en tus manos.

Cuando veía algunas amapolas, las cortaba con la intención de traerlas a casa para poder disfrutar durante algunos días de su singular belleza. Pero era imposible. Eran tan delicadas que, una vez que las cortaba, rápidamente se empezaban a marchitar, aunque las pusiera en agua. No había forma de llegar a casa con, aunque sea, una única flor viva. Todas morían antes. Era frustrante. Pero no me iba a rendir, pero tampoco iba a cortar cada amapola que se me cruce en el camino.



Otra ocurrencia mía, intenté conseguir algunas semillas. A través de Facebook pregunté, pero nada, no hay semillas de amapolas. Así que, sin conocimiento, cogí algunas de las semillas de las flores que veía por ahí y las he soltado en mis macetas y no pierdo la esperanza que alguna vez, entre mis demás plantas, florezca una amapola.
Sólo una vez intenté trasplantar una, pero nunca conseguí sacar la planta entera. El tallo era tan fuerte y al parecer las raíces también y deben de haber estado muy arraigadas a la tierra. No pude sacarla.
Finalmente, alguien respondió a mi solicitud en el Facebook y me explicó que sería muy difícil que pueda conseguir alguna planta o semillas de amapolas. Y me dijo una frase que me hizo ver estas flores de una manera diferente: la amapola es una de esas flores cosas que uno las puede ver, admirar, disfrutar, pero nunca las puede tener.

Y me quedó esa frase como reflexión. Cuántas veces nos preocupamos por conseguir, por tener todo lo que queremos, por poseer nuestro tesoro, pero muchas veces ganamos más disfrutando que esté ahí, viéndolo sin poder poseerlo.




Pero como la fe el lo último que se pierde, espero que alguna vez florezca alguna amapola entre las plantas de mi balcón.


lunes, 19 de octubre de 2015

Julierías – volumen 8

Recuerdo de verano: Estación de trenes de Cartagena
Después de varios meses sigo anotando ideas y reflexiones que surgen en el día a día, de esas que se te pasan por la cabeza.  Esta una forma de expresión que estoy aprendiendo  y me ha gustado mucho.  La quiero compartir.  Estas frases son mi pequeño y humilde homenaje a Las Greguerías de Ramón Gómez de la Serna, que me han inspirado.
¡A disfrutar y masticar la idea!

Recuerdo de verano
  • ·         Cuando el dinero te quita más de lo que te da.
  • ·         Eres más desagradable que una cucharada de vinagre en ayunas.
  • ·         Cuando te das cuenta del valor real de la pregunta “¿Y tú, cómo estás?”, ¿qué respondes?
  • ·         Discúlpame por tanta ausencia, pero no estoy para presencias.
  • ·         El movimiento se demuestra andando (del chef Ramsey).
  • ·         Del desamor: te deseo un insomnio lleno de recuerdos míos (de algún panel de la ruleta de la suerte).
  • ·         El dinero no cambia a las personas, te ayuda a ver lo que son en realidad.
  • ·         ¿Tenemos el privilegio de hablar con total libertad sin temor a ser juzgados y condenados?
  • ·         Dime si entiendes mi mirada o necesitas que te ponga subtítulos.
  • ·         Mantener la dignidad hasta en los peores momentos.
  • ·         Reflexión de verano 1: chupar el palito (del helado) hasta sentir el sabor a madera.
  • ·         Reflexión de verano 2: esa agradable sensación de sentir la arena tibia en los pies.
  • ·         Reflexión de verano 3: la euforia del primer día es directamente proporcional a la tristeza del último día de vacaciones.


Recuerdo del verano

viernes, 25 de septiembre de 2015

Coche en silencio

Una nueva experiencia.  Hace unos días tuve la oportunidad de viajar a Madrid desde Zaragoza y en el AVE, el tren de alta velocidad.  El viaje duró poco más de una hora.  El tren va a unos 300 km/hora.  ¡Rápido, rapidito!

Por insistencia del funcionario que me vendió el boleto, viajé en el coche en silencio, que significa que tienes que desconectar el móvil y evitar hacer cualquier tipo de ruido que pudiera incomodar al resto de pasajeros.  Mi tren salió a las siete de la mañana y había mucha gente  que, aparentemente, viajaba por negocios y para regresar el mismo día, llevaban poco equipaje y con ropa de trabajo, elegantes, en traje.

Una de mis fotos
Cada persona que iba subiendo al coche hacía lo mismo, se sentaba, sacaba la tablet o portátil y a trabajar.  Imagino que iban adelantando algo de trabajo para sus reuniones o iban enviando correos electrónicos a sus trabajadores para recordar el trabajo que tenían que hacer.  También veía a algunos que aprovechaban para ir leyendo correos electrónicos, supongo esos que vas dejando para “cuando tenga tiempo”, pero con la agitada vida que tienen, nunca llega ese momento.
Todos iban haciendo lo mismo, en silencio, encontrar su sitio, trabajar, guardar silencio y poco más.  Yo pensé que iba a ver mucha gente durmiendo, aunque el viaje es corto, podría ser suficiente para recuperar un poco el sueño perdido por coger tan pronto el tren, pero no.  ¡Todos a trabajar… y en silencio!

Una de mis fotos
Eso era para el resto de pasajeros, menos para la mujer que tenía en el asiento de delante.  Como el resto, llegó se sentó, sacó su tablet sin perder ni un minuto de tiempo, desde atrás, por la rendija entre los dos asientos, la veía ir revisando y moviendo los dedos muy rápido.  Hasta ahí, todo bien.  Pero, de pronto, sacó el móvil y empezó a hablar y hablar y hablar.  Cada vez iba subiendo más el volumen de su voz.  Se notaba que era una llamada de trabajo.  Además, debe ser su manía, pero mientras hablaba iba dando golpecitos con esos lapicitos especiales para la tablet, como los que tenemos la manía de mover el ratón (o mouse) mientras hablamos.  Ya cuando me cansé de mirar alrededor, intentar pensar en otra cosa o ya puestos, ¿por qué no dormir?, sólo escuchaba su voz y su conversación.  Así que fue necesario haberle un ligero y tímido ssshhh, se dio cuenta y entendió el mensaje.  A su interlocutora le dijo que saldría del coche de silencio  y 15 minutos después regreso en silencio.

Y yo, al ver tanto ejecutivo y dispositivo tecnológico, pensé sacar mi portátil, que la llevaba y ponerme a escribir algo para aprovechar el viaje.  Luego pensé que, aunque disponga de la tecnología, soy un poco más chapada a la antigua, así que saqué mi libreta y pluma y me puse a escribir esta historia.

Una de mis fotos
Ya tenía mis audífonos para ver la película que ofrecen en el tren.  ¿La llegaría a ver?  Pero llegados a este punto, recordé que aunque estoy aquí, sentada, con una súper sonrisa y  con mucha ilusión, haciendo algo de lo que más me gusta, sólo había dormido cuatro horas y media y me moría de sueño.  Como todavía quedaba casi una hora de viaje, intentaría dormir un poco.  ¡A ver...!


Sea como sea, viaja, sal, corre, vuela, de la manera que puedas, cada pequeña escapada rompe tu rutina, recarga tus energías y te hace sentir mejor, además de ser una experiencia más para ti.